Los límites a la derecha que dejaron las últimas elecciones en Brasil y Estados Unidos entusiasman al peronismo. En ese sector ya son pocos los que dudan de que el año próximo pueden disputarle el poder a Javier Milei. Con esa expectativa, avanzan conversaciones subterráneas para empezar a darle forma a un frente amplio que pueda enfrentar al oficialismo libertario. La construcción ya tiene algunas reuniones, posibles aliados y una primera agenda. Pero también el peronismo arrastra discusiones internas que todavía no encuentran una salida.

La primera reunión de agosto se repitió el 22 de octubre. En ambas participaron Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof, además de los gobernadores peronistas y los jefes de los bloques legislativos. En el último encuentro se incorporó también el peronismo federal. Juan Manuel Olmos había reclamado que en la primera convocatoria había faltado un plato en la mesa y esta vez se sumó como representante de un grupo de legisladores e intendentes entre los que están Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel y Federico Achával. 

La próxima parada será avanzar en la posibilidad de un frente más amplio, capaz de incorporar a otros espacios políticos. Los primeros interlocutores serán los radicales, donde aparecen los nombres de Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti. La construcción de acuerdos locales parece, por ahora, más sencilla que una alianza de alcance federal.

En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, las conversaciones están más avanzadas. Allí hay diálogos concretos por una interna en la que pueda competir un candidato del peronismo, con nombres como Leandro Santoro, Mariano Recalde o el propio Olmos, frente a Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta. El exjefe de Gobierno porteño viene conversando sobre esa posibilidad con el senador radical y también con Massa.

Otro de los objetivos es sumar al denominado peronismo republicano, al que algunos dirigentes llaman también peronismo PRO. En esa búsqueda aparecen Miguel Pichetto y Emilio Monzó. Este último, sin embargo, mantiene como prioridad evaluar si Jorge Brito finalmente decide lanzarse a la carrera presidencial, una posibilidad que hoy aparece cada vez más lejana.

La apertura hacia otros sectores convive con una tarea más difícil: ordenar las diferencias propias. La semana pasada, Máximo Kirchner y Kicillof encabezaron una reunión para acordar las autoridades del PJ bonaerense y empezar a definir las reglas de juego del partido. El encuentro buscó acercar posiciones en una discusión que sigue atravesada por el reconocimiento o no de CFK como líder.

En medio de esta discusión, el comité de Derechos Humanos de la ONU no trató el periodo de CFK de revisar su condena. Deberá esperar hasta marzo, un mes en el que ya deberían estar los candidatos definidos. 

Pero mientras intentaban ordenar esa interna, apareció en público otro conflicto que hasta ahora se mantenía principalmente en conversaciones reservadas: la discusión por las reelecciones de los intendentes.

La ley 14.836, sancionada en 2016 durante la gestión de María Eugenia Vidal a partir de un proyecto del Frente Renovador, estableció un máximo de dos mandatos consecutivos para intendentes, legisladores, concejales y consejeros escolares. Con esa normativa, 80 de los 135 intendentes bonaerenses quedarían impedidos de competir nuevamente en 2027.

Kicillof venía respaldando el reclamo de los jefes comunales que buscan eliminar esa restricción, pero en las últimas semanas hizo explícita su posición. El planteo abrió un nuevo frente de discusión con Massa. El intendente de Ensenada, Mario Secco, cuestionó al líder del Frente Renovador por no acompañar con sus votos una modificación de la ley que había impulsado su propio espacio. “¿Sos Dios?”, le recriminó. La respuesta del massismo es que el oficialismo bonaerense debe conseguir los votos por otro lado.

El Movimiento Derecho al Futuro apuesta a un proyecto de la senadora Ayelén Durán, pero la iniciativa lleva un año sin tratamiento sin lograr avanzar en la comisión de Legislación General. Desde el massismo sostienen que, si el gobernador quiere discutir el tema, debe convocar a la comisión y comprobar si tiene los votos necesarios.

Para aprobar la reforma se necesitan 47 votos en Diputados y 24 en el Senado, con todos sus integrantes presentes. De las 39 bancas de Fuerza Patria en la Cámara baja, apenas nueve responden al gobernador, mientras que el Frente Renovador tiene diez legisladores que ya se pronunciaron en contra.

En el Senado, el massismo pesa menos ya que sólo tiene tres bancas pero necesitarán ayuda del kirchnerismo. Avisan que podrían aportar votos si la reforma se negocia junto con otros temas, como el desdoblamiento electoral, la continuidad de las PASO y la cobertura de las vacantes en la Suprema Corte bonaerense. Pero Kicillof hace silencio.