Tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022, Estados Unidos intentó excluir a Rusia del sistema financiero global, lo que llevó a muchos a especular con que la instrumentalización del dominio del dólar estadounidense en dicho sistema aceleraría el alejamiento del mundo del billete verde. Las especulaciones no hicieron más que intensificarse cuando Estados Unidos inició su guerra contra Irán a principios de este año y endureció sus sanciones financieras contra el país.
Las políticas arancelarias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sus amenazas contra los aliados y sus intentos de socavar la independencia de la Reserva Federal han puesto aún más en tela de juicio el futuro del dominio del dólar. Pero este debate no es nada nuevo. Los líderes chinos llevan pidiendo la desdolarización de la economía mundial desde la crisis financiera global de 2008 —un llamamiento al que, cada vez más, se suman otras grandes economías emergentes del grupo BRICS—. El renminbi es considerado por muchos como un candidato para sustituir al dólar, al menos en la vecindad de China y entre los países que participan en su Iniciativa del Cinturón y la Ruta.
El renminbi está ampliando su papel en la liquidación de operaciones comerciales. El volumen promedio diario de transacciones del CIPS (Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos) de China, un sistema de pagos basado predominantemente en el renminbi que lleva en funcionamiento desde 2015, aumentó de 339.000 millones de CNY (50.800 millones de dólares) en enero de 2022 a 828.000 millones de CNY en junio de 2026. Asimismo, la cuota de liquidaciones transfronterizas de China en renminbi aumentó del 21% en enero de 2014 al 49% en julio de 2026.
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Sin embargo, hay pocos indicios de desdolarización en los mercados financieros globales. En junio de 2026, las tenencias extranjeras de activos en dólares —incluidos bonos, acciones e inversiones directas— representaban más del 70% del PIB mundial, excluido Estados Unidos. El dólar sigue dominando las reservas de los bancos centrales, la facturación de las exportaciones y las transacciones de divisas, mientras que el renminbi representa una cuota de un solo dígito en cada una de estas áreas.
Esta discrepancia entre la ambición y la realidad se debe a los controles de capital draconianos del gobierno chino, que le permiten mantener un control férreo sobre el sistema financiero del país. El renminbi onshore sigue sin ser libremente convertible, y a los tenedores nacionales de la moneda les cuesta mucho sacar dinero del país.
Por el contrario, las autoridades chinas fomentan la existencia de un fondo de renminbi libremente convertible en el extranjero, principalmente en Hong Kong, para facilitar el uso de la moneda en la economía global. Hasta ahora, esa reserva se ha mantenido muy reducida. A mediados de 2026, el total de depósitos en renminbi en el extranjero constituía menos del 0,5% de los depósitos en renminbi en el país.
Por otra parte, a pesar de décadas de reformas de mercado, el gobierno chino se ha mostrado reacio a reducir la propiedad estatal en favor de los derechos de propiedad privada. Esta base institucional de la economía política china, combinada con un crecimiento anémico y la incesante presión del gobierno sobre el patrimonio privado para subsanar las debilidades fiscales ha aumentado el riesgo de fuga de capitales, lo que ha llevado a las autoridades a endurecer aún más los controles de divisas.
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Dado que la no convertibilidad del renminbi es una característica —y no un defecto— del sistema económico chino, el comercio de China con Rusia e Irán basado en el renminbi, destinado a ayudar a estos países a eludir las sanciones de Estados Unidos, no tiene tanto que ver con la desdolarización de la economía mundial como con la desmilitarización del dólar. En lugar de verse estranguladas, economías fuertemente sancionadas como Rusia e Irán ahora pueden venderle combustibles fósiles a China y liquidar las transacciones mediante el CIPS.
Sin embargo, es fundamental señalar que a Rusia y a Irán se les paga en renminbi onshore no convertible, lo que significa que sus ingresos quedan atrapados en China. Como declaró Dmitry Tulin, vicegobernador primero del Banco Central de Rusia, ante la Duma en 2023, China no “acoge con agrado” la circulación de su moneda en el extranjero, lo que dificulta que Rusia obtenga renminbi “en efectivo”. Del mismo modo, en septiembre, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, le dijo a Fox News que “nuestro dinero en China está bloqueado… Ni siquiera podemos sacar nuestro propio dinero de un país al que le hemos suministrado mercancías”.
Esto significa que Rusia e Irán pueden utilizar su renminbi nacional para pagar las exportaciones chinas y poco más. En esencia, equivale a un comercio de trueque. Pero Rusia e Irán necesitan adquirir mercancías de proveedores de otros países, como Turquía y los Emiratos Árabes Unidos, y pagarles a sus aliados, como Hezbollah y los hutíes. Como resultado de ello, ambos países recurren a redes bancarias en la sombra y de lavado de dinero para convertir el renminbi onshore en dólares y otras divisas fuertes. El funcionamiento de estas redes financieras clandestinas está bien documentado, ya que son las mismas que utilizan los chinos adinerados para sacar su dinero del país de forma ilegal.
China les ofrece a Irán, a Rusia y a otros estados una forma de eludir las sanciones estadounidenses y seguir haciendo negocios, aunque a un costo elevado. No se trata de una desdolarización, sino de un debilitamiento del dólar que socava la capacidad de Estados Unidos para aprovechar el dominio global de su moneda con fines de política económica y geopolítica. Paradójicamente, en lugar de mermar la posición del dólar, esto podría terminar reforzándola al poner de manifiesto la falta de una alternativa comparable.
*Ho-fung Hung es profesor de Economía Política en la Universidad Johns Hopkins y autor, más recientemente, de Greenback Empire: Global Dollar Dominance and the New Cold War (University of Chicago Press, 2026).
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