Todos somos Cabo Verde
Somos Cabo Verde porque el sentimiento humano —que existe, aunque solo se manifieste de vez en cuando— suele aflorar cuando David derrota a Goliat.
Hace una semana todos fuimos Vozinha. Ese arquero que acababa de cumplir 40 años y detuvo los disparos de atacantes españoles que, cada uno de ellos, gana en un solo mes más de lo que él obtuvo en toda su carrera.
Hoy somos más que Vozinha. Hoy todos somos Cabo Verde. Ese país archipiélago que tiene menos habitantes que las argentinas Mar del Plata y Salta (ciudad).
Somos Cabo Verde porque el sentimiento humano —que existe, aunque solo se manifieste de vez en cuando— suele aflorar cuando David derrota a Goliat. Y Cabo Verde no solo “ganó empatando” ante España y Uruguay, dos campeones del mundo cargados de pergaminos, trofeos, títulos y nombres resonantes.
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Cabo Verde le dio una enorme lección al mundo, que esperaba una razón para emocionarse y la encontró en lo que mostraron sus futbolistas: unión, sencillez, orgullo, garra, fe, humildad, modestia, desinterés, simpleza y desprendimiento. Sus cracks —sí, ellos son verdaderos cracks—, cuando miraron sus rivales, no vieron las credenciales de esos ídolos universales; vieron hombres como ellos. No vieron los currículums de sus adversarios; vieron el cielo al que tantas veces habían rezado y al que volvieron a rezar una vez más. No vieron la historia de España y Uruguay; vieron la oportunidad de escribir la suya. Vieron que podían entrar en la Historia. Y entraron.
No es la primera vez que surge un Cabo Verde en una Copa del Mundo. El primer debutante modesto que sorprendió al planeta fue Corea del Norte, en 1966. Eliminó a Italia y solo cayó en cuartos de final ante el Portugal de Eusébio. Tampoco fue el primer africano en conmover al mundo: en 1990, Camerún derrotó a nuestra Argentina de Maradona, entonces campeona mundial (¿recuerdan al “Negrito de Camerun” de Caloi?). Ni fue el primer “tapado”: en 2002, Senegal debutó venciendo a Francia, campeona del mundo en ese momento, y llegó hasta los cuartos de final. Tampoco será el primer pequeño en ganar su grupo, algo que podría ocurrir la próxima semana, porque Costa Rica ya lo hizo en el Grupo de la Muerte del Mundial de 2014, superando a Inglaterra, Italia y Uruguay, tres campeones mundiales.
Pero Cabo Verde es Cabo Verde. Es menos que pequeño, es menos que desconocido, es menos que los demás. Y precisamente por eso es más, mucho más que todos.
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Hoy Cabo Verde ya no tiene quinientos y pocos mil ciudadanos. Hoy tiene más que toda África y toda Asia juntas. Hoy la madre de Vozinha, que no pudo presenciar la heroicidad de su hijo en el debut porque le negaron la visa para entrar a Estados Unidos, es nuestra madre; la amamos. Bubista, el entrenador, es nuestro maestro; lo respetamos. Kevin Lenini y Hélio Varela, autores de los goles, son nuestros hermanos; los queremos. Todos los cracks del equipo son nuestros primos; los esperamos en casa. Y toda la afición caboverdiana es nuestra gran amiga; la abrazamos.
Ah, un último detalle: juegan buen fútbol. Contra España batieron un récord histórico de los Mundiales. Cometieron una sola falta. Sí, contuvieron la furia española cometiendo una única infracción en todo el partido, un récord absoluto. Y contra Uruguay casi nos mataron del corazón. No pueden repetir eso frente a Arabia Saudita, su próximo rival, porque, hasta donde yo sé, corazón tenemos uno solo. Y tal vez no aguante...
ML
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