Ayer se dio un paso clave en una causa que, por más que por momentos parezca perder velocidad en los medios, mantiene una gravedad institucional inédita. Declaró Nadia Beller, la persona brutalmente atacada por los sicarios vinculados al señor Fernando Cerimedo, y solicitó formalmente ante la justicia de Bolivia ser incorporada al programa de testigos protegidos. Por el momento, el caso atraviesa una meseta en materia de novedades inmediatas, pero habrá que ver de cerca cómo sigue la historia en el fuero internacional.
En paralelo, y a un ritmo parsimonioso —como suele ocurrir con los tiempos de la justicia—, ayer comenzaron los peritajes sobre los famosos audios distribuidos en español. Conviene aclararlo sin rodeos: ambos hechos son dos caras de la misma moneda. Se presume que el propio Cerimedo, formando parte del gobierno del presidente Javier Milei —tal vez de manera informal, pero parte al fin, porque la informalidad jamás puede ser una excusa—, estuvo detrás de esta maniobra. Hablamos de un personaje conocido por coordinar granjas de bots, operaciones de prensa y un prontuario escabroso que incluye acusaciones por estafas, maniobras en licitaciones como la Hidrovía y compra sospechosa de campos.
Esa misma estructura operativa es la que habría filtrado los audios que comprometieron al exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) Diego Spagnuolo, escalando rápidamente a un problema político mayor para Karina Milei y su círculo de confianza.
Ahora, Gendarmería busca determinar si las grabaciones corresponden efectivamente a la voz del exfuncionario. Los peritos darán su veredicto, pero la discusión técnica recién empieza. Entiendo que hoy en día determinar la autenticidad de una voz mediante tecnología forense es un procedimiento sencillo; sin embargo, esto se convertirá en un terreno de disputa interminable. Dirán que la voz es, dirán que no es, afirmarán que fue alterada mediante inteligencia artificial o argumentarán que se rompió la cadena de custodia de las grabaciones —tratándolas casi con el celo de una vacuna—.
Habrá que observar con atención cómo evoluciona la pericia. Porque si la justicia prueba que la voz pertenece efectivamente a este hombre, con independencia de las operaciones sucias perpetradas por Cerimedo, el contenido de esos dichos recaerá de lleno sobre el esquema de los Menem y, en última instancia, sobre la propia señora Milei.
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