La emoción de Grabois frente al aniversario de la muerte de Francisco
El dirigente reflexiona sobre la dimensión humanista de Jorge Bergoglio, describiendo el impacto emocional de su partida y la vigencia de una agenda centrada en la defensa de los sectores más postergados.
El dirigente social Juan Grabois profundiza en su vínculo espiritual con Jorge Bergoglio, describiendo el impacto emocional de su partida y la necesidad de volver al Evangelio para sostener la lucha por tierra, techo y trabajo. A partir de un análisis crítico, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), conecta su proceso de duelo personal con la urgencia de enfrentar una "cultura del descarte" que amenaza los derechos de los sectores más vulnerables.
El dirigente social, abogado y político argentino, Juan Grabois, fundó el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), espacios que agrupan a cartoneros, trabajadores informales y cooperativas. Sobre el plano político, creó el Frente Patria Grande y se integró a distintas coaliciones del peronismo en los últimos años. Fue precandidato presidencial en 2023 dentro de Unión por la Patria y desde 2025 es diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. También tuvo un rol vinculado a la Iglesia Católica: colaboró con el Vaticano en temas de desarrollo humano y participó de encuentros impulsados por el papa Francisco.
Lo que me recuerda esa foto que fue publicada por la prensa internacional, incluso la anglosajona, de que mientras Francisco estaba internado vos estabas rezando prácticamente llorando.
Sí, es una foto muy casual. Porque, qué sé yo, yo estaba ahí, iba todos los días al hospital la última vez que fui a Roma. Quedé tan mal que no quiero ir a Roma por varios años, pero yo iba dos veces por año, me generaba dos veces por año ir a trabajar ahí con él. Y esos días fueron muy terribles porque ya había rumores de que se moría al día siguiente, había gente mala filtrando información falsa.
Aquí en la Argentina lo recuerdo perfectamente.
No quiero nombrar a nadie, pero fue terrible. Y había también un clima de cabildeo de algunos obispos, como conspirativo, que yo lo sentí mucho porque la verdad he visto y he oído, como dice el Evangelio, muchas cosas en los años que compartí con él, que trabajé con él tanto acá como en Roma. Y la verdad que volví mal de ahí. Estuve cinco días, iba todos los días al sanatorio y les abrían la cartita y le dejaban una cartita que el secretario me dijo que las recibió cuando salió del sanatorio, que estuvo un tiempito afuera hasta que falleció.
Pero el día que yo volví, ya habiendo hecho mi despedida, porque esa fue mi despedida, me pasó una cosa que te la cuento porque aparte te traje algo por todo el trabajo que vos hiciste para difundir su pensamiento. Y me pasó una cosa que yo le había pedido hace un tiempo que me mande un Evangelio de bolsillo bendecido y yo dije: se olvidó. Nunca aparecieron. Y ponele que volví de Roma a las 10 de la mañana y a las 11 había un personaje que yo desconocía, que es como si fuera el intendente de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Me dice: “Bergoglio te manda esto”, y me da una caja con esos Evangelios bendecidos que yo le había pedido hace tanto tiempo.
Entonces fue como el último regalo, por decirlo de alguna manera.
Así que te traje uno para que lo tengas, porque de hecho me contaron que los tuvieron que ir a comprar a Paraguay y después mandarlos para allá y después mandarlos para acá.
Y se lo voy regalando a la gente que yo pienso que le va a pegar una ojeada cada tanto.
Porque Francisco no era peronista ni comunista. Francisco era un cristiano, un humanista cristiano, un católico, era el Papa Francisco. Y él no seguía ni la comunidad organizada ni el manifiesto comunista, seguía el Evangelio. El que quiere entender a Francisco tiene que leer el Evangelio, que aparte es lindo de leer, sea uno creyente o no lo sea. Porque es la historia de un gran hombre de la humanidad, de Jesús, de sus enseñanzas.
Y él lo que nos quería transmitir era que sigamos a Jesús en la vida y que él, como todos los papas, es el vicario, es el representante durante un tiempo de Jesús en la tierra. Y tiene que discernir cómo aplicar las enseñanzas de Jesús en la tierra y transmitir un sentido de trascendencia que va más allá de lo que podamos hacer en este mundo, que es muy importante en nuestras microrelaciones, en nuestra vida cotidiana y también en las macrorelaciones de poder.
Es un mundo caótico, en un momento transicional, no se sabe bien hacia dónde ir. Entonces, volver al Evangelio. Y ese mensaje me llegó dos horas después o una hora después de que llegué a mi casa muy roto del viaje a Roma. Es como: hay que volver acá, hay que volver acá, hay que leer los once documentos fundamentales de Francisco, que son sus exhortaciones apostólicas y sus encíclicas.
Nosotros, los que trabajamos con los sectores más vulnerados, más oprimidos, más excluidos, tenemos que leer sus discursos a los movimientos populares, releerlos, pero sobre todo tenemos que leer el Evangelio. Eso es lo que él nos decía. Por eso decía siempre: lleven uno en el bolsillo.
¿Cómo rezás? ¿Con qué periodicidad? ¿Cuánto rezabas antes de conocer a Francisco y cuánto después?
Me ha pasado algo paradójico con eso en el último año. Por ahí es un tema íntimo, pero no tengo problema en transmitirlo. El último año fue un poco de crisis para mí. Ni fui tanto a misa, ni rezaba tanto como antes.
Yo había tenido una vocación de chico entre los 12, 13, 14 años del sacerdocio. Después de los 15 me empezaron a gustar las mujeres y no era para mí. Y después dejé, también abandoné un poco la vida religiosa. Nunca dejé de creer en Jesús. Si no fuera cristiano, porque el concepto cristiano es un concepto religioso, sería “jesucista”. Las enseñanzas de Jesús son la guía de lo que nosotros y yo en particular tratamos de hacer. Son nuestro horizonte moral.
Y después, rezar. Yo aprendí una forma sencilla de rezar que es pedir perdón, agradecer y pedir. Francisco decía: “Pidan, no se queden cortos con esto de pedir porque Dios escucha”. Y eso con cierta frecuencia lo hago, antes con mucha más frecuencia, pero bueno, no fue buen año en ese sentido. Para mí también, ahora lo veo un poco mejor, pero también cierta decepción con la Iglesia argentina.
Si el Papa Francisco estuviera vivo, muchas de las cosas que están pasando no pasarían. Por ejemplo, no habría este nivel de agresión a los sectores vulnerados por parte de distintos sectores políticos.
Nadie podría dudar de que la voz del Papa hubiese puesto freno a determinadas actitudes, como en aquel momento cuando dijo lo del gas pimienta que se le tiraba a los jubilados y que eso inhibía hasta las fuerzas.
Esa fue la última vez que yo lo vi cuando dijo eso. Fue el aniversario de los diez años de los encuentros de movimientos populares. Pero también la cuestión de la persecución política.
¿Lo dijo porque vos le dijiste?
Vos sabés que yo no le había mostrado ese video. Eso circuló y de hecho en el aeropuerto me increparon diciendo: “Vos vas y le mentís al Papa”. La verdad que si le hubiese mostrado el video no era mentira porque es efectivamente lo que pasó, pero no fui yo quien se lo mostró. De hecho también hizo una referencia al proyecto Artigas, la lucha por la recuperación de la tierra de Dolores Etchevehere, que se la sacaron sus hermanos y que ella quería compartir con los agricultores que siguen juicio. Eso va muy bien el juicio.
Hizo una referencia a eso que fue tan polémico acá, porque la idea de tierra, techo y trabajo. Francisco tenía una visión que el que no conoce el Evangelio podría decir que es radicalizada. Para él era un pecado grave no cuidar la naturaleza y la lucha por tierra, techo y trabajo era una obligación que teníamos nosotros los militantes y que tenía cualquier gobernante.
Pero te doy otro ejemplo: nadie podría enorgullecerse de subir a sus redes sociales un video donde están apaleando a un vendedor de paltas o a una persona en situación de calle, que suben sus cositas a un camión de espacio público y le roban los alfajores o las medias que está vendiendo. Eso no podría pasar.
Esa cultura del descarte sádica, y además que no se oculta, se propagandiza, no podría pasar.
Yo creo que la persecución política no podría pasar. Incluso algunas situaciones de profundización de los crímenes de guerra que hay en este momento en distintos lugares del planeta abrirían una voz de oposición que ahora, afortunadamente, el papa León XIV se despertó. Tengo esa sensación.
En los últimos días me pareció que estaba retomando a Francisco a su modo, pero que lo estaba retomando enfrentando al poder, que fue lo que hizo Bergoglio. Bergoglio enfrentó a todos los gobiernos porque era un rol de balance, no porque los odiara, sino porque tenía que poner la señal en ese núcleo duro de la pobreza y en esas injusticias que no se resolvieron en ninguno de los gobiernos desde que me toca a mí existir.
¿Cómo compatibilizás, cómo integrás la idea de que Jesucristo era paz, era no violencia, con tu necesidad de llevar adelante reclamos que exigían, en determinadas circunstancias, algún grado de agresividad?
A ver, primero porque somos pecadores. O sea, si siguiéramos bien a Jesús, todos o muchos viviríamos en otro mundo y en otro país. Segundo, porque Jesús fue signo de contradicción, dice el Evangelio. También entró con su látigo al templo a sacar a los mercaderes. Cuando Jesús dice poner la otra mejilla, no es porque es boludo, es porque a veces ese silencio desarma al enemigo, al agresor. Y la verdad que yo particularmente, que profeso la resistencia no violenta, ¿qué quiere decir la no violencia? No lastimar a alguien, tratar de no hacerlo.
Es decir, es duro lo que voy a decir, pero si hay una madre con tres hijos viviendo bajo un puente y esa madre encuentra un terreno baldío que nadie está usando, que está todo crecido el pasto, y se mete ahí para hacer una casita para que sus hijos no pasen frío, yo la respeto, la felicito y la defiendo. Está haciendo un acto de justicia.
Esa mentalidad actual parece una apología al delito y es una apología a la justicia. Cuando es tierra, techo, trabajo para todos. De ahí emerge una obligación que es luchar por eso. Si tuviéramos la receta de cómo se logra que esa lucha se transforme en una realidad efectiva, bueno, ya lo hubiéramos hecho. Algunas cosas se hicieron.
Por ejemplo, cuando Fernanda Miño, que es una catequista villera, entró a la Secretaría de Integración Sociourbana viviendo en Villa 21-24 y se fue viviendo en Villa 21-24, logró que haya 70.000 lotes con servicio para personas que no los tenían o que 250.000 mujeres pudieran hacerse una piecita más en su casa, en los barrios populares.
150.000 mujeres. Vos pensá que por ahí tenían cuatro o cinco pibes en la misma habitación y ahora los grandes no duermen con los chicos. Son cambios muy profundos en la vida de las personas que están sufriendo, que no los reflejan las estadísticas y que no “garpan” políticamente, es decir, no suman votos. Porque la cultura del descarte y de la indiferencia han creado un manto de sospecha sobre todo lo que es poner el corazón y hacer el bien al que está sufriendo, mucho más si eso implica una perspectiva de organización y de lucha.
Entonces, yo a eso a veces le digo la currificación. El discurso anarcocapitalista ha traído la currificación de todo lo que es noble. La salud pública es un curro, el periodismo es un curro, la educación pública es un curro, las universidades son un curro, la integración de los barrios populares es un curro, la economía popular es un curro, la agricultura familiar es un curro. Es decir, todo lo que no entra dentro de la lógica de la acumulación y de la adoración del dios dinero, en vez de ser algo noble, es un curro. Y por eso la justicia social deja de ser una de las virtudes políticas para convertirse en un pecado capital. Ahí hay una contraposición de sistemas de valores, de cosmovisiones.
Es innegable: el humanismo de Francisco contra la deshumanización de lo que podríamos burdamente llamar ultraderecha. Es un poco más complejo, pero podríamos encasillarlo ahí.
Gente que dice que está dispuesta a exterminar una civilización entera. Eso es un montón. Eso con Francisco hubiese tenido por lo menos un contrincante fuerte, lo cual es muy bueno que León lo esté tomando con tanta fuerza.
León lo está haciendo. La sensación que vos tenés es que en la Iglesia argentina no se está haciendo.
Yo creo que ahora estamos mejor. La verdad que le agradezco profundamente a la sobrina de Francisco, Inés, que no tengo el gusto de conocer, por haber convocado al Cura DJ, porque si no no iba a haber un aniversario masivo. A mí me hubiese gustado que haya una gran convocatoria a todas las escuelas públicas, a todas las parroquias, en donde él hizo sus cosas, que fue en la Catedral o en Constitución o en un barrio.
Pero que haya una convocatoria que sea una multitud convocada por la Iglesia de la que él fue el hermano mayor, por decirlo de alguna manera. Entonces le agradezco mucho a Inés haber hecho eso porque fue verdaderamente maravilloso, te guste más o menos el espectáculo musical, pero eso penetra en una espiritualidad de la gente común también.
Y después hay algo que lamento decir, espero que no sea inapropiado. No quiero generalizar, pero hay una tibieza. A veces pasa también en la militancia: uno piensa que por sacar comunicados y mandarlos por WhatsApp cambia algo.
Hay un nivel de atropello a cosas que el Papa Francisco apoyó, que el Papa Francisco quería. Por ejemplo, el desarrollo de las cooperativas de la economía popular. El mes que viene, si no salen bien las medidas judiciales que se están presentando, va a haber 900.000 personas que no van a cobrar sus 78.000 pesos, que es lo que gana una doña que está en un barrio revolviendo una olla o un cartonero cooperativizado que con eso complementa lo que gana vendiendo o un costurero que salió de un taller clandestino y armó un polo textil. Es decir, todas las cosas por las que peleamos junto a Francisco las quieren romper de un plumazo como quieren destruir con la ley de propiedad privada, que ahí estuvo muy bien Carrara en la audiencia pública. Pero esto de las bajas es de una crueldad y de un impacto en los más porque son tres garrafas, no es no nadie se va a ir de vacaciones a Nueva York o a Punta del Este.
Sacarle ese poquito que tiene la gente, meterse con los más frágiles y encima hacerlo en nombre de una determinada moral. Bueno, son valores, un sistema de pensamiento y de acción política antagónico con el proyecto de Jesús y con lo que nos enseñó Francisco.
Me decías que estabas un poco deprimido. Hablaste de duelo, de la Iglesia, de rezar menos. Me gustaría que compartieras algo emocional. ¿Qué es lo que te pasa a vos? ¿Cómo atravesaste este año? ¿Cómo te afecta?
El duelo, según Freud, duraba tres años. Espero que dure un poco menos. Parte de mi generación militante, los del 2001, crecimos sin grandes referencias internacionales, nos formamos solos. Y Francisco se convirtió en esa referencia que sintetizaba una forma de humanismo necesaria para este momento histórico.
Vos tenés dos duelos.
Además de lo de mi papá. Dos figuras de adultos, aunque yo también soy un adulto.
Dos padres juntos.
Y además Francisco era mi amigo, yo podía hablar de mis cosas con él, como no puedo hablar con otras personas.
Eso a cualquier ser humano lo afecta. Algunos consejos me daba, cada tanto no los cumplía bien, pero algunos consejos me daba. Y ahora es un momento en el que miro mi experiencia en la Cámara de Diputados, es muy triste.
Cuando muere el padre, uno pasa a ser padre. Es uno el que tiene que dar consejos.
Sí. O sea, algunos de hoy, de hecho el día de la rave, de la fiesta electrónica, yo no pude ir, lo vi por afuera porque tenía que cuidar a mi hijo. Y también tengo un rol de cuidar y de guiar a un conjunto de personas, de militantes, que ven en mí una referencia. Tengo un rol ahí, que cada uno hace como puede en la etapa en la que está. Y te decía, de repente soy diputado, algo a lo que nunca aspiré porque no me atrae lo performático.
Y si hubiera atraído, lo hubieras podido haber logrado hace 10 años.
Totalmente. Nosotros promovimos otra. Sí me parece un logro que Natalia Saracho, una cartonera, esté en la Cámara de Diputados, que Fernanda Miño esté en la Cámara de Diputados.
Sí, pero a vos no te importó.
Yo qué tengo que hacer ahí no lo tengo todavía claro. Tengo un montón de ideas, proyectos que no van a prosperar por la polarización en la Argentina, pero que pueden ser prefigurativos para el futuro.
No nos podemos poner de acuerdo siquiera en tener un programa nacional de educación digital integral para que los pibes no sean víctimas de conductas adictivas y autodestructivas. Hay un abandono del mundo adulto sobre los niños y sobre los vulnerables en general, pero en particular sobre las dos puntas de la fragilidad: los niños y los ancianos.
Eso es enseñanza de Francisco. Miren a los niños y miren a los ancianos. Uno ve el castigo que reciben los ancianos y el abandono de los niños, y uno se pregunta cuánto más se podía hacer desde otra posición.
Varias pistas dicen que el Papa Francisco no se fue
También ver un ámbito de degradación institucional, moral y política en el Congreso Nacional.
MV
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