Cuáles son los beneficios y los riesgos de usar fármacos GLP-1 después de los 65 años
De la pérdida de peso al cuidado del corazón y la movilidad: expertas analizan lo que ganan y lo que arriesgan los adultos mayores con medicamentos como la semaglutida o la tirzepatida.
Los medicamentos GLP-1 (como Ozempic) se han transformado en un fenómeno global para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad. Sin embargo, cuando se prescriben a personas mayores de 65 años, hay que tomar en cuenta otros factores más allá de la balanza; el propósito fundamental debe ser preservar la fuerza, la salud metabólica y la autonomía.
¿Qué son y cómo actuán los GLP-1?
Los agonistas del receptor de GLP-1 (GLP-1 RAs) son una clase de medicamentos que imitan la acción de la hormona incretina natural GLP-1 (péptido similar al glucagón-1). Aunque originalmente se desarrollaron para el tratamiento de la diabetes tipo 2, hoy se utilizan de forma muy extendida para el manejo de la obesidad y la salud metabólica.
Entre los fármacos más conocidos de esta familia, se encuentran la semaglutida (Ozempic, Wegovy, Rybelsus) y la tirzepatida (Mounjaro, Zepbound, que actúa como agonista dual GIP/GLP-1)
Su mecanismo de acción principal combina efectos en el sistema digestivo, el cerebro y el páncreas. En este último órgano, los GLP-1 ayudan a controlar la glucosa, al aumentar la secreción de insulina de manera dependiente de la glucosa en sangre, y suprimen la liberación inadecuada de glucagón. Al actuar solo cuando los niveles de glucosa están elevados, presentan un bajo riesgo de provocar hipoglucemia.
En el aparato digestivo, los GLP-1 retrasan el vaciamiento del estómago y ralentizan el tránsito intestinal. Al hacer que los alimentos permanezcan más tiempo en el estómago, generan una sensación de saciedad más prolongada después de comer.
En el sistema nervioso central, actúan directamente sobre los centros del cerebro (en el hipotálamo y el tronco encefálico) que regulan el apetito, la saciedad y los circuitos de recompensa asociados a la comida. Esto reduce el hambre, disminuye los antojos y reduce la ingesta calórica general.
Como si todo esto fuera poco, un análisis de marcadores biológicos de 10.000 personas que toman semaglutida acaba de revelar que el GLP-1 retrasa el reloj del envejecimiento de órganos como el corazón, los riñones, el páncreas, el pulmón y el cerebro. El estudio aún no fue publicado pero fue circulado en redes por el prestigioso científico Eric Topol como una posible herramienta para la longevidad.
Efectos beneficiosos en otros órganos
Más allá de la pérdida de peso y el control del azúcar (glucosa), la activación de los receptores de GLP-1 desencadena efectos biológicos en múltiples sistemas.
Corazón y vasos sanguíneos: Mejoran la función endotelial, reducen de forma moderada la presión arterial y disminuyen los marcadores inflamatorios, reduciendo el riesgo de eventos cardiovasculares mayores, como infartos y accidentes cerebrovasculares. Según un estudio publicado en The Lancet, con ellos se reducen un 66% los eventos cardíacos y se frena la inflamación inmediatamente.
Riñones: Promueven la natriuresis (eliminación de sodio), reducen la presión intraglomerular y ayudan a ralentizar el deterioro de la función renal. Además, se reduce la excreción de proteínas, se previene la inflamación y mejora el funcionamiento de los riñones, en forma completamente independiente de la pérdida de peso.
Hígado y tejido graso: Aumentan la sensibilidad a la insulina y reducen la acumulación de grasa hepática (esteatosis).
Cerebro y sistema inmunitario: Reducen la inflamación sistémica y central, mostrando propiedades potencialmente neuroprotectoras frente al deterioro cognitivo.
Además, distintos estudios han revelado que con los GLP-1 se reducen un 40% los ataques de artritis psoriática, y disminuyen también los ataques de asma en un 40%. Por último, los GLP-1 están empezando a dar beneficios en adicciones, como el alcoholismo y las apuestas de juego, y mejoran el estado de ánimo.
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Los grandes beneficios: Más allá del número en la balanza
Para muchos adultos mayores, la obesidad agrava enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes, la osteoartritis de rodilla y las afecciones cardíacas. Y los GLP-1 pueden contrarrestar todas estas dolencias, mientras disminuyen entre un 10 a un 20% el peso corporal.
"Los beneficios son reales y no quiero minimizarlos", desliza Michelle Pearlman, especialista en gastroenterología, nutrición médica y medicina de la obesidad.
Ensayos clínicos han demostrado que tratamientos como la semaglutida (Wegovy) reducen cerca de un 20% el riesgo de eventos cardiovasculares graves (como infartos y accidentes cerebrovasculares), observándose beneficios significativos incluso en personas de 80 años o más.
Asimismo, estos fármacos ralentizan el deterioro de la función renal y disminuyen el riesgo de insuficiencia renal.
Como ayudan a regular de manera eficaz la glucosa en sangre en pacientes con diabetes tipo 2, reducen la presión arterial y mejoran condiciones asociadas como la apnea del sueño y la grasa en el hígado, los GLP-1 contribuyen a la salud metabólica general.
Lograr una pérdida de peso sostenida de entre el 10% y el 20% disminuye la carga física sobre las articulaciones con osteoartritis. "Para un adulto mayor con artrosis de rodilla que limita su movilidad, quitarle un peso significativo a la articulación puede ser la diferencia entre caminar y no caminar", afirma Perelman.
Investigaciones recientes sugieren que los fármacos GLP-1 también disminuyen la inflamación en el cerebro, promueven la neurogénesis y podrían proteger contra el deterioro cognitivo y la demencia.
La otra cara de la moneda: Los peligros en la tercera edad
Pese a los múltiples beneficios, el organismo senior cuenta con menor reserva biológica para compensar los efectos adversos.
Entre un 25% y un 40% del peso perdido con medicamentos GLP-1 corresponde a masa magra o muscular, aumentando el riesgo de fragilidad y sarcopenia. "Perder un 10% de tu masa magra a los 68 años es un evento completamente diferente que perderlo a los 40", apunta Perelman.
Los efectos secundarios gastrointestinales —como náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento— son frecuentes al iniciar el tratamiento o elevar la dosis de semaglutida, por ejemplo.
"Los efectos secundarios digestivos son muy comunes al iniciar un GLP-1. Pero si son severos, persistentes o afectan su capacidad para comer y beber, esa es una señal para contactar a su profesional de la salud antes de realizar cualquier cambio en su medicación", apunta la farmacéutica Olivia Taylor.
En personas mayores, estos síntomas pueden desencadenar una deshidratación rápida, hipotensión ortostática (bajadas de presión al ponerse de pie), mareos, daño renal agudo e incrementar el riesgo de caídas.
Por otra parte, una supresión drástica del apetito en adultos con dificultades para cocinar o problemas dentales puede ser muy peligrosa. "La supresión no controlada del apetito es desnutrición con una receta médica detrás", advierte Perelman.
En ensayos clínicos con participantes de 75 años o más, se observó un reporte superior de fracturas de cadera y pelvis en el grupo tratado con semaglutida inyectable en comparación con placebo. Este es un riesgo no menor a esta edad.
A esto hay que sumar el efecto rebote: Tras la interrupción del tratamiento, las evidencias indican que se suele recuperar aproximadamente dos tercios del peso perdido en el plazo de un año, revirtiéndose a su vez gran parte de las mejoras cardiometabólicas.
Las 3 reglas de oro para un uso seguro en mayores de 65 años
Para garantizar que los beneficios superen los riesgos, las expertas proponen un enfoque clínico muy específico:
En vez de mirar solamente el Indice de Masa Corporal, la evaluación médica debe centrarse también en la composición corporal, la nutrición, la fuerza y la capacidad funcional del paciente.
Es obligatorio consumir proteínas y hacer entrenamiento de fuerza. Se aconseja consumir entre 1.2 y 1.6 gramos de proteína por kilo de peso al día. Perelman subraya: "La proteína sola no preservará el músculo. Caminar no preservará el músculo. Tiene que ser entrenamiento de resistencia"
En tercer lugar, las dosis deben subirse lentamente, para no suprimir abruptamente el apetito.
El objetivo en un adulto mayor no debería ser simplemente bajar el número en la balanza. Dice la nutricionista Cuilian Lin: "Quiero saber si el paciente mantiene la fuerza, camina cómodo, realiza sus actividades diarias y mantiene su independencia. Perder kilos al tiempo que uno se vuelve más débil no es el resultado que queremos", concluye la especialista norteamericana.
Por último, hay que tomar en cuenta que, según un flamante estudio presentado en el Congreso de la Academia Europea de Dermatología y Venerología, el desprendimiento y la decoloración de las uñas son entre dos y tres veces más frecuentes entre los usuarios de estos medicamentos.