Aumentan las autocracias, pero crece la resistencia democrática
El informe de este año elaborado por el Bertelsmann Transformation Index (BTI) de Alemania, brinda un dato alarmante. Hace 20 años, cuando se publicaba por primera vez el documento de la prestigiosa institución, había más países democráticos que autocráticos, mientras que la realidad actual muestra todo lo contrario: el 56% de los 137 países analizados tienen gobiernos autocráticos.
El BTI no solo evalúa la calidad de la democracia, sino también los resultados económicos-sociales y la gobernanza en todo el mundo. Es decir, abarca aspectos de los derechos humanos en su integralidad e interdependencia. Por eso se centra en los países en desarrollo, unos 137. Su realización demandó el trabajo de cerca de 300 expertos de las principales universidades y centros de estudios de más de 120 países.
Se trata del único índice comparativo internacional que mide el desempeño de la gobernanza utilizando sus propios datos primarios y ofrece un análisis exhaustivo de la capacidad de dirección política en los procesos de transformación.
A diferencia de otros reconocidas investigaciones anuales –entre ellas la Libertad en el Mundo publicado por Freedom House, el Índice de Democracia de The Economist, y el V-Dem de la Universidad de Gotemburgo– el BTI no incluye a las democracias desarrolladas que al año 1989 formaban parte de la OCDE, un total de 23 países, entre ellos Alemania, Estados Unidos, España, Nueva Zelanda o Noruega.
La mayoría de los 137 países evaluados por el BTI –77 en total– están gobernados actualmente de forma autocrática, explica el informe. Y 52 de las 77 autocracias se consideran regímenes de línea dura en los que se violan de forma generalizada los derechos fundamentales, la cifra más alta registrada desde que se publicó el BTI por primera vez en 2006. Como ejemplo, en estos 20 años Venezuela pasó de ser una “autocracia moderada” a una “autocracia de línea dura”.
Sin embargo, para el BTI, los regímenes autocráticos raramente se traducen en mejor gobernanza. En efecto, los resultados del BTI 2026 cuestionan la noción de eficiencia autoritaria y demuestran que las autocracias son más proclives a la corrupción y están menos capacitadas para desarrollar políticas basadas en el consenso que las democracias. La única excepción es Singapur.
El BTI pone como ejemplos a El Salvador, Serbia y Turquía que demuestran que la promesa de la eficiencia autoritaria rara vez se cumple. En más de cien de los países evaluados, concluye que la corrupción no se aborda de forma adecuada, y dos tercios de ellos son autocracias. Solo ocho de los 77 regímenes autoritarios alcanzan el nivel medio de eficiencia en el uso de los recursos que los gobiernos democráticos.
Presión a las instituciones democráticas fundamentales. El BTI destaca como retrocesos más notables los que afectan a la libertad de prensa, de expresión y de reunión. Además, que el espacio para el debate público se redujo, coincidiendo aquí con otro informe, el Civicus Monitor. Para el Bertelsmann Transformation Index, más allá de campañas de difamación y la violencia contra manifestantes y periodistas, los gobiernos recurren cada vez más a instrumentos más sutiles: leyes restrictivas contra la difamación o contra las ONG que conllevan sanciones severas, la injerencia política en las decisiones sobre concesión de licencias y la financiación preferencial de los medios de comunicación progubernamentales. Además, el BTI 2026 alerta que la vigilancia digital y los cortes de internet se han convertido igualmente en herramientas habituales para reprimir las críticas y la oposición.
Otro dato alarmante es sobre la integridad electoral, que también se está deteriorando. En el 54% de los países evaluados en el BTI 2026, las elecciones ya no cumplen los estándares democráticos mínimos.
Al mismo tiempo, el informe observa una tendencia a la centralización del poder político, destacando que se están desmantelando organismos de control independientes o están ocupando cargos personas leales al régimen; se están pasando por alto a los parlamentos y se está restringiendo la independencia judicial o sometiéndola a influencias políticas, incluso mediante el nombramiento estratégico de jueces afines. Para el BTI, en tiempos de crisis, la demanda pública de estabilidad y eficiencia puede llevar a una mayor receptividad hacia una gobernanza rígida de arriba abajo.
Sin embargo, entre los datos alentadores de la resistencia democrática, el análisis más detallado de los datos del BTI 2026 revela también que numerosos comicios libres y justos han dado lugar a transiciones pacíficas del poder. En otros casos, las elecciones manipuladas han desencadenado protestas masivas, como por ejemplo en Madagascar, Tanzania y Venezuela. El informe de la Fundación Bertelsmann agrega que, aunque a menudo fueron reprimidas con violencia, estas protestas sustentaron con frecuencia la movilización política más allá del momento electoral.
*Director General de Cadal (www.cadal.org)
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