Para muchos, fue una decisión acertada el regreso de ArteBA a los salones de La Rural porque permite el acceso a un público más amplio sea o no comprador. Para quienes sí lo son, también fue una ventaja porque el recorrido costanero es más un tramo para salir del centro porteño. Como todos los años, se habla de muy buenas ventas. 

Jorge Rendo, presidente de Grupo Clarín (canoso, izq.); Guillermo Stanley viendo obra del argentino Miguel D'Arienzo.

También, de una apuesta de las galerías importantes –es decir de las que invirtieron unos treinta millones de pesos en alguno de los stand de ubicación estratégica– a exhibir obras de firmas reconocidas y consagradas. 

Una sopera realizada por el orfebre de María Antonieta con dueña argentina se vende en US$ 5,3 millones.

Como explicó un galerista a PERFIL, esa estrategia no es fortuita, es el síntoma de la inestabilidad económica. Esto es que si bien hay sectores que  están ganando mucho dinero, en general, hay escasos integrantes con espíritu coleccionista o que toman el arte como inversión.

(De izq. a der.) Angie Landaburu y Augusto Marini; los Cherñajovsky: Rubén y sus hijos María y Nicolás; Calilo y Lili Sielecki, y Juan Ball.

 Y para quienes  sí lo hacen o si se aventuran a apostar al arte cada tanto, una economía volátil los lleva a inclinarse por obras de artistas que presenten poco o escaso riesgo. Es decir, ya habrá tiempo para apostar por artistas emergentes con obras de cinco o siete mil dólares.

Lodovico Rocca y Ana Batan viendo obras en ArteBA 2026.

Empresarios. En el día de apertura, un empresario de la construcción compró una obra de Antonio Berni, artista de quien ya tiene un cuadro categoría museo. En el stand de la galería Isabel Anchorena, el exbanquero y hoy uno de los de los dueños de, entre otras marcas, Guillermo Stanley se mostró muy interesado por un cuadro de gran tamaño de Miguel Alfredo D’Arienzo, artista argentino fallecido en septiembre último. 

Diana Aisenberg delante de 'Paraíso', la obra que le compró el Malba (izq.), y Sergio Baur (Fund.Klemm) Flavia Da Rin, y su art dealer Tomás Redrado.

Por su parte, de visita por Argentina, Lodovico Rocca –sobrino de Paolo Rocca –y su mujer Adriana Batan, se repartieron entre saludos de bienvenida, y visitas a stands como el del Mauro Hertlitzka –con galería propia en Recoleta–se e detuvo especialmente en La Terraza, un conjunto de cuadros de similar tamaño y colores, del artista argentino Leandro Katz. Por otro lado, en la jornada de apertura, con andar calmo por los stands de ArteBA también estuvo –con su mujer– Jorge Rendo, flamante presidente de Grupo Clarín.

Matías Duville (de negro) y su obra 'Pink Ashes', comprada para el Bellas Artes (izq.); Sebastián Palmucci, de Fundación El Mirador, delante de 'Concierto Nacional de Aves No.9", de Juan Reos, vendida en ArteBA.

Museos que suman. Las compras que sí se informaron son las que se sellaron por el programa Matching Funds. Así, por ejemplo,  gestionado por su asociación de amigos, El Moderno sumó a su patrimonio doce obras de Benjamín y Felipe Álvarez; Carolina Antich; Sofía Castro, Víctor Florido; Itamar Hartavi, Tomás Maglione, Jimena Travaglio, Juan Valenti, Paola Vega, Gal Vukusich y dos de Juan Gutiérrez.

(De izq. a der.) Inés, Alegra y Manuel Antelo; Valentina Barbier y Juliana Awada; Soledad Ainesa y los hermanos Finkelstein: Diego e Iván.

El Malba compró Paraíso, de la artista Adriana Aisenberg. “Esta obra tiene sentido para la Colección Malba no solo porque nos permite reconstruir con más pluralidad la escena argentina de los 80, sino también porque Diana es una figura clave en la formación de muchos artistas jóvenes”, dijo María Amalia García, curadora en jefa de Malba.