La misión Artemis II y el nuevo orden espacial con la estratégica Luna en la mira
Con este hito de la exploración humana, la NASA busca establecer parámetros técnicos que permitan un próximo alunizaje en 2028. El presidente estadounidense Donald Trump aceleró el proyecto para lograr ese objetivo antes de terminar su mandato. “Estamos ganando en el espacio, en la Tierra y en todos los puntos intermedios”, dijo el mandatario. La iniciativa es parte de la carrera espacial de EE.UU. con China, que también quiere establecer una base en el satélite.
La misión Artemis II, todo un acontecimiento científico, representa el hito más significativo en la exploración humana del espacio profundo en más de cincuenta años. A diferencia de las misiones Apolo, Artemis II no busca un alunizaje inmediato, sino que actúa como un puente crítico de validación técnica.
Partió el 1° de marzo y su viaje de diez días lleva a cuatro astronautas (Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen) en una trayectoria de “retorno libre” alrededor de la Luna.
La nave no entrará en órbita baja lunar, sino que utilizará la gravedad de la Luna para “dar la vuelta” y regresar a la Tierra, un ensayo crítico para futuras maniobras de aterrizaje.
Si la misión transcurre según lo previsto, los astronautas batirán un récord al aventurarse más lejos de la Tierra que cualquier otro ser humano antes. Es, también, el primer vuelo tripulado del nuevo cohete lunar de la NASA bautizado como Space Launch System (SLS). El propósito técnico es poner a prueba por primera vez con tripulación los sistemas de soporte vital de la nave Orion y la capacidad de maniobra del cohete SLS en el espacio profundo.
El gigantesco cohete naranja y blanco está diseñado para permitir a Estados Unidos regresar de forma reiterada a la Luna, con el objetivo de establecer una base permanente que sirva como plataforma para futuras exploraciones.
El interés de Trump. El regreso de Donald Trump a la presidencia inyectó una urgencia renovada y un tono marcadamente nacionalista al programa espacial. Su administración ha dejado claro que el espacio es el nuevo frente de la “dominación estadounidense”.
El presidente presionó para que el primer descenso tripulado (Artemis IV) se produzca, de ser posible, durante 2028, antes de finalizar su actual mandato, en enero de 2029. El objetivo es puramente simbólico y político: asegurar que la “bandera de las barras y estrellas” sea plantada nuevamente bajo su liderazgo.
Trump ha enmarcado el éxito de Artemis II como una prueba de que Estados Unidos está “ganando en todas partes”, vinculando el éxito espacial con la fortaleza económica y militar del país.
“Estamos ganando en el espacio, en la Tierra y en todos los puntos intermedios. Económicamente, militarmente y ahora, más allá de las estrellas. ¡Nadie se nos acerca! Estados Unidos no solo compite, dominamos, y el mundo entero está mirando”, publicó el presidente en Truth Social.
Competencia con China. La actual era de esfuerzos para llegar a la Luna en Estados Unidos se ha descrito con frecuencia como parte de la rivalidad con China, que aspira a llevar humanos a la Luna para 2030.
Ambas potencias compiten por establecerse en el Polo Sur, donde se ha confirmado la presencia de hielo de agua. Este recurso es vital para generar oxígeno y combustible para futuras misiones a Marte.
A diferencia de la Guerra Fría, la competencia actual con China no es solo por el prestigio, sino por el control de puntos estratégicos y recursos naturales.
EE.UU. lidera los “Acuerdos de Artemis”, mientras que China encabeza la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), atrayendo a socios como Rusia y naciones del sur global.
Recursos privados. El enfoque del gobierno actual estadounidense prioriza el desplazamiento de la fabricación estatal hacia el sector privado (encabezado por aliados como Elon Musk y su empresa SpaceX), buscando reducir la burocracia de la NASA para acelerar los plazos.
De todas maneras, aunque el hardware es fabricado por terceros, la NASA sigue siendo el cerebro y la autoridad máxima del proyecto.
El organismo estatal es el encargado de certificar que cada componente cumple con los estándares de seguridad para vuelos tripulados. También opera la Red de Espacio Profundo (DSN), el sistema de antenas global que permite que la nave Orion no pierda contacto con la Tierra.
Además, la NASA coordina las piezas del rompecabezas tecnológico que provienen de diferentes países y empresas privadas, asegurando que todos los sistemas sean interoperables.
El éxito de Artemis II depende de un consorcio industrial masivo. Entre las empresas privadas que trabajan en el proyecto está Boeing / Northrop Grumman, quien desarrolló el cohete de carga pesada que impulsa la nave fuera de la Tierra. Lockheed Martin produjo la Cápsula Orion, el habitáculo donde viajan los cuatro astronautas. ESA (Airbus), que hizo el Módulo de Servicio Europeo: aporta propulsión, aire y control térmico a la Orion.
Finalmente está SpaceX, la firma de Elon Musk, que construyó el Sistema de Aterrizaje (HLS), la variante de la Starship que llevará a los humanos al suelo lunar (en misiones posteriores).
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