Ciencia argentina

Cómo es el nuevo dispositivo tecnológico para detectar Hepatitis E desarrollado en Argentina

El investigador del CONICET Omar Azzaroni explicó cómo funciona el dispositivo microfluídico desarrollado junto a equipos de Tucumán y Buenos Aires, que incorpora machine learning para mejorar la precisión en la detección de hepatitis E.

Omar Azzaroni Foto: Redes sociales Omar Azzaroni

La ciencia argentina busca convertir el conocimiento desarrollado en los laboratorios en herramientas concretas para atender problemas de salud. En ese camino, el químico e investigador del CONICET Omar Azzaroni trabaja en el desarrollo de dispositivos portátiles, precisos y de bajo costo capaces de detectar biomarcadores y facilitar diagnósticos. Sobre estos avances conversó con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190).

Azzaroni dirige el Laboratorio de Materia Blanda del INIFTA y participó de distintos desarrollos orientados a trasladar la investigación científica hacia aplicaciones de la vida cotidiana. Entre sus trabajos más recientes se encuentra un dispositivo microfluídico destinado a la detección de hepatitis E, desarrollado junto con investigadoras de la Universidad Nacional de Tucumán y de la Universidad de Buenos Aires, al que incorporaron herramientas de machine learning para mejorar la precisión de las mediciones.

Omar Azzaroni es licenciado en Química, obtuvo su doctorado en Ciencias Exactas en la Universidad Nacional de La Plata. Además, realizó importantes estancias postdoctorales en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y en el Instituto Max Planck de Investigación de Polímeros, en Alemania. Es investigador superior del CONICET y profesor titular de Fisicoquímica en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata. Además, dirige el Laboratorio de Materia Blanda en el Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas. Recientemente fue galardonado con el prestigioso premio Fundación Musca y Born 2026 en Química, uno de los máximos reconocimientos a la trayectoria científica en la Argentina. 

Bueno, acá estamos en una conversación muy particular, ¿no? Porque lo veo a Omar Azzaroni, ya que viene con herramientas para mostrarnos. Pero primero, compartamos: durante la pandemia, el equipo de INIFTA desarrolló un test rápido de diagnóstico del COVID que demostró capacidad de respuesta para la ciencia argentina, y siguen desarrollando y desarrollando. Usted, me gustaría que compartiera, Omar, con la audiencia, de la manera más didáctica para legos en temas científicos, qué son todas las cosas que han agregado valor a la ciencia argentina en los últimos años que tuvieron que ver con usted.

Bueno, antes que nada, muchísimas gracias por la invitación. Porque nos da la oportunidad de comentar con ustedes, audiencia, el trabajo que hacemos en el laboratorio.

Gracias por la obra que ustedes hacen.

Nos da la oportunidad de comentar con ustedes, audiencia, el trabajo que hacemos en el laboratorio. Nuestro laboratorio, que es el Laboratorio de Materia Blanda e INIFTA, desde hace muchos años tiene una consigna, que es tratar que la ciencia básica que se desarrolla en el laboratorio pueda, de alguna manera, atravesar la frontera del laboratorio y llegar a la sociedad. Nosotros, dentro de múltiples proyectos que tenemos en el laboratorio, uno de los proyectos que nos ha dado particular satisfacción es el de desarrollar dispositivos que pueden detectar enfermedades prematuramente. Nosotros somos químicos. Y lo que nosotros buscamos es generar herramientas que especialistas, por ejemplo médicos, puedan utilizar para, de una manera ágil, versátil, poder diagnosticar. Lo que se hace, desde el punto de vista químico, es detectar biomarcadores. Usted, cuando el médico le manda hacer un análisis de sangre, le manda un reporte con concentraciones de moléculas que usted tiene en su sangre. Bueno, eso lleva un tiempo. Tiempo atrás, tomamos conocimiento de algo muy singular. Hay, de alguna manera, cuatro ejes que la Organización Mundial de la Salud les presta particular atención. Uno es obesidad, otro hipertensión, el otro es diabetes y el otro es enfermedades renales. Si usted se lo pone a pensar, cualquiera que esté escuchando esta conversación, para obesidad tenemos la herramienta de diagnóstico más prematura, que es una balanza, que la podemos comprar en una farmacia. Y en todo lo que tiene que ver, por ejemplo, con hipertensión, un tensiómetro; lo mismo con la diabetes: hoy por hoy, se puede comprar un glucómetro por muy bajo costo en una farmacia y es muy confiable. Sin embargo, aunque le parezca mentira, no existen herramientas con esas características para alguien que transita una enfermedad renal, y nosotros en el laboratorio, ya hace años, comenzamos a trabajar en esa idea. En hacer algo con esas características: portátil, ágil, preciso. Y eso dio origen a todo un proceso de transformación de conocimiento en tecnología, que inclusive nos llevó por el camino de crear una empresa de base tecnológica, donde el mundo de lo público y lo privado convergen con una finalidad específica. El dispositivo se llama SAFIRUS, y es un dispositivo que permite monitorear biomarcadores renales. Es un dispositivo que ya fue testeado clínicamente, con la enorme colaboración del equipo de Nefrología del Hospital San Martín de La Plata. O sea que es ciencia que conduce a un dispositivo que es ensayado con pacientes reales. Problemas de la vida real, de alguna manera, que son monitoreados con un dispositivo que fue diseñado, pensado y construido íntegramente en Argentina. Esto que está viendo acá es íntegramente argentino.

¿Qué comparaciones internacionales hay?

Bueno, hay diferentes dispositivos que son muchísimo más onerosos y mucho más complejos. Esa es una muy buena pregunta, porque en muchos casos existe esa herramienta, pero tiene dos aspectos.

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Pero la creatividad es hacerla a un valor accesible.

Absolutamente, absolutamente. Por ejemplo, son detalles técnicos, pero al principio, cuando comenzamos con este proyecto, mucha gente pensaba que cierta tecnología que nosotros estamos ensayando no iba a funcionar del todo bien. Sin embargo, le aportamos creatividad. Obviamente, estos desarrollos fueron patentados y hemos demostrado, inclusive en ámbitos de concursos de innovación, mismo con inversores extranjeros, hemos demostrado la versatilidad del dispositivo.

O sea, de alguna manera hay un hilo conductor, ya sea con lo del COVID como con esto. La clave es cómo hacer que esas innovaciones lleguen a la sociedad y, para que lleguen a la sociedad, tienen que llegar a un costo accesible. O sea, el costo pasa a ser un inhibidor fundamental. Algo puede existir, pero a un costo tal que se lo hace solamente a un porcentaje infinitesimal de la población.

Absolutamente. Esa pregunta es súper importante. A veces, en el mundo académico, pensamos en el desarrollo donde hay versatilidad, precisión. Nosotros, cuando iniciamos este camino, donde converge el mundo de la fisicoquímica con la ingeniería y con el mundo de los negocios, aparece la variable del costo, el valor de todo lo que hacemos. Hemos trabajado muchísimo y es un dispositivo que está hecho para que sea de bajo costo y de amplia accesibilidad.

¿Y qué punto de contacto hay entre la química y la economía?

Muchísimo.

Yo iba a eso. Imagino que debe haber muchos que los economistas aprendieron a lo largo de la vida de los ecosistemas de la química.

No cabe la menor duda porque, por ejemplo, nosotros con este dispositivo hemos demostrado lo que se llama técnicamente un benchmarking con otras tecnologías que están hechas por compañías mucho más grandes, con tecnologías que están probadas pero que son mucho más costosas, onerosas, digamos. Y nosotros pensamos que desde la creatividad, poniendo mucha ciencia atrás de las ideas que tenemos, se pueden obtener resultados muy interesantes y muy competitivos.

A ver, quería tratar de encontrar: cuando se decidió estudiar lo que se decidió estudiar, ¿tuvo duda de estudiar alguna otra cosa? ¿Y cuánto la economía atraviesa su pensamiento?

Bueno, acá la respuesta tiene dos planos.

A ver.

Primero, lo que yo estudio primariamente es la química, que es una disciplina que me acompaña desde hace mucho tiempo. A los 10 años yo supe que quería ser químico y después fue una cuestión de buscar los caminos para alcanzar ese objetivo. Luego, hubo un cambio importante que a mí creo que me dejó un sello importante: es cuando viví en el exterior. Durante mi etapa en el exterior...

¿Dónde?

Mi primera etapa en el exterior fue en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. Fui primero como postdoc y después me quedé un tiempo más en una posición que se llama Research Fellow. Y ahí empecé, de alguna manera, a estar expuesto a un ecosistema, a un entorno donde muchísimos desarrollos que se hacían en el laboratorio inmediatamente tenían una contraparte aplicada. Aparecía la idea de armar una empresa de base tecnológica o transferirlo a alguna industria. Era un ecosistema muy dinámico y realmente me cautivó mucho la idea de atravesar esa barrera del laboratorio y llegar a la gente, donde existen diferentes mecanismos. No necesariamente uno tiene que llegar a la sociedad a través de la formación de una empresa de base tecnológica; existen muchos otros caminos. Pero a mí, como químico, también me genera mucha satisfacción, además de una creación colectiva que se pueda materializar en un dispositivo, encontrar que eso que uno hace le da una herramienta útil, le otorga una herramienta útil a alguien que la necesita.

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Bueno, en particular, ahora, en este momento, estamos trabajando con este mismo dispositivo. Esto es una cápsula microfluídica, es un cassette microfluídico que, dependiendo de la dolencia que usted quiera mostrar, monitorear, tiene un chip diferente. Uno de los trucos que hacen los químicos es modificar molecularmente ese chip para que pueda reconocer muy específicamente algún patógeno o alguna molécula. Nosotros ahora estamos trabajando muy enfocados en Hepatitis E, conjuntamente con un equipo de investigadoras de la Universidad de Tucumán y de la Universidad de Buenos Aires, donde inclusive ya creamos un dispositivo que funciona muy bien e inclusive le incorporamos machine learning para mejorar la precisión de la medición. O sea, que incorporamos un montón de herramientas para hacer una herramienta muy versátil. Esa herramienta en particular esperamos poder ponerla en el campo probablemente el próximo año.

Omar, felicitaciones.

Muchas gracias.

Nos da mucha alegría poder hacer notas así. Sigan así, sigan con creatividad, con esa combinación. Yo le diría al revés, que los economistas tienen mucho que aprender de la química y de los ecosistemas para que funcionen en estabilidad, como está demostrado. Y que sigan demostrando hoy nuestro plan económico actual. Nuevamente, muchas gracias.

Muchísimas gracias a usted.

 

LMM