Día 992: Los trolls saltan del barco
Entre fallos insólitos en la red de bots, el alejamiento de sus principales armadores digitales y una tensión creciente en el gabinete, el Gobierno empieza a dar señales de hybris. La convicción mesiánica de Milei y la pérdida del termómetro social amenazan con hacer agua en el terreno donde mejor sabía navegar: la propia comunicación.
El presidente está cada vez más sólo. Está tan sólo que hasta los esclavos digitales, los trolls programados en granjas para contestar y defender al oficialismo, fallan o directamente abandonan al presidente en las redes. Y además de ellos, también se alejan los comunicadores y propagandistas de carne y hueso.
Hay un antecedente que debería mirar con atención el Gobierno: Mauricio Macri ganó las elecciones legislativas de 2017 y creyó haber encontrado la fórmula del éxito. Después de aquella victoria, el macrismo creyó que se las sabía todas y alejó a Jaime Durán Barba, quizás el mejor estratega electoral de los últimos años. Con el tiempo perdió la capacidad para leer el humor social que había sido clave para llegar al poder.
¿Puede estar repitiendo Milei el mismo error? El desplazamiento de Santiago Caputo, reemplazado por Oría, del área de comunicación, y ahora el conflicto con Agustín Laje parecen indicar que está cometiendo el mismo pecado. Los griegos llamaron hybris al momento de la tragedia griega que describe la soberbia de quien se excede y cree estar por encima de sus límites.
El problema no es cambiar de estrategia: es creer que la victoria demuestra que ya se entendió para siempre a la sociedad. Ganar una elección no significa necesariamente saber por qué se ganó.
En las historias de magia y espada, más cercanas que la tragedia griega y producto de la cultura pop, suele haber una regla recurrente: cuando se elimina al enemigo principal, que suele ser un brujo malvado o nigromante, todos sus esbirros se disuelven o liberan. Al quedar abatido el mago como fuente del conjuro, se rompe el hechizo y la amenaza desaparece por completo.
La realidad nunca es tan sencilla, pero hay una analogía muy similar en el entorno digital. La detención de Cerimedo en Bolivia coincide con la caída de la actividad en redes de los libertarios. Es que Cerimedo era una especie de “brujo”, que tenía miles de esclavos digitales dedicados a apoyar cada posteo de Milei y los líderes de ultraderecha de la región.
Durante el allanamiento a la vivienda de Cerimedo se encontró una pequeña granja de bots. Desde una computadora se manejan cientos o miles de celulares, cada uno con su cuenta en redes sociales. Esclavos digitales dispuestos a postear fake news, discutir en defensa del Gobierno, insultar y atacar opositores.
Una de las características llamativas del ascenso de Milei fue que no tenía un partido nacional atrás, y que logró suplirlo con la actividad en redes. ¿Cuánto de la potencia digital del mileísmo era militancia espontánea y cuánto dependía de una maquinaria profesional de amplificación?
Pareciera que la caída de los trolls coincide con la caída del apoyo orgánico. Un informe de Ad Hoc y Onclusive muestra una fuerte baja de la actividad libertaria en redes. Las 15 cuentas más activas pasaron de 5.022 menciones a Milei en abril de 2026 a 3.697 en julio. Además, las menciones de una de las cuentas más activas cayeron 18%, pero sus interacciones se desplomaron 39%.
También el propio Milei redujo su actividad: en julio hizo 1.139 automenciones, 28% menos que su promedio de 2026. Al mismo tiempo, hablar del presidente genera cada vez menos interacción. Por eso, la militancia digital cambió de estrategia: dedica más espacio a atacar a “los kukas” y a periodistas que a defender los resultados de la gestión.
Los bots mal programados que dejaron expuesta una discusión liberal en X
Pero a esta caída de la actividad se suman los traspiés del propio equipo de comunicación.
Tras el desplazamiento de Santiago Caputo de la comunicación oficial, el cineasta Santiago Oría pasó a coordinar la comunicación digital. Su debut fue, como mínimo, accidentado. Una granja de bots que utilizó para respaldar uno de sus tuits quedó mal configurada y decenas de cuentas respondieron con la palabra “reply” al principio de cada tuit.
Aquí vemos en pantalla. Los tuits se configuran desde una computadora. Por un error de software o de aplicación, la columna de Excel donde se catalogaba el número de respuesta terminó siendo parte del mensaje, revelando la operación. Por eso los mensajes comienzan diciendo “Reply 1”, “Reply2”, o “Reply8”, etc.
Los números de respuesta son codificaciones que deberían disparar esas respuestas predeterminadas según determinados casos. Pero evidentemente hubo un error en la carga de los datos que terminó incluyendo esa numeración en los propios tuits.
El episodio generó burlas en X. Algunos hasta pidieron la vuelta de Cerimedo. Lo que ocurrió recordó también a otro episodio ocurrido durante el Gobierno de Mauricio Macri, cuando distintos bots postearon mensajes muy extraños, como “satisface a Mauricio”, o “caricias significativas desde Hurlingham”.
Si bien la frase puede resultar correcta gramaticalmente, la forma inusual y extraña evidencia la intervención de una mala traducción automática. Pero este episodio ocurrió en 2019. Uno esperaría que siete años después la tecnología se hubiera perfeccionado. Bueno, no es el caso.
Santiago Oría respondió a la nota crítica de La Política Online que señaló esto mismo que estamos exponiendo, el descontrol en redes de los mensajes automatizados. Y lo hizo como con el mismo estilo de sus trolls de internet: “Larguen la merca”. Pero al parecer el desbande del entorno digital es sólo una proyección de los conflictos que está teniendo internamente el Gobierno.
Según fuentes cercanas a Casa Rosada, Luis “Toto” Caputo atraviesa un momento de tensión extrema por la marcha del plan económico. El ministro de Economía quiere anunciar medidas pese a que Javier Milei insistió en que no es necesario modificar el rumbo de la gestión. La postura presidencial generó malestar en Caputo, que observa con preocupación la evolución del dólar y las dificultades para sostener el superávit fiscal.
Parte de estas medidas tienen que ver con lo que Caputo anunció en conferencia de prensa el miércoles. Además, llevó a la mesa política que encabeza Karina Milei una propuesta para publicar todas las tasas de interés, con el objetivo de transparentar el costo de las deudas. Caputo está muy irritado, “intratable”, dicen algunos, y este martes incluso pidió una ley para castigar a periodistas.
Lo que ignora el ministro de Economía es que esas leyes, ya existen: el ordenamiento jurídico argentino contempla responsabilidades civiles y penales frente a la difusión de determinadas informaciones falsas o injuriosas, aunque esas normas deben aplicarse dentro de los límites establecidos por la Constitución y las garantías vinculadas con la libertad de expresión y de prensa.
En el mismo sentido, Milei volvió a atacar al periodismo durante una charla ante alumnos de 4.º y 5.º año de la escuela ORT, donde los alentó a abuchear a los periodistas. “Si quieren abuchear más fuerte a los periodistas, se los voy a festejar”, dijo.
Notemos que el presidente está como sedado. Y que tampoco desata euforia en la audiencia. Apenas un sector es el que le sigue el juego, primero tímidamente. Y aún después de que pide que todo el auditorio abuchee, es apenas la mitad o menos la que le hace caso.
Escuchemos otro fragmento donde “demoniza” al marxismo.
En el discurso también atacó a sus adversarios políticos y vinculó al marxismo con el satanismo. Sus dichos generaron un fuerte rechazo entre exalumnos, docentes, trabajadores y familiares de la comunidad ORT, que sacaron un comunicado en el que expresaron que Milei representa “valores contrarios a la tolerancia y la convivencia democrática”.
La trama Cerimedo, de los ataques con sello de sicarios a la pericia de audios que desvelan al poder
Parece que quedaron lejos aquellos días en los que, según decía Milei, era muy alta la demanda de sus conferencias. Pero Milei no solo genera crisis en la ORT, también en el palacio. Trascendió un grave episodio ocurrido el 15 de agosto en la Quinta de Olivos. Una fuerte discusión entre Javier Milei y su hermana Karina. Según los relatos de testigos, el enfrentamiento habría escalado hasta la amenaza de una agresión física, y una patada a uno de los perros del presidente.
Y en el terreno de la batalla cultural la cosa tampoco está tranquila. Milei se cruzó muy fuerte con Agustín Laje luego de escuchar sus declaraciones en una entrevista en la que cuestionaba algunos aspectos de la situación económica y social del país.
“La gente no come batalla cultural”, le dice el periodista. Una buena síntesis. Lo que se pone sobre la mesa es algo completamente lógico. La “batalla cultural” puede servir para ganar una elección, pero no alcanza para gobernar. Si la gente no siente una mejora concreta en su bolsillo, en el trabajo o en su vida cotidiana, los grandes debates ideológicos pierden fuerza. Y ahí aparece el riesgo para Milei: que el discurso que alguna vez funcionó como motor de movilización termine chocando contra una realidad económica que no puede resolverse con tuits, trolls y discursos incendiarios.
Milei reaccionó enviándole mensajes cargados de insultos y escritos todos en mayúsculas. “Hijo de puta”, “traidor” y “ya vas a ver” y lo bloqueó. Tuvo que intervenir Santiago Caputo para evitar que Laje abandonara la Fundación Faro, una organización muy importante vinculada al armado libertario y el financiamiento de las campañas.
Como mencionamos al comienzo de esta columna, Macri ganó las legislativas de 2017 y creyó que ya tenía la fórmula del éxito. Alejó a Jaime Durán Barba y eso lo perjudicó. Le quitó elementos para evaluar la realidad. En Milei se suma otro elemento: el mesianismo. Milei se cree enviado por Dios para cumplir la misión de reconstruir la Argentina. Considera que “las fuerzas del cielo” garantizarán su éxito.
Para él no se trata solamente de la soberbia de haber logrado llegar al poder sin un partido nacional o tradición política, sino de la convicción de estar llevando adelante una misión histórica y divina. Cuando un líder empieza a verse a sí mismo como quien tiene una verdad que los demás todavía no comprenden, las críticas dejan de ser advertencias y pasan a interpretarse como ataques. Y los asesores que alguna vez fueron útiles pueden convertirse, de un día para otro, en obstáculos en el menor de los casos, y en enemigos en el peor.
El problema es que el mesianismo puede alimentar la hybris: la sensación de que el éxito confirma que el camino elegido es necesariamente el correcto. Si además se desplaza a quienes ayudaron a construir el triunfo, el Gobierno corre el riesgo de encerrarse en su propia narrativa. Y ahí aparece la paradoja: cuanto más convencido está un líder de que ya entendió a la sociedad, más peligro corre de dejar de escucharla.
Aislándose, Milei se encierra cada vez más en su cámara de eco. Ni siquiera Karina se salva de ser blanco de sus ataques de furia. Evidentemente, ganar una elección no significa saber por qué se ganó.
Cuando ni siquiera los trolls programados por computadora responden a los designios del presidente, quizás haya llegado el momento de preguntarse si el problema está en los trolls o en quien les daba las órdenes. Porque si hasta los esclavos digitales saltan del barco, significa que nada funciona de acuerdo al plan, o poco. El Gobierno parece empezar a hacer agua justo en el lugar donde residía su fortaleza.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
MEG