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La Confianza en el Gobierno al Inicio de la Temporada Electoral

Confianza. La tendencia ha sido una caída del 21%. Foto: cedoc

El final de la Copa Mundial de fútbol ha dado inicio al período electoral. Salvo alguna modificación legal, dentro de aproximadamente un año estaremos eligiendo candidatos presidenciales en las PASO. Serán meses críticos e inciertos: en un contexto en que la principal oposición propone revertir prácticamente todas las políticas públicas actuales (según ha declarado recientemente el gobernador peronista de La Rioja Ricardo Quintela), ciudadanos e inversores estarán muy atentos a las probabilidades relativas de continuidad (o de reversión) de esas políticas.

Es imposible predecir hoy qué ocurrirá. Aun con información de encuestas del momento, las dos últimas PASO produjeron sorpresas: la gran ventaja de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner sobre Mauricio Macri-Miguel Pichetto en agosto de 2019, y la irrupción de Javier Milei como el candidato más votado en agosto de 2023.

El gobierno de La Libertad Avanza inicia la temporada electoral en una situación ambigua respecto de la opinión pública. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), producido mensualmente desde 2001 por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, registró en julio pasado (último dato disponible) un valor de 1,94 (en una escala de 0 a 5). Se trata de un nivel razonable para un gobierno en su trigésimo primer mes de gestión: similar al que en el mismo momento de sus períodos tuvieron el gobierno de Mauricio Macri y el segundo de Cristina Kirchner, algo superior al de su primer gobierno, y muy por encima del 1,12 que ostentaba el de Alberto Fernández.

La evolución reciente del ICG aporta perspectiva. Hasta fines del año pasado registró valores relativamente elevados, hecho notable para un gobierno que, con escasa experiencia política, implementó un drástico (e inevitablemente doloroso) ajuste fiscal. Desde diciembre de 2025, sin embargo, la tendencia del ICG  ha sido claramente declinante, con una caída del 21% en siete meses, de 2,46 a 1,94. Es imposible establecer con certeza los motivos de este descenso, pero puede suponerse, por coincidencia temporal e impacto mediático, que estuvo en parte explicado por el affaire Adorni (que se prolongó por muchas semanas, con revelaciones tan frecuentes como escabrosas), por la debilidad de los indicadores de empleo y consumo y, tal vez, por cierta fatiga de la ciudadanía con la agresiva retórica gubernamental respecto de periodistas, líderes extranjeros e incluso su propia vicepresidenta. También puede especularse que cada mes que pasa aleja el recuerdo del caótico final del gobierno anterior y naturaliza el principal logro del gobierno: haber reducido drásticamente la tasa de inflación (y también la de pobreza) respecto de los picos del final de la gestión del exministro de Economía Sergio Massa.

¿Qué puede esperarse de aquí en adelante? Las casi 300 olas del ICG han documentado todo tipo de tendencias en el pasado. Así, por ejemplo, el ICG se deterioró agudamente durante los primeros meses de la primera presidencia de Cristina Kirchner (en coincidencia con el conflicto con el sector agropecuario), pero se recuperó hacia el final de ese período, de hecho muy marcadamente luego del fallecimiento de Néstor Kirchner. Este ejemplo resalta el rol tanto de los factores aleatorios –la simpatía social generada por el sufrimiento emocional de un líder– como de aquellos más sistemáticos, y en particular de los vinculados a la estrategia política de los gobiernos. Parece claro que la agresividad del Milei candidato sintonizó con una ciudadanía harta de los fracasos de la política tradicional, pero también es razonable suponer que, tres años más tarde, esa retórica hostil perjudica al oficialismo, como ocurrió en aquellos primeros meses de 2008.

Como siempre, la confianza de la ciudadanía deberá ser ganada, de aquí hasta las próximas elecciones, a fuerza de gestión exitosa, estrategia política inteligente y comunicación gubernamental efectiva. El ICG no es una encuesta de intención de voto, pero el nivel de confianza en el gobierno es, demostradamente, uno de los principales determinantes del desempeño electoral de los oficialismos.

*Profesor del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la UTDT.