La conexión de Chile con las islas abre un nuevo frente de tensión para la estrategia argentina sobre Malvinas
La cuestión Malvinas volvió a instalarse en la agenda a partir de los movimientos de Estados Unidos, las sanciones que impulsa la Argentina contra empresas vinculadas con las islas y una creciente tensión con Chile. Detrás de todo esto aparece una cuestión más amplia: el interés estratégico por el Atlántico Sur.
Hay todo un capítulo bastante complicado alrededor de las Islas Malvinas que vale la pena ordenar. La cuestión volvió a abrirse en la Argentina después de algunos comentarios de Donald Trump respecto de la posibilidad de quitarle apoyo al Reino Unido en este tema.
Mucha gente relacionó aquello con una supuesta presión norteamericana sobre los británicos por su falta de apoyo a la guerra en Irán. A mí nunca me terminó de convencer esa explicación.
Cuando Trump habló de Malvinas, la posición británica sobre la guerra ya estaba definida y difícilmente fuera a cambiar. Por lo tanto, eventualmente podía tratarse de una represalia, pero no de una presión destinada a modificar aquella posición.
Yo creo que detrás de la cuestión Malvinas hay algo distinto: el interés norteamericano por el Atlántico Sur. Y eso debe ser leído dentro de la matriz con la que Trump viene repensando el mundo: las zonas de influencia. Es un asunto que hemos comentado muchas veces.
Ahora aparece, además, una contradicción interesante. La Argentina busca aplicar sanciones contra compañías que operan alrededor de la plataforma vinculada con Malvinas, pero Estados Unidos le está reclamando que no afecte a empresas norteamericanas porque semejante decisión podría complicar las inversiones en el país. Ahí tenemos un primer problema.
Las sanciones y sus contradicciones
Hay una cuestión planteada alrededor de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que el Gobierno envió al Congreso. Esa iniciativa establece sanciones para empresas que participen, incluso mediante financiamiento, de la explotación de recursos petroleros alrededor de Malvinas. Y entonces aparece Estados Unidos diciendo, en términos muy simples: cuidado, porque ahí también hay compañías norteamericanas. Es decir, una cosa es el interés norteamericano por el Atlántico Sur y otra es lo que ocurre cuando las medidas argentinas empiezan a afectar intereses empresariales estadounidenses.
Pero hay otra situación. La Argentina denunció también a Thales, una compañía muy importante dedicada, entre otras cosas, a tecnología y electrónica militar. Al mismo tiempo, Thales ha sido históricamente proveedora de las Fuerzas Armadas argentinas. Entonces aparece otra superposición bastante curiosa.
Por un lado, la Argentina denuncia o sanciona a una empresa por su relación con Malvinas.
Por otro, esa misma empresa tiene una relación histórica como proveedora de nuestras fuerzas. La cuestión empieza a mostrar que no es tan sencilla.
El problema con Chile
Por otro lado, aparece Chile. Chile no parece dispuesto a abandonar su relación logística con las Malvinas. La provisión de bienes y la conexión desde territorio chileno hacia las islas son un asunto muy importante. Y yo sé que existen tensiones entre la Argentina y Chile alrededor de esta cuestión.
Esas tensiones ya tuvieron distintas manifestaciones. Una de ellas apareció cuando desde las Fuerzas Armadas argentinas se planteó que el estrecho de Magallanes es argentino. Yo creo que ese episodio también debe leerse dentro de esta nueva mirada norteamericana sobre el Atlántico Sur.
Al mismo tiempo, desde Chile aparecieron declaraciones muy duras contra Javier Milei. El ministro de Vivienda y Urbanismo chileno, Iván Poduje, llegó a cuestionar al Presidente argentino, habló de su conducta y también criticó cuestiones vinculadas con la obra pública y la situación argentina. A mí me parece que estas declaraciones reflejan, por lo menos en parte, las tensiones que existen entre ambos países por Malvinas.
Una conexión entre Punta Arenas y las islas
Hay además un punto que puede volverse todavía más delicado. Chile avanza con conexiones entre Punta Arenas y las Islas Malvinas. La cuestión logística es crucial para los isleños y también para los proyectos petroleros británicos en la zona. Y la Argentina aspira a impedir o dificultar que esa estructura termine consolidándose.
Ahí aparece una pregunta interesante.
¿Qué ocurriría si un barco sale de Punta Arenas rumbo a Malvinas y, durante su recorrido, atraviesa aguas bajo jurisdicción argentina?
¿Qué debería hacer la Prefectura?
¿Lo detendría?
¿Lo inspeccionaría?
¿Verificaría si transporta alimentos hacia las islas o materiales destinados a proyectos petroleros? No es una pregunta menor. Porque detrás de una cuestión aparentemente logística puede aparecer un problema político y diplomático entre la Argentina y Chile. Y, personalmente, creo que esa tensión ya existe.
Estados Unidos, Reino Unido y el Atlántico Sur
También están los británicos. El Reino Unido observa naturalmente todos estos movimientos y, según se ha planteado, podría intentar bloquear o dificultar el ingreso de la Argentina a organismos internacionales a los que el país aspira a incorporarse desde hace años. Es decir que alrededor de Malvinas empieza a configurarse un escenario bastante más amplio.
- Tenemos a la Argentina intentando endurecer su posición frente a compañías que operan alrededor de las islas.
- Tenemos a Estados Unidos interesado en el Atlántico Sur, pero al mismo tiempo reclamando que no se perjudiquen sus empresas.
- Tenemos al Reino Unido defendiendo naturalmente su posición.
- Y tenemos a Chile avanzando con una conexión logística que para las islas resulta muy importante.
Todo esto empieza a superponerse. Por eso creo que sería un error mirar nuevamente la cuestión Malvinas como si se tratara solamente de una discusión bilateral entre la Argentina y el Reino Unido. Hay algo más grande ocurriendo alrededor del Atlántico Sur.
Están los recursos.
Está la logística.
Está el petróleo.
Están las empresas internacionales.
Está Chile.
Está Estados Unidos.
Y está, naturalmente, la disputa histórica entre la Argentina y el Reino Unido. Por eso la cuestión vuelve a adquirir una dimensión geopolítica mucho más importante. Y cuando empiezan a cruzarse tantos intereses al mismo tiempo, conviene mirar con mucha atención cómo evoluciona la situación.
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