La aparición de personajes que aportan juventud en galas de este tipo, es bienvenida. Aunque, por ahora, muchos de ellos solo ostentan como único título o “profesión” –al menos mediáticamente– el de ser “hijos de” o ser influencer. Ellos tampoco pagan las mesas que ocupan ni participan económicamente de subastas  o acciones recaudatorias que suceden en esas fiestas, sí contribuyen a refrescar el elenco estable que asiste a estas galas. Y en algunos casos, alientan la idea de que serán continuadores de iniciativas filantrópicas. Esto último, es una tendencia que no se estaría dando en Argentina. Al  menos por ahora.  

Debut. De los jóvenes que, en esta gala, fueron una presencia ostensiblemente visible, se destacó Valentina Barbier, hija mayor de Juliana Awada y de su ex Bruno Barbier. Esta joven,es de las hijas de famosos que comenzó a levantar su perfil en redes sociales. En su caso, muy al estilo Awada. Esto es, imágenes sin demasiado texto. Una estrategia acosenjable teniendo en cuenta la volatilidad emocional de algunos usuarios que habitan ese universo. Llegada hace no mucho de España, donde terminó sus estudios terciarios hace ya un tiempo, Valentina se movió todo el tiempo con los chicos y las chicas con quienes compartió mesa. En ese grupo había otro joven que promete mediáticamente, Tiziano Gravier, el segundo de los cuatro hijos del matrimonio Mazza-Gravier. No le intimidan las cámaras, posa cómodo y sabe cómo alentar a que sus amigos se dejen fotografíar; tiene espíritu de líder.  

Objetivo 2026. Esta gala que desde hace diecinueve años tiene de anfitriones a Valeria Mazza y Alejandro Gravier tuvo desde su inicio, el objetivo de mejorar los servicios del piso Pedriático del Hospital Universitario Austral. Cada edición tuvo una misió específica y este 2026 se propuso el que quizá sea el más ambicioso de estos casi veinte años: reunir fondos que contribuyan a la construcción de un hospital de día pediátrico de día. Esto es, un espacio dentro del mismo complejo del Austral para el tratamiento ambulatorio de chicos y adolescentes con enfermedades crónicas.  

Con ese fin en mente, a lo recaudado a través de los sponsors y de la venta de las mesas, sumaron un “intercambio” de doscientos mil pesos por números que tenían premios sorpresas que podían ser, indumentaria, accesorios, delicatessen comestibles de Cabrales, vouchers para cenas y estadías en el Palacio Duhau, hotel donde se realizó la fiesta.  

Al mejor postor. La otra estrategia recaudatoria de la gala fue la subasta objetos. Este año no hubieron cuadros, ni estadías premium en resorts argentinos, sino tres casacas deportivas: una de los Pumas con la firma de todo el equipo actual; una del Alpine F1 Team con el autógrafo del argentino Franco Colapinto, y finalmente una camiseta de la Selección Argentina con la firma de Leo Messi, objeto que tras su adiós al fútbol profesional, cotiza mejor.

Dúctil para la conducción y con los tonos adecuados para imprimir diferentes emociones en el relato, Valeria Mazza se subió al escenario para contar la historia de cómo consiguió esa camiseta mundialista para que su hazaña épica estimulara a los que decidieran participar de la subasta de ese último lote.

 “Como todos ya saben, soy rosarina así que viajé a ver mi familia, y me contacté con Celia (Cuccittini), la madre de...A ver, yo no le digo Leo, Lio, Lionel, le digo ‘bebé’”, relató desde el escenario. “Entonces, le conté a Celia lo que hacemos en el Austral y le pregunté: ‘¿Creés que tu querido bebé podrá participar de alguna manera? ¿A vos que te parece...? Terminamos con Celia tomando mate en la casa mi madre, y así hoy tenemos esta camiseta”.

Empatía. El momento de las subastas en eventos como éste, es por demás particular. Más allá de la coyuntura económica, siempre se sabe quienes serán los posibles ofertantes. En general, no pasan de tres o cuatro personas. Por eso, el  entusiasmo y las educadas chicanas que Iván de Pineda aplicó para la venta de cada objeto fueron por demás meritorias.  El conductor de Pasapalabra, lo dio todo.

La camiseta firmada por todos los Pumas no fue el lote más disputado pero, de una base de 1.500 dólares pasó a manos de un discreto dueño por cuatro mil dólares.

La camiseta firmada por Franco Colapinto también tuvo una cifra de salida baja pero la aparición de una oferta por parte de Peter Lamelas le puso emoción al remate. Cuando el embajador de Estados Unidos cantó cinco mil dólares, el funcionario de la energética Genneia que también disputó esa casaca, no quiso o no pudo superar esa cifra. O como bromearon algunos, tuvo piedad por el embajador norteamericano quien todavía estaba procesando la histórica derrota electoral de su amigo y líder Trump. La de Messi, disputa mediante (ver recuadro) se vendió en 14 mil dólares.

Messi cotiza en alza

Por ahora, de los deportistas argentinos vivos, Messi es el que más cotiza cuando un autógrafo suyo esta en unos botines, un balón, o una camiseta de la Selección Argentina. Y como este  2026 fue su adiós al fútbol profesional, en un remate su cotización sube. En la gala de Valeria Mazza para el Hospital Universitario Austral, ella misma se encargó de conseguir una camiseta autografiada que gestionó en persona y en Rosario, con Celia, la madre de Messi.Esa historia la relató antes de dar inicio a la puja que condujo Iván de Pineda. La disputa se dio, podría decirse entre dos energéticas Metrogas versus Camuzzi. Esto es, entre Diego Pinom, sobrino de Mauricio Filiberti,  y Alejandro Macfarlane, respectivamente. Ganó este último al ofertar unos insuperables 14 mil dólares.