Sir Rex Hunt, el gobernador de Malvinas que fue exiliado por Galtieri en pijama, con una botella de ginebra y el retrato de la Reina
El perfil de un diplomático anacrónico que prefirió el desplante protocolar antes que reconocer la legitimidad de la ocupación argentina en las islas.
La figura de Rex Masterman Hunt sintetiza, como pocas, el final de una época: la del funcionario colonial clásico, formado para sostener la presencia británica en territorios lejanos aun cuando el Foreign Office comenzaba a ensayar salidas negociadas. A su llegada en 1980 como gobernador, comandante en jefe y representante de la Corona en las Islas Malvinas, ya había construido su carrera en escenarios complejos del proceso de descolonización británico, como Uganda y Malasia, y había sido el último en abandonar Saigón luego de la caída de Vietnam del Sur en 1975.
Ahora bien, su paso por Malvinas mostró una transformación que en la jerga diplomática británica se conoce como “going native” o o "volverse isleño". Hunt dejó de ser un ejecutor de políticas para alinearse activamente con los intereses de los isleños, en un momento en que Londres evaluaba fórmulas como el “leaseback” —un esquema de retroarrendamiento que implicaba transferir la soberanía a Argentina manteniendo la administración británica por un tiempo.
De esta suerte, para Hunt, la presencia británica no era una abstracción jurídica sino una práctica cotidiana: el protocolo, el idioma, las instituciones y hasta el té de la tarde como expresión de continuidad imperial. Uno de los más recordados fue su decisión de trasladarse en un Austin FX4, el icónico taxi negro de Londres, conducido por su chofer Don Bonner.
Su postura inamovible contrastaba con la del entonces presidente de facto Leopoldo Galtieri, a quien Hunt consideraba el motor de una "locura" expansionista que, paradójicamente, terminaría por salvar a las islas del olvido británico.
Vestido con su uniforme ceremonial con plumas de avestruz, se negó a estrechar la mano del general argentino
Era una construcción típica de madera de las islas, con jardines y rosales que sufrieron daños en el combate
La mañana del 2 de abril de 1982, a las seis en punto, la guerra irrumpió en la intimidad. Al interior de la residencia oficial de Rex Masterman Hunt, en Puerto Stanley, el protocolo imperial quedó suspendido por unos minutos: el gobernador salió de sus habitaciones en pijama, con un suéter encima y una pistola Browning 9 mm en la mano, cuando comandos argentinos avanzaban sobre la Government House, en una escena que parecía sacada de Django Unchained.
Apenas minutos después de ordenar el alto al fuego alrededor de las 08:30, Hunt se retiró a sus aposentos y ejecutó un gesto cargado de simbolismo. Abandonó el pijama y se vistió con su uniforme de gala completo: casaca con entorchados dorados, medias blancas, espada ceremonial y el sombrero bicornio adornado con plumas de avestruz.
De pronto, en medio de soldados argentinos equipados para combate, apareció el comandante de la operación anfibia, Carlos Alberto Büsser, y el general Osvaldo García, quienes encabezaban las fuerzas que habían tomado el control del archipiélago. García avanzó con la mano extendida. Hunt, rígido, colocó las suyas detrás de la espalda.
“Es muy poco caballeroso de su parte negarse a estrechar mi mano”, señaló García.
“Es muy poco civilizado de su parte invadir mi país”, respondió Hunt.
Las tropas argentinas rodearon la casa, recolectaron armas británicas en sus jardines y obligaron a Hunt a rendirse
Lo que relataron sus memorias y otras compilaciones como Memories of the Falklands es que Hunt llegó a ordenar a las fuerzas argentinas que se retiraran por haber desembarcado “ilegalmente en territorio británico”. La orden, por supuesto, no tuvo efecto práctico. Pero tampoco buscaba tenerlo, era un acto performativo.
Té para los marines y una botella de ginebra "medicinal" para el adiós
La esposa de Hunt, Marga, mantuvo la estructura de normalidad sirviendo té a los Royal Marines. Al ser expulsados, se les permitió llevar pocas pertenencias. Hunt eligió dos objetos: un retrato de la Reina Isabel II y una botella de ginebra.
Además, Hunt llevó el retrato bajo el brazo durante todo el trayecto al aeropuerto para que la prensa argentina captara la imagen. Sobre la ginebra (posiblemente Gordon's o Beefeater) explicó que era una necesidad "medicinal" para el exilio.
Después de la rendición argentina el 14 de junio de 1982, Hunt regresó a las islas vistiendo exactamente el mismo uniforme de gala y el sombrero de plumas . Ante la prensa internacional, declaró que "a través de la locura de Galtieri han ocurrido muchas cosas buenas", refiriéndose a que la invasión forzó a Gran Bretaña a prestar atención a las islas.
Galtieri era un general del Ejército Argentino que ascendió a comandante en jefe en 1979
Su mirada fue descrita por el diario La Nación años después como de "celestes profundos y sin resentimiento".
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