MUJERES FUERTES

"CFK y Le Pen se encuentran atrapadas en la compleja relación entre la política y la justicia"

Frente al avance del ámbito judicial sobre las candidaturas en las democracias contemporáneas, el sociólogo Denis Merklen reflexiona sobre los dilemas que atraviesan tanto a la Argentina como a Francia, donde líderes con alta "atracción electoral" ven condicionado su futuro político por decisiones de los tribunales.

Denis Merklen Foto: Wikipedia

Al evaluar las trabas judiciales que condicionan a Marine Le Pen en Francia y a Cristina Kirchner en la Argentina, el sociólogo Denis Merklen precisó que, si bien "sería un absoluto atrevimiento y algo que faltaría a la verdad decir que hay algún tipo de familiaridad" en términos ideológicos entre ambas figuras, el cruce de caminos es innegable en el plano institucional. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), explicó que el fenómeno expone "el problema institucional en el que ambas democracias se encuentran atrapadas", donde el avance de la justicia condiciona a dirigentas caracterizadas por poseer "mucha atracción electoral" y un fuerte arraigo en sectores que la política tradicional no logra interpelar.

Denis Merklen es un sociólogo nacido en Uruguay radicado en Francia, se formó en la Universidad de Buenos Aires y se doctoró en Ciencias Políticas Sociales en París. Se especializa en el estudio de las clases populares, la politicidad territorial y las políticas sociales.

—Acá tenemos el último libro de Denis, que lo estamos colocando también allí en pantalla. Habíamos conversado con Denis, recordábamos recién en el corte, previamente en 2023, cuando la Francia Insumisa tenía sus manifestaciones, en aquel momento de los chalecos amarillos. Y en su último libro, Los indispensables, usted pone la lupa sobre aquellos sectores que sostienen el tejido social en los barrios populares, actuando de una manera como puente entre el territorio, las demandas cotidianas y la política formal. Me gustaría que le contara a nuestra audiencia argentina quiénes son estos indispensables.

—Los indispensables son indispensables porque estamos pensando con mucha preocupación en la crisis de las democracias occidentales y de las democracias contemporáneas. Y entonces encontramos que ese hormigueo tan presente en la vida cotidiana de muchísimas personas y de muchísimos grupos sociales están haciendo vivir a la democracia cuando a las instituciones les cuesta tanto.

Entonces fuimos al encuentro, en 10 ciudades de Francia, en barrios populares, de distintos grupos militantes que están trabajando: unos a través de un cuadro de fútbol; otros a través de la reinserción de jóvenes que salen de la cárcel; un grupo de madres preocupadas en la ciudad de Toulouse porque a sus hijos los amenaza el narcotráfico; en el norte de Francia, donde hace tantísimo frío, un grupo de trabajadores sociales que identifican problemas de falta de equipamiento para lavar la ropa, entonces arman un proyecto de vínculo social a través de ello; en las zonas de mayor desempleo, donde la industria textil prácticamente se esfumó de Francia, jóvenes descendientes de musulmanes que quieren mantener la presencia de su religión en el tejido de la república laica francesa...

En fin, los problemas de la república y los problemas de la democracia tal como se les aparecen a la gente en sus vidas cotidianas, y los diferentes modos que tienen de enfrentarlos. Una compañía de teatro en Avignon, la gran capital del teatro mundial, con una compañía de teatro allí en unos barrios de muy poca cosa, haciendo un trabajo formidable para que la gente tome confianza en sí, aprenda a tomar la palabra.

—Esos indispensables en Francia, ¿son representantes simplemente locales de un fenómeno mundial o en Francia en particular hay un concepto social que hace que estos indispensables sean un fenómeno mundial, se den en mayor proporción? Y no sé si esa vieja comparación de que Argentina es el país más francés y que se puede replicar en su preocupación social con la Argentina encuentra algún espejo del otro lado del Atlántico.

—Sí. Como sociólogo me encontré con mis ojos y mis orejas de sociólogo formado aquí en la Universidad de Buenos Aires, me encontré observando en Francia cosas que había visto en Argentina. Y esa ida y vuelta entre Francia y Argentina está muy presente. Por ejemplo, la tradición de la militancia sindical, de la cual no hablo en este libro, es tan importante en un caso como el otro. Y aquí vimos, un poco más tarde para el caso francés de lo que vimos en el caso argentino, el surgimiento de una nueva generación y nuevas formas de trabajo social y político a nivel barrial con las características y la impronta de aquellas cosas que se han hecho y de esa matriz y de aquella tradición, pero con algo de similar en ese paso del trabajo al territorio. Entonces, la vieja tradición de movilización francesa también aparece renovada, también aparece con nuevas marcas y con nuevos contenidos, y con cosas que nada tienen que ver con la Argentina, porque esta son formas de militancia donde el partido político está mucho menos presente, no hay una afiliación política...

—O sea, no hay un fenómeno del peronismo, para ponerlo en términos concretos.

—Exactamente. Como cualquiera sabe, en Francia no hay peronismo. Hay otros fenómenos políticos y otras tradiciones que han tenido sus problemas, que están en crisis.

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—Y en esa comparación, a lo mejor abstrusa, que hacemos de Le Pen pudiendo competir porque se le reduce el tiempo de penalidad en la cual no podía ejercer cargos públicos, ¿encuentra algún paralelismo con Cristina Kirchner y las expectativas de la política que hay en la Argentina respecto a que en algún momento pueda ser reducida su incapacidad política y pueda volver a ser candidata? Obviamente, desde el punto de vista ideológico representan modelos muy distintos, pero desde el punto de vista de la mujer fuerte que está impedida de ser candidata y hasta hace poco tiempo la mayor traccionadora de votos, ¿podría haber alguna comparación?

—Puede haber comparaciones por el problema institucional en el que ambas democracias se encuentran atrapadas, que es la compleja y difícil relación entre la política y la justicia, y el modo en que el mundo judicial va tomando un espacio importante en la competencia electoral. Entonces ahí hay una familiaridad. Luego, entre los personajes, sería un absoluto atrevimiento y algo que faltaría a la verdad decir que hay algún tipo de familiaridad.

—No ideológica, pero sí como mujeres fuertes, con mucha atracción electoral.

—Y, sobre todo, con una capacidad de representar a ciertos sectores sociales que otros grupos políticos no tienen. Por lo menos, en el caso de Cristina Kirchner, hasta hace no mucho tiempo; en el caso de Marine Le Pen, con mucha fuerza.

—Le pido un comentario breve sobre cómo impactaron los discursos racistas sobre la selección francesa del expresidente español, de nuestra vicegobernadora de Mendoza, y después, si se quiere, el bumerán que tuvimos con la Argentina como país racista.

—Es una triste circunstancia y muy duro porque el costado racista de Francia encarnado, representado hoy en la figura de Marine Le Pen, se ha encargado de decir que esta selección no representa a Francia. Y entonces, ver desde aquí esos mismos contenidos, esa misma sospecha que un negro no es francés, un árabe no es francés, es muy doloroso. Sería casi tan ofensivo como pensar que Barack Obama no es norteamericano o que el Negro Rada no es uruguayo. Entonces, ¿por qué pensamos eso de Francia? Es un poco misterioso. Y que esta descalificación aparezca a través de personalidades políticas como Mariano Rajoy o la vicegobernadora de Mendoza es verdaderamente un problema que tenemos en la democracia. Un representante político no puede evocar a la raza como un criterio de ver el mundo.

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