En un abierto desafío al gobierno del ruso Vladimir Putin, el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián, confirmó que su gobierno contempla presentar formalmente la solicitud de adhesión de la exrepública soviética a la Unión Europea entre 2027 y 2028.

Esta decisión responde a una estrategia deliberada para consolidar las instituciones democráticas del país, diversificar sus alianzas internacionales y reducir la dependencia histórica respecto a la Federación de Rusia, explicó.

Pashinián calificó de “realista” el horizonte del año próximo para formalizar la candidatura ante Bruselas. Como paso intermedio, el gobierno avanza en las negociaciones de liberalización de visados con la Comisión Europea, proceso que prevé concluir en 2029. La iniciativa busca ofrecer una alternativa al electorado armenio frente a la percepción de que el país carecía de opciones fuera de la órbita de Moscú.

No hay que olvidar que Armenia nunca le perdonó a Rusia que no los haya defendido, como prometió, de la invasión de Azerbaiyán en 2023 que provocó una matanza y le permitó al país islámico quedarse con el territorio de Nagorno Karabaj.

Las aspiraciones europeas de la vecina Georgia han servido de estímulo e inspiración para la percepción pública sobre la viabilidad de la integración en la región del Sur del Cáucaso.

Respuestas de Moscú. El alineamiento con Bruselas implica un distanciamiento explícito de la Unión Económica Euroasiática (UEE) liderada por Rusia. Frente a esta postura, Moscú ha advertido con represalias económicas, principalmente el eventual corte de suministros energéticos.

Ante declaraciones de altos jefes rusos, como el expresidente Dmitry Medvedev, que sugieren que Armenia podría enfrentar un escenario similar al de Ucrania, Pashinián desestimó las comparaciones y reafirmó que el desarrollo de la independencia y la integración internacional son objetivos legítimos de su Estado.

El proceso iniciado por Ereván representa un giro tectónico en el tablero del Caucaso Sur. La viabilidad de este viraje dependerá de
la capacidad del gobierno armenio para gestionar la transición energética y económica sin desestabilizar la región, al tiempo que consolida los
consensos internos y mantiene el respaldo de la Unión Europea.