Polémica por los Martín Fierro

Luis Ventura por polémica con Sietecase: "Si quieren un Pulitzer, que lo hagan, esto es un espectáculo"

Luis Ventura defendió el premio a Jonatan Viale, cuestionó a Sietecase y afirmó que los Martín Fierro “son un premio de espectáculo”.

Luis Ventura Foto: CEDOC

La polémica por la devolución de los premios Martín Fierro por parte de Sietecase abrió un fuerte debate sobre los criterios de APTRA para premiar el periodismo. En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el presidente de la entidad, Luis Ventura, defendió la distinción a Jonatan Viale y sostuvo: “Si quieren un Pulitzer, que lo hagan esto, es un espectáculo”.

Luis Ventura es un periodista, conductor y dirigente argentino vinculado históricamente al periodismo de espectáculos. Conduce programas de radio y televisión dedicados a la actualidad del espectáculo y la farándula, y actualmente se desempeña como presidente de APTRA, la entidad que organiza los premios Martín Fierro. También trabajó como director técnico y manager en el fútbol argentino.

Muchísimas gracias por estar acá y queremos que nos ayudes a charlar juntos y tratar de encontrar un punto de acuerdo por esta polémica que se generó del premio Martín Fierro que Sietecase decidió devolver, enojado por el premio al mejor periodista. Me gustaría primero tu propia visión y después empezar juntos a pensar cómo hacer premios a los periodistas que sean reconocidos.

Sietecase no es un innovador en esta decisión. Ya ha ocurrido con otros enojados porque no fueron distinguidos, porque tienen una mirada diferente de lo que la entidad determina y, si está muy enojado, no tiene adónde dejar las estatuillas. Le ofrezco mi domicilio, que me las mande, yo las recibo y les voy a dar el lugar que tienen que tener.

Luis, respecto de la crítica de Sietecase, independientemente del acto de devolver las estatuillas, ¿encontrás algo que te resulte comprensible?

Estoy acostumbrado, Jorge, a este tipo de situaciones, de gestos, y lo que demuestra la intolerancia de muchos colegas es que sus decisiones profesionales tienen que ver más con un totalitarismo, con una dictadura, que con una democracia. En la democracia, yo tengo entendido que debe haber pluralismo, convivencia de pensamientos diferentes, y él presenta esta queja a partir de querer censurar a alguien con el que yo no tengo conexiones ideológicas ni políticas, que es Jonatan Viale. ¿Por qué? Si yo quiero nominar o premiar —cuando digo yo, es la entidad—, él tiene que condicionar esa posibilidad. ¿Por qué? ¿Quién es, Dios? ¿Quién es Sietecase? Porque Sietecase, yo creo que en este tipo de coyunturas mediáticas, él siempre aparece con algo novedoso. Le debe haber parecido novedoso renunciar, aburrirse. Me parece bárbaro que no participe más. Mejor.

Pero permitime a lo mejor llevar el debate a la cuestión de fondo. Y quizás haya un problema semántico alrededor de esto. Yo me siento identificado con la crítica de Sietecase a Jonatan Viale, quiero decir, yo no sé si la actitud es devolver el Martín Fierro o no, pero la pregunta es: ¿por qué los periodistas de APTRA no consideran grave que un periodista que entreviste al Presidente edite una pregunta que le pide el asesor del Presidente que no haga?

Porque lo hacen un montón de periodistas y, sin embargo, no están censurados.Incluso, yo lo que veo en Sietecase es que él tiene puesta una camiseta ideológica y responde plenamente a esa camiseta.

Pero antes de eso, quedémonos simplemente en la cuestión técnica del periodismo. Por ejemplo, en cualquier escuela de periodismo eso sería considerado una mala práctica periodística. Ahora, que vos me decís que lo hacen muchos periodistas, estoy totalmente de acuerdo, lo hacen muchos periodistas.

Y muchas empresas periodísticas.

Muchas empresas, pero no con el Presidente, digamos, porque hay grados, ¿no? Finalmente, en una nota secundaria que no tiene interés público político, tener un gesto de cortesía con un entrevistado y eliminar una parte...

Si vamos a ver con esa lupa, yo creo que quedamos pocos de pie.Sí, quedamos pocos de pie. Entonces me da la impresión que hay que adaptarse a la mirada y al criterio del otro, porque hay otros, ¿no? Sietecase no es el único periodista de Argentina. O por lo menos el único, digamos, que se dice periodista. Y quiero yo saber, porque es muy fácil hacerlo, yo tengo archivo para buscar notas y posturas con respecto a otros temas anteriores, seguramente le vamos a encontrar el lunar a 7 Cases. Entonces me parece que hay un lugar donde la tolerancia con que tu voto, con que tu opinión, con que tu mirada no esté adentro de lo que teóricamente va embutido en una decisión colectiva, con que estés afuera. Yo he estado afuera de muchas polémicas, debates y situaciones. Yo he sido cagado a palos por la dictadura militar en determinado momento, me han encarcelado, he tenido muertes de compañeros que he perdido con torturas, con desapariciones universitarias en la Universidad Tecnológica Nacional, donde yo estudié hasta quinto año de Ingeniería. Entonces está todo bien.

¿Quinto año de UTN?

Quinto año de UTN, 22 materias aprobadas, 27 cursadas.

Déjame ponerme del lado deSietecase.

No, está bien, ponete, es tu derecho, Jorge, yo no lo voy a inhibir.

No, ya sé, pero tratar de ser constructivos y encontrar un...

Así no se construye.

Bueno, yo quiero tratar de ser constructivo para el periodismo. Es probable que tengamos un problema semántico, y esto es una cosa que en otras organizaciones periodísticas tenemos: una cosa es un premio en la televisión, donde a lo mejor los parámetros tienen que ser el rating, la calidad de entretenimiento que produce, el afecto que le produce a la audiencia, el carisma de quien los lleva adelante, que no tiene que ver a lo mejor con los mismos parámetros con los que se juzga el periodismo en un sentido más estricto, si vos querés, o el periodismo político o el periodismo escrito. En Estados Unidos, me imagino y te consulto, si sé en el caso de los premios Pulitzer que da la Universidad de Columbia, pero en el caso de los premios de periodismo que da la Asociación de Televisión, ¿cuáles son los criterios que utilizan? Probablemente similares a los de ustedes.

Claro, pero acá...

Que no son los mismos del Pulitzer, quiero decir. A lo mejor lo que está faltando en la Argentina es que falte el Pulitzer.

Pero yo les dejo que implementen y creen el premio que se les antoja. Este es un club de periodistas no subsidiado, de mantenimiento propio, que tiene un centenar de colegas de todos los niveles, de distintos medios, pluralista, que se maneja, digamos, con un estatuto propio, y en ese club las indicaciones son estas. Las tomás o las dejás. Si las tomaste e ingresaste, sabés cuáles son las reglas y tratá de manejarte adentro de esas reglas. Dentro de esas reglas está el pagar una cuota mínima. Tenemos casi todos los socios, no todos, porque a medida que hemos crecido, yendo camino al crecimiento, se han modificado algunas cosas económicas por los tiempos del país y de la sociedad. Nosotros tenemos un plan de medicina prepaga, donde tengo 25 casos oncológicos con tratamientos que hay que solventar y sale muy caro, y que nos lleva muchas veces a niveles de pago mensual de 45 millones de pesos. Todo eso generado por la entidad. Entonces, en ese club hacemos lo que queremos, lo que se nos antoja y lo que decidimos en asamblea. ¿Qué si tiene que venir a meter gente de afuera? Si no le gusta el premio, que no vaya. Si no le gusta recibirlo y decir gracias, que no lo haga. Nosotros no imponemos, pero sí queremos que se nos respete y no que se nos bastardeé todo el tiempo.

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Claro, y simplemente estoy tratando de llevar incluso a la audiencia, a nuestros colegas, a convertir esto en algo positivo respecto de la discusión, si vos querés, de nuestra profesión. O sea, la asociación de periodistas de APTRA son periodistas de espectáculos.

Son periodistas, no de espectáculos. O sí, son periodistas.

Yo entendía que tenían una especialización en la materia.

Con la entidad sí, pero hoy la sigla dice Asociación de Periodistas de Televisión y Radio Argentinas. Pero ahora APTRA, el Martín Fierro, ha llevado a que otros estamentos sociales nos hayan elegido para ser el Martín Fierro Inmobiliario. ¿Yo qué les digo? ¿No? Cuando me traen un negocio que le permite a APTRA percibir un dinero para pagar todo su sistema estructural, ¿le digo que no? Le dije que sí. Nos unimos de gente que tenga que ver con la inmobiliaria, armamos un jurado, una ayuda memoria, el periodista que puede y quiere lo vota, el que no, no lo vota. Sobre esos resultados entregamos la cantidad de estatuillas que correspondan. El del deporte, el del cine, el del Uruguay. Nos contrata Uruguay para que le hagamos el Martín Fierro uruguayo. Quiere decir que en algún lugar hemos generado un elemento de exportación, como es una estatuilla con un gauchito que vende cultura en un país condicionado con la cultura. Nosotros llevamos la cultura argentina a Miami, cuarta edición que estamos haciendo; a Uruguay, que vino y compró; Paraguay, que está preguntando para que lo llevemos; Ecuador, que quiere que lo hagamos; Perú, que también quiere que lo hagamos. Entonces, en el país donde nació el gauchito Martín Fierro, lo estamos haciendo pelota cada entrega.

Es que te escucho y pienso: bueno, vos le estás dando una dimensión a una marca, una construcción de marca, y entonces después hay un problema semántico. Y algunas personas lo entendemos como si fuera el Nobel. Entonces creo que hay una incomprensión, un choque cultural, para decirlo de alguna manera, de distintas formas de entender lo que el premio significa. Déjame quedarme —y ya voy al tema general de lo que significa convertir hasta el premio inmobiliario—, pero dejame un minuto para agotar el periodismo y vamos a hablar ya del premio Martín Fierro casi como una marca que trasciende a la televisión. Es decir, creo que una cosa es el periodismo como se lo concibe en televisión y otra cosa es el periodismo como se lo concibe en la palabra escrita, en los diarios, en las publicaciones. Probablemente lo que haya ahí sea una contradicción entre dos maneras de percibir el periodismo más como entretenimiento en la televisión y no considerar ese componente.

El periodismo es un negocio. Si no lo entendemos así, no entendemos nada.

Una profesión no es un negocio. No, pero termina.

Una profesión en función de un negocio. Es decir, si vos tenés una empresa gráfica y no vendés revistas, no sobrevivís. Si vos no vendés publicidad, no sobrevivís.

Pero hay formas y formas, Luis. Vos podés aceptar determinadas formas o poner determinados límites. Quiero decir, la Iglesia Católica también necesita recursos para pagar el mantenimiento de las iglesias, pero no son...

El Vaticano tiene picaportes de oro, quiero decir, tiene poco de espiritualidad, eso.

Bueno, a ver, por ejemplo, una universidad. Las universidades también tienen un componente material, pero tienen un componente simbólico. Entonces, ¿es necesario poner materialidad? ¿La materialidad es lo mismo en una universidad que en una empresa privada? No. Entonces, hay una perspectiva en las empresas, en los diarios, para ponerlo en términos concretos, de que la materialidad tiene un límite, un límite de subsistencia, pero no un objetivo final. Mientras que, a lo mejor, en el mundo del entretenimiento, la materialidad es todo. Y la difusión, la llegada del negocio, como decís, en el cine, en Netflix, el negocio es todo. Entonces, para tratar de subsanar este tema semántico que yo digo, de que a lo mejor lo estamos mirando con una categoría que no es la adecuada, ¿cómo hace la televisión norteamericana para premiar a los mejores periodistas junto con los que premia el mejor programa de entretenimiento? Contanos cómo es en la televisión norteamericana.

El detalle fino yo no lo tengo, y tampoco me importa. Yo sé cómo hago yo para llevar adelante una gestión de una entidad en la que esta directiva está hace 10 años, después de haber tomado una entidad quebrada, en rojo, con socios que me decían: “Si no agarrás vos, desaparecemos en menos de un año”. Buena administración.

Luis, no cabe ninguna duda que vos convertiste a los premios Martín Fierro en una megaorganización. Eso no cabe en ninguna duda, porque hay un problema semántico. Determinadas personas lo consideramos como el Nobel y, si uno lo considera como el Nobel, bueno, hay un problema.

Jorge, no me puedo hacer cargo de lo que piensen los demás, yo hago lo que tengo que hacer yo. Yo propongo, si te gusta te subís, si no te gusta te quedás en tu casa.

Bueno, entonces cambiamos de categoría y vamos a la categoría empresaria. Vamos a analizar al Martín Fierro como si uno analizara Telefe, una empresa de entretenimiento, una organización que incluso hasta tiene una mutual. Entonces vamos a analizar al Martín Fierro como empresa. En el mundo de la pintura se plantea que el valor de las obras de los pintores tiene alguna relación con la escasez, pero viene un señor que se llama Milo Lockett y dijo: “No, todo lo contrario, yo voy a producir una enorme cantidad de obras de arte y la enorme cantidad le termina dando valor y visibilidad a ese artista”. Uno podría decir: bueno, los premios, en la medida que vos hagas Martín Fierro de todo, va a perder valor cada uno de los Martín Fierro, porque la ley de oferta y demanda termina siendo que si hay más, tienen menos valor. Pero bueno, te puse el ejemplo de Milo Lockett, que es al revés. ¿Cuál es tu visión respecto de aumentar la cantidad de premios?

Mi visión es: ¿por qué los argentinos nos negamos al optimismo, a la alegría, a la felicidad, a la celebración, a distinguir nuestros profesionales, a exportar nuestros contenidos? ¿Por qué estamos todo el tiempo caracúlicos mirando el índice de inflación, cuánto subió el dólar, por qué hay tanta inseguridad en la provincia, por qué hay tantas rutas sin hacer después de haberse cobrado las licitaciones que correspondían? En lugar de poner el foco ahí, yo lo pongo en: vamos a premiar a Fontevecchia. ¿Por qué? Porque hizo esto, esto, esto y esto. Después sale Sietecase y nos pega porque te premiamos a vos o porque él no quiere que te premiemos.

No va a ser el caso.

No, no va a ser el caso, pero lo pongo desde el grotesco, quiero plantearlo. ¿Cómo me va a manejar la entidad ahora Sietecase porque tiene siete, ocho, 25?

No, no, no. Pero Sietecase no es que le plantea manejar la sociedad. Creo que lo que a Siertecase le pasa es que rechaza la forma de periodismo de Jonatan Viale.

Sí, pero no rechaza la de Silvia Mercado, por ejemplo, una operadora, no periodista, quiero aclarar, que dijo que Ventura iba una vez por mes a la Casa de Gobierno a que Zannini le pagara 600 mil dólares. Ella no solo que... Yo la invito a que venga a mi casa para que vea dónde vivo y cómo sigo viviendo en mi barrio de Lanús, en un departamento de dos ambientes. Ese señor que cobraba 600 mil dólares, como ella dijo y nunca desmintió, era porque estaba operando y me quería voltear por algo.

¿Ganó un Martín Fierro esta señora?

No, ni lo ganará, porque no es periodista. Ella vende que es periodista. O Lilita Carrió, que salió a decir que yo trabajaba para la SIDE y en una elección siguiente me convoca para acercar líneas y me hace convocar por gente de ella. Entonces yo lo que digo es: distinguimos a personalidades que teóricamente parece que tienen una investidura, un estudio, una graduación, y en realidad son tan mortales y de carne y hueso como todos nosotros.

Luis, nuevamente acá estamos en este malentendido respecto de cómo concebimos qué es el periodismo. Cuando vos decís “¿por qué siempre estamos mostrando lo malo?”, usaste la palabra. Es verdad, es decir, el periodismo concebido desde el periodismo clásico del perro guardián, el periodismo norteamericano, el primer periodismo importante y autónomo e independiente que hubo en el mundo, por una cuestión económica, porque tenían los recursos en Estados Unidos para hacerlo y fueron, de alguna forma, el faro sobre el que se construyó el resto del periodismo, por lo menos el periodismo del mundo capitalista, parte de la idea de que lo que hay que contar es lo que está mal. Es decir, eso...

Pero no es así.

Ese, en el periodismo político, es correcto.

No solo existe la enfermedad y la muerte, está también la vida, la alegría y la satisfacción.

Lo que nosotros estamos acá es frente a un problema de enfoque, de categoría respecto de qué es el periodismo. Obviamente, cuando el periodismo es al Presidente, no es lo mismo cuando el periodismo trata de temas que tienen que ver, por ejemplo, con la alegría, con el espectáculo, con el entretenimiento. Creo que acá el tema es usar las categorías del espectáculo para la política, lo que no es un tema de APTRA, es un tema mucho más grave, que es lo que vemos en los últimos años en todo el mundo: que los presidentes se comportan como grandes entretenedores y, para ser presidente, muchas veces la empatía que vos mencionás...

Jorge, yo doy clases hace siete años en APTRA de periodismo, sería el curso. Cada vez tengo más gente. Comenzó siendo una invitación a dar una charla, me llamaron una semana después y me dijeron: “¿No podés dar otra charla?”. Di dos charlas. “¿No te podés quedar todo el mes?”. Me quedé un mes. Llegué a tener cerca de 70 alumnos, que los dosifiqué en dos clases para que no hubiese 70 en un Zoom, porque me empezaron a caer inscripciones de Cancún, de Nueva York, gente que estaba en el exterior y que quería entrar. Y en determinado momento también gente que no tenía suficiente preparación cultural, porque no había terminado la primaria, porque no sabía escribir. Y entonces dije: esto no es periodismo, esto es comunicación. El mundo, el universo del periodismo hoy integra un mundo de comunicación, y eso me lo enseñó Jorge Lanata en una sala de teatro donde reemplazó a Gasalla, que lo dejó plantado a Lino Patalano en teatro, en el centenario del Maipo. Y con Lanata, Lino Patalano montó un espectáculo que se llamaba “La Rotativa del Maipo”. Hizo un monólogo de 40 minutos de la comunicación que fueron magistrales.  A Lanata, yo recuerdo, lo asesinaron por esos 40 minutos y Ventura, en todas sus editoriales, lo distinguía porque estaba 10 años adelantado con respecto al periodismo y a la comunicación, que son parecidas pero distintas.

Bueno, ahí estamos poniéndonos de acuerdo, estamos llegando a un acuerdo de término. Está bien, este es el conflicto. O sea, la comunicación es mucho más amplia que el periodismo.

Y la política se mezcla, porque ¿quiénes se meten en la vida de Milei, en la vida de Kirchner, de Cristina Fernández? ¿Quiénes se meten? Actores. Actores para ver cómo mirar al público cuando se presentan, qué perfil tienen que dar, qué mano tienen que levantar cuando es exclusivo, cuándo quieren expresar qué golpe, dónde pegan el golpe. Eso es actuación.

De hecho, la comunicación trasciende enormemente al periodismo. O sea, la publicidad también es comunicación, nada más que se rige por cánones distintos. Entonces probablemente el conflicto que tenemos acá es que le estamos asignando a los premios Martín Fierro en periodismo los criterios que tendría que tener un premio Pulitzer. Y lo que creo que acá queda claro es que falta el premio Pulitzer y, como vos decís, no es culpa tuya que no lo hayan inventado.

Que lo armen, que lo armen, si es tan fácil.

Exactamente, no es tan fácil.

Por eso, que lo armen.

Pero bueno, lo que está faltando es eso.

Pero lo que tenemos es esto.

Este es un premio de espectáculo, claro.

Pero por eso, y es argentino, ¿entendés? Nosotros, cuando metemos un gauchito en todo el mundo, donde nos están pidiendo Martín Fierro en Turquía, nos están pidiendo Martín Fierro en España, entonces vos decís: ¿qué pasó para que haya llegado a Turquía?

Vos creaste un espectáculo. Entonces, el punto es que juzgar el espectáculo con las categorías de la academia no son las adecuadas. Hay que comprender que cada uno tiene su espacio y probablemente es eso lo que haya que reconciliar. Y lo que está quizás marcando, a nivel de periodismo, nuevamente vuelvo, es que a lo mejor la Academia Nacional de Periodismo es la que tendría que haber ocupado el rol de generar algo parecido como el premio Pulitzer de Estados Unidos.

Y lo puede hacer, lo puede hacer tranquilamente.

RG