ENTREVISTA EXCLUSIVA

La UIA negocia con el Gobierno un RICI: “necesitamos un régimen impositivo para el sector que sufrió el mayor impacto”

En la antesala de la Conferencia Industrial, Martín Rappallini y Silvio Zurzolo analizaron el "doble impacto" que sufre el sector: la fuerte caída de la actividad económica y el desafío de la revolución tecnológica. Los dirigentes advirtieron que el talento argentino no alcanza sin un régimen fiscal que permita competir globalmente.

Martín Rappallini, presidente de la UIA Foto: NA

La industria argentina quedó atrapada entre la urgencia macroeconómica local y la revolución tecnológica global. Con caídas de actividad que rondan entre el 15% y el 30% en la mayoría de los rubros, las fábricas buscan sostener sus estructuras mientras intentan adaptarse a los cambios que impone la inteligencia artificial. Con ese telón de fondo, la Unión Industrial Argentina (UIA) prepara su Conferencia Industrial bajo el lema "Talento argentino, la fuerza que transforma", con el objetivo de mostrar el conocimiento de los trabajadores como el principal motor para sobrevivir y volver a crecer.

Sin embargo, en la cúpula fabril advierten que el capital humano no alcanza por sí solo si el Estado no garantiza condiciones para competir. Martín Rappallini, presidente de la UIA, y Silvio Zurzolo, titular de la Conferencia Industrial, remarcaron en diálogo exclusivo con PERFIL que el sector carga con una mochila impositiva muy superior a la de países vecinos como Brasil, México o Paraguay. Por eso impulsan la creación de un Régimen Industrial para Competencia Internacional (RICI) y aseguran que las históricas críticas al empresariado pasan por alto que las fábricas solo se adaptan a las distorsiones que fija la política.

Cada vez hay más maquinas apagadas en la industria mientras se asoma el fantasma de la recesión

—¿Cuál es el planteo que harán en la Conferencia Industrial, en medio del debate sobre las nuevas tecnologías, su impacto en el empleo y el perfil de industrias y trabajadores que se necesitan?

—Silvio Zurzolo: El lema de la conferencia este año es "Talento argentino: la fuerza que transforma". Estamos convencidos de que es así, de que la Argentina tiene una industria pujante con un montón de talento, desde las bases hasta el sector empresarial. Siempre tenemos empresarios con muy buenas ideas, investigadores que acompañan y trabajadores que demuestran su capacidad. La idea es mostrar todo ese talento de la industria nacional y entender lo que significa para un país tener industria. Hace muy poco tuvimos una pandemia en el mundo y es importante no olvidarnos de cuando estábamos todos con barbijos y necesitábamos respiradores para sobrevivir. Gracias a la ciencia y a la industria argentina salimos adelante; no necesitamos del mundo, necesitamos de nuestro talento. Y hoy lo necesitamos de nuevo.

—Martín Rappallini: Sumando a lo que dice Silvio, se trata también de reconocer que en esta etapa la inteligencia artificial, el conocimiento y el talento pasan a ser el capital social más importante de una sociedad. Podés tener recursos naturales, pero al contar con tejido empresario y trabajadores, tenés que ver cómo acompañás desde el Estado para que todo eso crezca y se desarrolle. En esta etapa del conocimiento, lo más importante va a ser justamente eso: el talento, el conocimiento y el empresariado.

—Históricamente, la Argentina solía tener la ventaja competitiva del trabajador que sabía adaptarse a las nuevas tecnologías. Hoy, ¿cómo está el trabajador argentino en esos términos? ¿Esa competencia es ahora mucho más difícil?

—Zurzolo: Durante muchísimos años el mundo buscó respuestas: la ciencia, la filosofía, la medicina y nosotros como ciudadanos buscábamos respuestas. Pero hoy lo que sobran son respuestas. Gracias a la inteligencia artificial (IA), que viene a revolucionar realmente el mundo, hoy lo que tenemos que saber es hacer las preguntas. Y en eso creo que el talento argentino está capacitado y listo para dar la batalla del cambio industrial. Lo importante no es solo tecnificar una industria, sino hacerse otras preguntas primero: qué necesito mejorar, qué puedo hacer para ser más competitivo, qué está pasando en el mundo y cómo adelantarme a la nueva forma de competir. Para saber hacer esas preguntas necesitamos tener el recurso preparado. Y la Argentina lo tiene, desde el trabajador hasta el empresario.

—Hoy tenemos ese recurso, pero recién Martín mencionaba que desde el Estado también debería haber un acompañamiento. ¿Qué tipo de señal esperan para captar y desarrollar ese talento en la industria, teniendo en cuenta que cuando se habla de sectores estratégicos se apunta más a la energía y la minería que a la producción o la economía del conocimiento?

—Rappallini: Estamos atravesados por dos transformaciones. Por un lado, la transición macroeconómica que vive la Argentina, en la que la industria se tiene que adaptar a un escenario de menor inflación y mayor integración al mundo, con muchas dificultades. Por el otro, lo que pasa a nivel global con la transformación digital y la inteligencia artificial. Entonces, las empresas sufren un doble impacto: tienen que adaptarse a la nueva macroeconomía local —algo que los países de la región y del mundo ya hicieron al integrarse, bajar costos y ganar competitividad—, y al mismo tiempo encarar este salto tecnológico.

—En términos de empleo y talento, ¿qué necesita la Argentina para no desenfocarse? ¿De dónde surge esa competitividad?

—Zurzolo: Siempre decimos que lo primero que necesitamos es nivelar la cancha. No alcanza con tener el talento si después las condiciones no están dadas para competir con el mundo. Es importantísimo poder competir con los mismos niveles de impuestos y las mismas condiciones logísticas; realmente jugar el mismo partido. Esa es la primera etapa. Y segundo, la Argentina necesita acuerdos que vayan más allá de los gobiernos de turno: políticas de Estado que nos permitan trabajar al menos a mediano plazo. De lo contrario, es muy difícil apostar a algo sin tener la certeza de lo que va a pasar y sabiendo que te pueden cambiar las reglas de juego cada cuatro años.

—El perfil laboral frente a la revolución tecnológica es muy dinámico. Se habla mucho de educación y formación, ¿hacia dónde apuntan en un mundo que se mueve tan rápido?

—Zurzolo: Trabajamos mucho y estamos convencidos de que hay que articular con la educación. El trabajador tiene que capacitarse, es el alma de la industria. Y creemos mucho en la educación situada, en la cual uno va aprendiendo dentro de la fábrica. No podemos seguir dependiendo del ejemplo de "Juancito", que cada vez que pasa por al lado de una máquina sabe que está funcionando mal solo porque tiene 30 años de experiencia. Necesitamos trasladar esa experiencia a un sistema para que el conocimiento quede dentro de la fábrica y no se pierda cuando Juancito se jubile. Ese trabajo conjunto entre la experiencia del trabajador y la tecnología es lo que tenemos que aprovechar para ser competitivos.

—¿Cómo convive esa necesidad con un momento de crisis de empleo y caída del trabajo registrado, donde si se pierde un trabajador calificado es muy difícil recuperarlo y reconvertirlo?

—Rappallini: Soy un convencido de que tiene que haber un proyecto productivo a mediano y largo plazo, con políticas de Estado en las que todos estemos de acuerdo en que ese es el camino a transitar, para no repetir las malas experiencias del pasado. Ese es el camino ideal; el resto son aspirinas que van a calmar un poquito el dolor, pero no van a dar una solución de fondo. Y para eso necesitamos entender que sin industria no hay nación.

—Esta conferencia llega en un contexto en el que la actividad económica está al borde de la recesión técnica y la industria atraviesa un panorama complejo. ¿Cómo conviven esa urgencia del presente y la agenda hacia el futuro?

—Rappallini: Vemos dos problemáticas muy fuertes. Por un lado, estamos muy preocupados por el nivel de actividad en casi el 80% de los sectores industriales, donde todavía registramos caídas de entre el 15%, el 20% y hasta el 25% o 30% respecto a 2022. Restablecer esos niveles depende básicamente de decisiones macro vinculadas a la restricción de pesos en la economía para controlar la inflación. Eso nos preocupa porque impacta fuertemente en muchas empresas y en la pérdida de empleo. Por otro lado, nos preocupa cómo se genera el doble impacto en la facturación: tenés la caída de actividad —es decir, en cantidades— y también una baja de los precios relativos porque la industria tiene que competir globalmente. Estamos vendiendo en promedio entre un 25% y un 30% menos en volumen, con precios entre un 25% y un 30% más bajos, pero cargando con el costo impositivo argentino. Nuestro costo ronda un 30% por encima del de México o Brasil, y es casi el doble que el de Paraguay. Sobre eso estamos trabajando: creemos que hay que hacer un pacto fiscal federal industrial para la competitividad, lo que llamamos el RICI (Régimen Industrial para Competencia Internacional), que ya estamos conversando con el Gobierno. El corazón de esto es igualar las condiciones con los países de la región con los que competimos, como Paraguay, Brasil y Uruguay.

—¿Qué les devuelve el Gobierno ante este planteo? ¿Qué expectativas tienen con estas propuestas?

—Rappallini: Justamente estamos conversando sobre un régimen impositivo para el sector que sufrió el mayor impacto en la economía, que es la industria, junto con la construcción. La caída de volúmenes pega directo en el empleo. Estamos en un ida y vuelta de borradores, analizándolo y dialogando. El Gobierno tiene el objetivo del equilibrio fiscal, pero creo que en esta transición hay que ponerle muchísima cabeza e imaginación al talento para lograr que este camino sea lo menos doloroso posible y tenga el menor impacto en el sector. No es una situación fácil para la industria.

—De acá a las elecciones, ¿cuál es el panorama para los rubros más golpeados y qué estrategia tienen para resistir?

—Rappallini: Insistir con propuestas. Propuestas para reactivar la economía, para controlar la competencia desleal y también para construir un puente que sirva para que la mayor cantidad de empresas puedan sobrellevar este momento tan difícil. Y ese puente hay que construirlo; no es fácil.

—Silvio, cuando se habla de talento, muchos miran el problema de la informalidad laboral que hay en la Argentina. ¿Esa discusión va a estar presente en el debate por la necesidad de igualar la cancha?

—Zurzolo: Sí, Martín recién habló un poco de esto. Claramente nos preocupa mucho la competencia desleal y es un trabajo que tenemos que dar para lograr equidad. Estamos convencidos de que de esto se sale con más y mejor industria, y es una tarea que tenemos que hacer todos juntos. Hay indicadores que demuestran la realidad de nuestro país y esperamos que todos los que tienen que tomar decisiones lo vean para trabajar en conjunto. No creo que exista ninguna tecnología, ley ni sistema político que sirva si no es en beneficio del bienestar de la sociedad.

—¿Por qué creen que los distintos gobiernos siempre eligieron al empresario como blanco de críticas para su construcción política, y en esta etapa mucho más a los industriales?

—Rappallini: Cuando se critica a la industria, lo que hay que entender es que el empresario no es el que define la política, sino que siempre se ha tenido que adaptar a las distintas políticas económicas. Quizás en el modelo anterior, que era inflacionario y con la economía cerrada, el empresario se adaptaba a las reglas de juego que fijaba el Estado. Y cuando tenés muchas distorsiones en una economía, eso siempre termina en los precios. Después nos enojamos porque los precios son altos, pero si tenés tasas de interés elevadas, altos impuestos, problemas laborales y trabas de todo tipo para producir, el empresario lo único que hace es trasladar esas dificultades. Lo que hay que hacer es resolver esos temas; por eso pedimos que bajen los impuestos, entendiendo que así también van a bajar los precios. Un estudio reciente de la UIA muestra que la Argentina tiene la mayor presión fiscal del mundo sobre el sector formal que paga impuestos. ¿Cómo vamos a tener precios bajos con los mayores impuestos, problemas laborales, de infraestructura y de tasas de interés? Si entendés que el motor de la economía tiene que ser el sector privado, tenés que generar las condiciones: crédito a menor tasa para crecer, un régimen laboral moderno para que la gente se capacite, un país sin inflación e impuestos bajos y poco distorsivos. Hoy tenemos récord de impuestos distorsivos en la región y en el mundo. No hay que enojarse con el empresario, hay que corregir los problemas para que se adapte a las nuevas reglas. En esta etapa, abrir la economía e integrarse al mundo está bien, pero tenés que darles posibilidades a los jugadores locales. Como dijo Silvio, tenemos talento, pero esto es como ir a jugar al fútbol: si a uno le ponés una mochila de piedra, por más talento que tenga —puede ser Messi—, no va a poder jugar. Nosotros pedimos eso: queremos crecer e integrarnos al mundo, pero en igualdad de condiciones. En ese debate estamos con el Gobierno.