María Gabriela Epumer fue una de las figuras más singulares del rock argentino. Lo sigue siendo, en realidad. Nadie que tenga un vínculo más o menos cercano con la música popular del país la ha olvidado… Integrante de Viuda e Hijas de Roque Enroll, guitarrista de Charly García a largo de una década y dueña de una obra solista que todavía no ha sido valorada en su justa medida, murió sorpresivamente en 2003, a los 39 años. Los discos que grabó por su cuenta -Señorita corazón, Perfume y Pocketpop, al margen de The Compilady, un recopilación de remixes, rarezas y versiones electrónicas de algunos de sus temas- revelaron una compositora talentosa e inquieta, atraída por la experimentación y los cruces de estilos.

El estreno de Perfume, una película de María Gabriela Epumer, dirigida por Lucía S. Ruiz con la colaboración de Andrea Testa, propone ahora un acercamiento necesario y poco convencional a su universo. El documental, de 97 minutos, se estrenará en el Festival de Mar del Plata, donde habrá funciones los días 8 y 9 de noviembre, y estará a partir del 13 de ese mismo mes en el MALBA (todos los viernes a las 22:00 horas).

El proyecto nació antes de que sus responsables conocieran la existencia de un  extraordinario archivo personal. “Sentíamos que no había mucha información de María por fuera de su relación con Charly, que obviamente es una etapa súper importante de su vida. Nos parecía interesante investigar un poquito más, abrir un poco ese personaje”, cuenta Ruiz. El encuentro con Lito y Claudia, los hermanos de la artista, cambió la dimensión del proyecto.

“Nos dijeron que tenían una cantidad de cajas con el archivo personal de María Gabriela. Algunas cosas sabían lo que había, pero otras no, porque era muy costoso para ellos en términos emocionales ponerse a revisar todas las cajas. Tuvieron un gesto de muchísima confianza hacia nosotras al dárnoslas y decirnos que las utilizáramos como nos pareciera para hacer la película”.

Entre esos materiales aparecieron unas 50 horas de videos registrados entre 1995 y 2003, además de fotografías, grabaciones sonoras, objetos y vestuario. Digitalizar, revisar y seleccionar ese patrimonio exigió un trabajo prolongado. La naturaleza del archivo también ofrecía una pista sobre su autora: predominaban los registros vinculados con su actividad artística, sus ensayos, conciertos y búsquedas musicales.

La película prescinde de entrevistas convencionales y testimonios retrospectivos. Las conversaciones con familiares, amigos y colegas fueron fundamentales para la investigación, pero quedaron fuera del montaje. “Las veces que intentamos imaginar cómo intervenir el material de ella nos parecía que nos corría completamente de ese universo que se iba creando”, explica Ruiz.

De ese modo se construyó una narración que tampoco sigue una cronología estricta. “El material, de algún modo, está contado en tiempo presente. Hay algo de su vitalidad en cómo está contado -señala Ruiz-. Nos pareció mucho más interesante y mucho más vital contarlo así. No queremos contar que ella no está. Queremos que ella vuelva a estar”.

Ese principio rector organiza una película que encuentra poesía incluso en las imperfecciones de las viejas filmaciones domésticas. La cámara de Epumer registró gestos, ambientes y situaciones con una sensibilidad que trasciende su valor testimonial. Y Ruiz también descubrió una música que conocía parcialmente: “Cuando empecé a meterme en su universo y escuchar su música me pareció una artista enorme. Me encantó toda su música, me pareció súper moderna para el momento en el que la hizo y me parece moderna ahora”.

La autogestión, el trabajo colectivo, la convivencia y las tensiones entre lo independiente y lo masivo y la identidad familiar, atravesada por sus raíces indígenas, aparecen como otras dimensiones de ese precioso retrato.

El 1 de agosto pasado, aniversario del nacimiento de Epumer, hubo una función especial con familiares, músicos y allegados. La recepción confirmó para sus realizadoras el sentido de la propuesta. “Había una sensación de alegría en el aire por haber pasado ese tiempo con María Gabriela otra vez -describe Ruiz-. No fue un recuerdo doloroso y nostálgico, sino algo mucho más feliz y más vivo”.

Lucía S. Ruiz: del cine de archivo a la defensa del incaa

A.L.

Lucía S. Ruiz estudió montaje en la Escuela Nacional de Cine y trabaja desde hace más de una década como editora en Encuentro, Pakapaka y DeporTV. En 2019 estrenó Esa película que llevo conmigo, su ópera prima, sobre la historia de su abuelo, un niño exiliado de la Guerra Civil española. Esa experiencia con materiales de archivo fue un antecedente decisivo para Perfume.

“Lo importante para mí fue encontrar quiénes acompañaran este proyecto y armar un equipo. Fue una tarea bastante colaborativa. También es muy difícil sostener un trabajo a lo largo del tiempo cuando los recursos son muy acotados, que es lo que nos está pasando hoy en Argentina”.

El documental, coproducido con Uruguay, comenzó a financiarse con aportes particulares. “Tuvimos un período de crowdfunding que abrimos para que muchos pudieran aportar un poquito, lo que pudieran, y eso fue crucial para la película. Era un momento donde realmente no teníamos nada. Nos permitió hacer unos primeros pasitos y todo lo que vino después: lograr un fomento del INCAA y una coproducción con Uruguay”.

Ruiz recuerda que su primera película pudo realizarse gracias al concurso Raymundo Gleyzer, destinado a cineastas que todavía no reunían los antecedentes exigidos para acceder al financiamiento oficial.

“Era una posibilidad real muy importante para quienes estábamos empezando nuestra carrera profesional. Hoy ese concurso no existe más, el INCAA ha sufrido un gran vaciamiento y las vías de fomento son cada vez más acotadas, con presupuestos atrasados y orientadas a cumplir con lógicas de mercado en lugar de cumplir con el fomento de un cine nacional, como indica nuestra Ley de Cine”.