Natalia Volosin: "Esta Corte es peor que la Corte menemista"
La especialista en transparencia advierte sobre el veloz avance hacia un régimen autocrático tras la derogación del Decreto 222, denuncia un pacto de impunidad entre el Poder Ejecutivo y la Corte Suprema, y analiza con dureza la "berretización de la corrupción" en la actual gestión.
En una profunda y alarmante conversación con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil, la abogada, doctora en Derecho y especialista en transparencia Natalia Volosin traza un diagnóstico crítico sobre el presente político e institucional de la Argentina. A partir de la reciente derogación del Decreto 222 de 2003 —que limitaba el poder presidencial y habilitaba la participación ciudadana en la selección de jueces—, Volosin desentraña los mecanismos de un sistema que considera "roto".
A lo largo de la entrevista, la autora de La máquina de la corrupción no ahorra nombres ni adjetivos: denuncia complicidades explícitas en el cuarto piso de los tribunales de Talcahuano, cuestiona duramente los pliegos de Ariel Lijo y el rol de la oposición, y traza una preocupante analogía entre el modelo actual de privatizaciones y captura del Estado con el menemismo y el kirchnerismo. Una radiografía urgente sobre una democracia constitucional en riesgo latente.
Natalia Volosin es abogada con diploma y medalla de honor por la Universidad de Palermo, con un máster y un doctorado en Derecho, ambos títulos por la Universidad de Chile. Ha sido profesora en diversas instituciones como la UBA, la Universidad Torcuato Di Tella, San Andrés y Palermo. Fue consultora de entidades académicas, organismos públicos y organizaciones no gubernamentales. Es la directora de La Justa, su propio proyecto de investigación y divulgación jurídica y política, donde publica informes exclusivos como los referidos al caso Lijo, que involucran a figuras del actual gobierno
Es un gran gusto hablar con vos nuevamente; un momento más que oportuno frente a la derogación del Decreto 222 del 2003 sobre la designación de jueces y las otras propuestas al Legislativo del Gobierno Nacional que limitan la participación popular y oscurecen los procesos de designación. Vos, que sos una estudiosa del tema, queríamos contar con tu opinión más que nunca. Te escuchamos con mucha atención.
Un gusto saludarte como siempre, Jorge. Estoy muy preocupada por lo que se observa como un permanente ataque a los poquísimos mecanismos de control y de participación ciudadana que tenemos en esta ya de por sí muy frágil democracia constitucional argentina. En este caso, con una derogación prácticamente completa de lo que fue tal vez la principal medida democrática del gobierno de Néstor Kirchner, que fue el Decreto 222 de 2003 de autolimitación —así se llamó en su momento— para la designación de jueces de la Corte, y que después se amplió también a todos los demás jueces federales. Ahora este gobierno viene a echarlo por tierra sin ninguna consecuencia, porque además pasa casi desapercibido en la sociedad. Vamos naturalizando estas cuestiones y no nos damos cuenta de que, cuando queramos mirar para atrás y ver dónde quedó la democracia constitucional que conocíamos, no sé si la vamos a encontrar.
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Entrevistamos a Roberto Gargarella al comienzo de este programa, quien nos decía algo muy parecido: que el problema de fondo es que está roto el sistema constitucional que Occidente creó en los últimos 200 años; que la Justicia ya no está en condiciones de controlar al Poder Ejecutivo, que el Legislativo no puede ponerle límites y que esta es la situación que enfrentamos a nivel global, pero en Argentina con mayor preocupación. ¿Podrías profundizar sobre esa rotura del sistema constitucional?
Coincido con Roberto; venimos de la misma extracción de pensamiento sobre el sistema institucional y sobre el Estado de derecho. Coincido en que la democracia constitucional, tal como la conocemos, está en crisis a nivel global, pero sí creo que en el caso de la Argentina tenemos que despertarnos y entender que estamos avanzando muy rápidamente hacia un régimen autocrático en el cual, efectivamente, no hay ningún tipo de control. Detrás de estas modificaciones al Decreto 222 hay un acuerdo con la Corte. Este es el problema. No es que un día se despertó Mahiques o se despertó Milei y dijo: "Vamos a destruir la participación ciudadana para la designación de jueces federales y de la Corte". Mientras la Corte está ahí en el cuarto piso con los mayordomos y la inmensidad de privilegios que tienen, dicen: "¡Uy, qué barbaridad esto que hace el Poder Ejecutivo!". Es un acuerdo que hicieron con los jueces de la Corte y que pasa como si no ocurriera nada. Para ir a lo concreto: ¿qué es lo que va a cambiar? Se modifica la designación de jueces de la Corte y jueces federales de todo el país, que son los que resuelven, entre otras cosas, las causas de corrupción. Quiero recordar algo que dije ayer en una reunión informativa en la Cámara de Diputados: en este momento, mientras hablamos, en París —con la nuestra, con autos oficiales de la embajada argentina en Francia, con cenas palaciegas y viajes en primera— está la delegación argentina en el plenario del GAFI, que es el organismo que lucha contra el lavado de activos en el mundo. Esa delegación, además de incluir al ministro de Justicia, tiene al juez Ariel Lijo, quien debe investigar el caso de la ANDIS y al jefe de Gabinete de Ministros. El ministro de Justicia viaja en el mismo vuelo, cena en los mismos lugares pagados por el Estado, viaja en el mismo auto y participa de una reunión en el GAFI con el juez que tiene que investigar al jefe de Gabinete, y no pasa nada en la Argentina. Veo esto con mucha preocupación. El señor Lijo es el candidato del gobierno a la Corte y, posiblemente, Mahiques sea el candidato a procurador, y a todos les parece bien. Es un escándalo, Jorge. Lo digo con dolor porque las cosas siguen pasando. Van a designar a los jueces sin un informe de la ARCA como teníamos hasta ahora; solo habrá una planilla que diga si cumplen o no sus obligaciones tributarias. No se van a publicar más las declaraciones juradas patrimoniales de los candidatos; las vas a tener que ir a pedir, dar tu nombre y apellido, y explicar para qué las querés. Además, no vamos a poder impugnar más a los candidatos antes de que lleguen al Senado, y a todos les parece bien. También eliminaron el requisito de que haya diversidad de género, de especialidad y de origen federal. Todo esto avanza y no pasa nada. La oposición está dormida, la Corte es cómplice de cómo se va horadando la democracia y, fuera de algunos medios como el tuyo, los medios también miran para otro lado.
Natalia, el hecho de que leyes promulgadas por el Congreso no se lleven adelante —como el financiamiento universitario, que obtuvo dos tercios tras el veto del Poder Ejecutivo— y que la Corte demore en obligar al Ejecutivo a instrumentarlas, estableciendo un proceso de negociación cuando ya hay una ley, ¿es parte de esto? ¿Es una especie de rendición de la Corte?
Por supuesto. Pero no es una rendición; sería menos grave si tuvieran miedo, porque el que se rinde es alguien que tiene temor. En la Corte no hay temor, hay negocios. Seamos claros: hay negocios. La causa del financiamiento universitario está para resolver en la Corte desde el 12 de mayo y no la resuelven. Todo es parte de una negociación, de negocios espurios, prebendas y privilegios. Es lo que dije cuando publiqué mi libro, La máquina de la corrupción: los jueces forman parte de esto. Me preguntaba estos días cuál fue peor, si la Corte menemista o esta, y es peor esta. La Corte de la "mayoría automática" era corrupta y nefasta, pero respetaban el modo en el que habían sido designados y no pretendían pasar por lo que no eran. Nunca Nazareno o Moliné O'Connor quisieron pasar por "señores bien" como Rosatti, Rosenkrantz o el señor Lorenzetti, quien acordó con Mahiques este proceso de destrucción de la participación ciudadana y quien acordó con Santiago Caputo que Ariel Lijo era un buen candidato. Este país no tiene destino, Jorge.
La competencia para procurador... Al mismo tiempo, el hecho de que los dos integrantes que mencionás hayan viajado juntos a París al GAFI resulta una paradoja en algún sentido. ¿Pero qué te indica a vos? ¿Síntoma de qué es la cuestión de que justo las dos personas que están en París quieran ser titulares de la Procuración?
Exactamente.
Finalmente, ¿es más importante ser procurador que ser miembro de la Corte?
Si me preguntás a mí, sin ninguna duda en la Argentina ser juez de la Corte, sobre todo en una Corte con una mayoría real como la que debiéramos tener, es un cargo importante, pero al final del día menor porque tenés que negociar con otros. Por lo tanto, lo que te podés llevar, los privilegios, las prebendas, los negocios y los nombramientos para tus familiares... Como el caso del hijo de Horacio Rosatti, a quien hasta hace unos días le tuve respeto y lo he perdido completamente. La última vez que estuve en tu programa dije que lo respetaba; hoy le he perdido el respeto por la designación de su hijo como juez federal cuando no tenía las credenciales, no fue el mejor rankeado y le sacó el lugar a otros que estudiaron, que son idóneos y honestos. Es una vergüenza, Rosatti es una vergüenza. Por supuesto que el lugar de procurador es mucho más significativo porque, en una institución en la cual los fiscales están a tiro del procurador, las posibilidades de armar, desarmar, perseguir o no perseguir los delitos que le importan al poder —entre otros, los delitos de corrupción— son enormes. Eso es lo que necesita este gobierno, como lo han necesitado todos los gobiernos para garantizarse impunidad, tal como la vienen teniendo garantizada. Hoy nos enteramos de que citaron a declaración indagatoria al hermano de Adorni. ¿And el propio Adorni cuándo le van a pedir la indagatoria? Lijo está muy ocupado en París con el ministro de Justicia garantizándole la impunidad. Es una vergüenza, Jorge. Ayer pensaba en esto; es el colmo, se lo cuento a un extraterrestre y no me lo cree. Sin embargo, en la Argentina a todos nos parece natural y normal. Es insólito.
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Natalia, reflexionábamos el otro día con un colega respecto de que la cantidad de votos necesarios para nombrar al procurador y a los nuevos miembros de la Corte fue superada con creces en la prolongación del mandato como juez de Casación del padre del ministro de Justicia, y que esto hacía suponer que, si hubo una mayoría tan holgada superando los dos tercios, el Gobierno debe estar analizando que tiene los dos tercios para finalmente nombrar a los miembros de la Corte y al procurador. ¿Te resulta una especulación plausible?
Absolutamente sí. Creo que hay un impacto ahí posible de la cuestión de Adorni que hay que considerar porque, de hecho, esa es la razón por la cual las cosas están como están en el Senado. Hay que ver qué es lo que va a hacer el PRO y cómo va a mirar a la cara a la sociedad si negocia eventuales candidatos impresentables a la Corte o a la Procuración, porque está la cuestión de Adorni arriba de la mesa. Esa es la única cuestión hoy que toca a la sociedad y de donde hay que agarrarse para que alguien preste atención a que lo que está pasando en la Argentina es grave. Es un costo político que evidentemente Patricia Bullrich no está dispuesta a pagar, y que creo que Mauricio Macri está dispuesto a utilizar para eventualmente negociar otras cuestiones de cara a las elecciones del año que viene. Es un poco la única ancla de esperanza que podemos tener, lo cual es tristísimo, porque las razones que hay detrás igual son espurias; tienen que ver con las conveniencias políticas de Patricia Bullrich y Mauricio Macri, no con lo que es bueno para la sociedad. Pero es un ancla de posible esperanza para que lo que ocurra no sea tan drástico o trágico como creo que, al final de la película, posiblemente sea para la Argentina, porque además las encuestas todavía le dan muy bien al presidente de la nación de cara a las elecciones del año que viene.
La ley de lobby es otro de los temas en los cuales también se reduce la transparencia de manera muy controversial. Es un tema que vos conocés, al que le has dedicado tiempo y que se relaciona también con el tema de los servicios de inteligencia. Me gustaría conocer tu opinión para compartirla con la audiencia.
Sí, el proyecto es preocupante. Tengo algunas discusiones históricas ahí con Manuel Garrido, otro especialista en temas de transparencia y lucha contra la corrupción, a quien alguna vez va a haber que reconocerle todo lo que ha hecho por la patria y que nadie le ha pagado debidamente; un tipo que tuvo la decencia de irse de los lugares de los que había que irse para no ser cómplice. Tenemos desacuerdos históricos con Manuel en torno al lobby: yo no estoy a favor de la regulación del lobby y creo recordar que él sí. En algunas cosas sirve porque, por ejemplo, en la Argentina nos hemos enterado de que la SIDE firmó un contrato con una empresa de Leonardo Caturice para que haga lobby frente a las agencias de inteligencia estadounidenses para, vaya uno a saber qué, y seguramente —como es mi intuición— dejar comisiones (coimas blancas, pongámosle) en el sistema financiero estadounidense. De eso nos enteramos gracias a que el lobby está regulado en Estados Unidos y obliga a hacer presentaciones ante el Departamento de Justicia. Yo no estoy a favor de la regulación del lobby; creo que, por el contrario, deben ser perseguidas ese tipo de conductas, sobre todo cuando implican a funcionarios tomando decisiones que no son las que corresponden conforme a sus funciones.
Mencionaste a Caturice y me viene a la mente el escándalo reciente que se produjo desde la última vez que hablamos: el expresidente de Arsat a quien, además, le encontraron equipos de espionaje en su casa.
Es que todo es así, todo está podrido. La única diferencia con otras épocas es lo que yo vengo llamando la «berretización de la corrupción». Es tan burdo porque algunos no vienen de la función pública —como venían los peronistas durante muchos años— ni del sector privado acostumbrado a pagar coimas y prebendas —como venían los macristas—. Esos eran los especialistas para hacer las cosas «bien», entre comillas. Buena parte de quienes hoy ocupan estos lugares de poder se encontraron con un festín de acceso a recursos, como el caso de Adorni o este que vos mencionás de un tipo que tiene dos millones de dólares en su casa, drogas, etcétera, y no han sabido manejarse adecuadamente para cuidarse. Ahora están las consecuencias. Además, hay otra cuestión: ¿por qué conocemos muchos de estos casos? Por las internas, porque se venden entre ellos; si no, casi que tampoco nos enteraríamos, aun con lo burdo que es. Lo preocupante en todo caso, Jorge, es la justicia. Fíjense que, aun con lo burdo y lo berreta que es, y aun cuando está todo arriba de la mesa, la justicia igual no avanza en algunos casos, como en el de Adorni nuevamente. Demasiado tiempo ha pasado ya sin que Manuel Adorni haya sido indagado. ¿Cuál es la razón de eso? La fragilidad y la falta de independencia histórica del Poder Judicial en la Argentina de la que venimos hablando hace muchísimos años y décadas, y que, lejos de mejorar, va a empeorar. Esa factura también hay que pasársela a los que gobernaron antes, tuvieron mayorías y hoy se quejan; porque cuando pudieron hacer algo por mejorar ese sistema, lejos de hacerlo, le ataron más la soga al cuello a la justicia, simplemente no hicieron nada o fueron cómplices de quienes lo querían hacer.
Natalia, vos hacés una comparación con la Corte de la época de Menem en los 90. Otro punto de contacto con aquella época es la privatización de empresas del Estado o empresas públicas, y la concentración de la propiedad de esas empresas en un grupo de personas generalmente relacionadas con algún sector del Gobierno. En el caso de los Neuss se lo vincula a Santiago Caputo; o en el caso que mencionabas de Caturice con Flybondi, es decir, la posibilidad de acceder a negocios en el proceso de cambio de estructura económica a partir de una política económica totalmente distinta de la que venía sucediendo previamente. ¿Encontrás también ahí una analogía entre los 90 y la actualidad?
Absolutamente, absolutamente. El modelo de corrupción menemista fue un modelo de tipo captura del Estado, más parecido a un monopolio bilateral, pero para que la gente entienda, bastante similar a la captura del Estado. A diferencia del modelo kirchnerista, al que yo califiqué como un modelo cleptocrático. En términos de modelos ideales se acercan más o menos, pero el modelo ideal de corrupción del kirchnerismo es una cleptocracia que inventa a sus propios empresarios para acceder al poder y se queda con todo. Mientras tanto, el modelo histórico argentino es de captura del Estado; en el menemismo era una cosa más pareja, tipo monopolio bilateral. El sistema de corrupción del gobierno de Milei, que está en curso y por lo tanto voy analizando día a día, arranca para mí como un sistema de captura del Estado que le entrega los negocios a los históricos dueños de los negocios en la Argentina, en el marco de un modelo económico neoliberal: el sistema financiero y los recursos naturales, puntualmente la energía, la minería, etcétera. Ahí se concentran los negocios en los jugadores de siempre, no hay jugadores nuevos. Ahora lo que empieza a aparecer, y es un poco lo que explica la disputa interna porque se están repartiendo el Estado, es esto que vos bien señalás: jugadores nuevos o que vienen de otros sectores y que se reconvierten. De pronto los Neuss son empresarios de la energía y se quedan con Transener o lo que fuere; o de pronto Caturice, que era un supuesto exespía que hacía negocios turbios y operaciones para distintos gobiernos, desde el kirchnerismo hasta el macrismo, ahora parece que es un gran empresario y no el testaferro de vaya uno a saber quién, y entonces pueden quedarse con la aeronavegación en la Argentina. Esto empieza a acercarse al modelo kirchnerista si querés, que es «invento mis propios jugadores», que en realidad soy yo. Y ese «soy yo» puede ser Adorni, Karina Milei o Santiago Caputo.
Natalia Volosín, muchísimas gracias. Muy interesante, como siempre, conversar con vos. Muy gentil por tu dedicación para nosotros.
Gracias a vos.
MEG
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