Brasil avanza con un nuevo esquema tributario que incluye el llamado “impuesto al pecado”, una denominación popular que identifica al gravamen aplicado sobre productos que pueden perjudicar la salud. La medida contempla distintas alícuotas según el tipo de consumo, con cargas que aumentan progresivamente desde las bebidas azucaradas hasta los cigarrillos.

“Es un impuesto que se le pone a todos los productos que pueden afectar la salud humana”, explicó Eleonora Gosman en Ronda de Corresponsales (RDC) por +Perfil, al presentar los alcances de la iniciativa.

Brasil: qué productos alcanzará el “impuesto al pecado” y cuáles serán las alícuotas

Entre los productos alcanzados se encuentran las bebidas azucaradas y la cerveza de malta, que tendrán cargas menores. En cambio, las bebidas espirituosas, como la cachaça, el ron y otras bebidas destiladas, tendrán un impuesto del 20%. Para el whisky, el vodka, el gin y el tequila, la alícuota ascenderá al 24%.

El tabaco tendrá uno de los gravámenes más elevados, de cerca del 70%. La periodista destacó que el objetivo declarado por el Gobierno brasileño es desalentar el consumo de productos perjudiciales y proteger la salud pública. “El que quiera envenenarse va a tener que pagar bastante más de lo que uno imagina”, ironizó Gosman al describir el impacto que tendrá la medida sobre los consumidores.

Sin embargo, la periodista puso en duda que el propósito sea exclusivamente sanitario. Según las estimaciones mencionadas durante el programa, la recaudación podría alcanzar los 40.000 millones de reales durante el próximo año, equivalentes a unos 8.000 millones de dólares. “No les creo demasiado”, reconoció al cuestionar el argumento oficial de que el nuevo tributo no tiene fines recaudatorios.

Impuestos al alcohol en Europa: las comparaciones con Brasil

Durante el intercambio, Marcelo Molina señaló que las cargas impositivas sobre las bebidas alcohólicas son considerablemente superiores en algunos países europeos. “En España arranca en las bebidas blancas, por ejemplo, con el 40% y llega al 70%”, explicó. También mencionó que en Finlandia, Suecia e Irlanda los impuestos por botella oscilan entre el 70% y el 75%, mientras que en Francia, Bélgica y Países Bajos se ubican entre el 50% y el 60%.

Gosman reconoció las diferencias, aunque cuestionó el impacto que tendrá el nuevo gravamen sobre el consumo recreativo y turístico en Brasil.

La conversación también incorporó ejemplos de restricciones al consumo en Europa. Gosman recordó sus viajes entre Inglaterra e Irlanda, donde observó que, ante la prohibición de vender alcohol después de determinado horario, los pasajeros compraban varias latas de cerveza para consumir durante el trayecto.

Molina agregó que en los pubs ingleses una campana anuncia la última ronda, lo que lleva a muchos clientes a pedir dos o tres bebidas antes del cierre.

El debate dejó en evidencia las distintas estrategias que utilizan los gobiernos para regular el consumo de alcohol y tabaco, combinando impuestos elevados y restricciones comerciales con argumentos vinculados a la salud pública.