Es 1985 y un grupo de periodistas extranjeros que están en el país cubriendo la etapa de alegatos del Juicio a las Juntas Militares son llevados a conocer el Museo de la Subversión que funcionó en los cuarteles de Palermo, en plena Buenos Aires. La visita guiada es registrada por un camarógrafo que acompañaba a la comitiva. Ese material es la piedra fundacional de esta película y al mismo tiempo su columna vertebral. En los más de 30 minutos filmados dentro de este Museo, que ya no existe (vale la aclaración), se puede ver con sonido directo, a color y gran definición parte del botín de la represión ilegal: folletería, banderas, armas, bombas y también libros, discos y los más variados objetos personales. Hasta dioramas con muñecos de cera en los que se montaban escenas. Por ejemplo, un grupo de guerrilleros del ERP en el monte, atentados célebres o instalaciones clandestinas de Montoneros. Cómo si de un museo antropológico se tratase. Se trata de una filmación completamente inédita.
Museo de la subversión es un documental que devela un aspecto completamente desconocido de la última dictadura: la red de museos (hubo varios) que los militares fundaron para conmemorar su victoria sobre militantes, disidentes y organizaciones guerrilleras, la denominada “subversión”.
Estos museos formaron parte de las operaciones psicológicas del régimen. Operaciones que se desplegaron en todas las esferas de la comunicación y los museos no quedaron al margen de eso. El objetivo inicial era doble: Generar un espacio de culto para cohesionar a la propia tropa respecto a la represión ilegal y también adoctrinar escolares a los que se les presentaba una guerra santa contra la infiltración marxista. Toda una gran excusa para lotear el país, saquear y exterminar a los enemigos. Ecos que retumban con fuerza en nuestra actualidad.
Eran espacios acordes al concepto de reorganización nacional que la dictadura llevaba adelante. En los montes tucumanos y el Operativo independencia estaba el mito fundacional de esa épica, los museos se plantearon como espacios para resguardar ese mito y relatarlo a las generaciones venideras. Para eso se funda cualquier museo.
La película también pretende organizarse cómo un museo, exhibiendo materiales desconocidos y al mismo tiempo generando un relato. No es casual que la práctica del montaje aplique a ambas disciplinas, se monta un pelicula y también se monta una muestra. Tal vez en esa idea hay una herramienta grande que nos permite analizar la construcción discursiva que se hace al exponer un objeto en lugar de otro o a reponer su contexto o inventar uno nuevo. En el caso del film un relato que no tiene a ocultar al enunciador, más bien lo contrario. Una suerte de curaduría que se auto-expone y pretende interpelar al espectador.
La investigación se volvió amplia y profunda. Es probable que esta película sea el lugar donde más información se condensa de estos espacios. No solo por nuestra investigación, también por los distintos testimonios especializados que intentan desentrañar la historia detrás de esta grabación y de muchísimos otros documentos visuales que hemos ido encontrando. Este documental arroja luz sobre una de las aristas más oscuras de aquel período histórico; y produce una tensión al reconstruir como pocas veces el discurso triunfalista de la dictadura y revelar el poder residual de los militares aún en democracia.
Proponemos al espectador la experiencia de ingresar en ese clima enrarecido, conocer esos siniestros espacios y también habitarlos. Buscamos hacer un aporte al debate histórico y político sobre uno de los períodos más oscuros y relevantes de nuestro país. Una historia desconocida que saldrá a la luz respaldada por una gran cantidad de extraordinario material de archivo, y que nos permite acceder como nunca antes a la imaginación desatada del régimen militar.
*Director de Museo de la Subversión.