Hay textos que intentan diagramar el presente y otros que advierten que todavía no sabemos exactamente en qué presente vivimos. Vidas artificiales. Del accidente pandémico a las guerras de la IA, de Flavia Costa, se zambulle en esta segunda categoría. El ensayo reconstruye el pasaje entre la pandemia y la expansión acelerada de las inteligencias artificiales para pensar una transformación que excede ampliamente la tecnología: la modificación de nuestras formas de trabajar, comunicarnos, conocer y relacionarnos.

Una de las hipótesis centrales es la pandemia como shock de virtualización. El aislamiento aceleró procesos que ya estaban en marcha: la vida social comenzó a producir cantidades extraordinarias de datos y numerosas actividades pasaron a depender de plataformas y dispositivos digitales.

Sobre ese terreno se expandió la IA generativa. Por eso Costa propone no pensarla como una aparición repentina ni como una inteligencia autónoma, sino como una tecnología inscripta en una historia económica, política y cultural.

Aquí el texto puede dialogar “productivamente” con Lewis Mumford y Jacques Ellul. Mumford mostró que la técnica no debía reducirse a las máquinas: detrás de ellas existe una organización social, una megamáquina, capaz de coordinar cuerpos, tiempos, energías y comportamientos.

La IA lleva esa lógica a un nuevo territorio: ya no automatiza solamente tareas físicas, sino también funciones cognitivas vinculadas con el lenguaje, la clasificación, la producción de imágenes y la circulación del conocimiento.

Las llamadas “guerras de la IA” revelan que no estamos ante una tecnología neutral. Estados Unidos, China y las grandes corporaciones disputan infraestructura, datos, capacidad de cómputo y conocimiento. Detrás de los algoritmos existen minerales, energía, centros de datos, trabajadores y enormes concentraciones de capital. La discusión sobre la inteligencia artificial es, por lo tanto, también una discusión sobre poder.

Costa evita tanto el solucionismo tecnológico como el apocalipsis. No sabemos si llegará una superinteligencia ni qué consecuencias tendría. Pero sí podemos observar procesos actuales: concentración económica, transformación del trabajo, expansión de la vigilancia, circulación automatizada de información y dificultades de los Estados para regular tecnologías que avanzan más rápido que las instituciones.

En ese punto aparece la pregunta política fundamental de Vidas artificiales: ¿el futuro será algo que las tecnologías decidirán por nosotros o una construcción colectiva sobre la que todavía podemos intervenir? Mumford y Ellul ya habían advertido que la técnica nunca podía separarse de la organización social que la sostiene. Costa retoma esa tradición para mostrar que el verdadero problema de la IA no es que las máquinas se vuelvan humanas, sino que los humanos terminemos organizando cada vez más nuestra existencia según la lógica de las máquinas. La diferencia sustancial, y a la vez sutil entre funcionar y existir en un mundo caótico.    

Vidas artificiales: la técnica después del accidente

Autora: Flavia Costa

Género: ensayo

Otras obras de la autora: Tecnoceno. Algoritomos, biohackers y nuevas formas de vida; Las anfibias

Editorial: Taurus, $ 35.000