Casi el 80% de los residuos encontrados en las playas bonaerenses son plásticos
El relevamiento se desarrolló a lo largo de 17 localidades y puntos costeros de la provincia, con la participación de centenares de voluntarios y 50 instituciones. Se verificaron 172.359 m² de playas y casi 40 mil residuos.
Según se lee en las conclusiones del 8º Censo Provincial de Basura Costera Marina, realizado durante los meses de septiembre y octubre por la Red Costera Bonaerense, el 78,36% de los residuos censados en las playas de la provincia de Buenos Aires correspondieron a plásticos, consolidando una tendencia que se mantiene desde hace años.
El relevamiento se desarrolló en 17 localidades y puntos costeros bonaerenses, con la participación de 457 voluntarios y 50 instituciones, y abarcó una superficie total de 172.359 m² de playas. En ese marco, se registraron 39.826 residuos, lo que permitió dimensionar la magnitud del problema y confirmar que los plásticos continúan siendo el principal componente de la basura marina, seguidos por las colillas de cigarrillo, uno de los contaminantes individuales más frecuentes de origen urbano.
El plástico es el contaminante más abundante en las playas bonaerenses
Los resultados del censo muestran que los residuos plásticos siguen dominando la composición de la basura costera, con impactos directos sobre los ecosistemas marinos y la fauna que habita o utiliza estos ambientes. Dentro de este grupo, los fragmentos plásticos fueron el ítem más encontrado, representando el 27,32% del total de los residuos censados.
Estos fragmentos provienen de la degradación de objetos plásticos de mayor tamaño que no se biodegradan, sino que se fragmentan progresivamente en piezas cada vez más pequeñas, incluyendo microplásticos, que pueden ser ingeridos por distintas especies y entrar en la cadena alimentaria.
Otros resultados del censo de basura costera
En segundo lugar se identificaron las colillas de cigarrillo, que alcanzaron el 21,34% del total de residuos. Aunque suelen pasar desapercibidas por su tamaño, las colillas constituyen un residuo altamente contaminante: están compuestas principalmente por acetato de celulosa, un tipo de plástico no biodegradable, y durante su degradación liberan nicotina, metales pesados y otros compuestos químicos tóxicos. Estas sustancias pueden afectar la calidad del agua y resultar perjudiciales para la fauna marina, especialmente para aves y otros animales costeros que pueden ingerirlas accidentalmente o verse afectados por su fragmentación en microplásticos.
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A estos residuos se suman los restos de redes, sogas, líneas de pesca y otros desechos vinculados a la actividad pesquera, que también fueron registrados durante el censo. Este tipo de basura representa un riesgo particular para la fauna marina, ya que puede provocar enmalles, enredos y lesiones, dificultando el desplazamiento, la alimentación y, en muchos casos, comprometiendo la supervivencia de los animales. Mamíferos marinos, aves y tortugas pueden quedar atrapados en estos materiales, incluso cuando ya no están en uso y permanecen abandonados en el ambiente.
“Una gran proporción de los animales marinos que asistimos presentan interacción con residuos de origen antrópico, principalmente plásticos, ya sea por ingestión, enmalles o lesiones asociadas. En el caso de las tortugas marinas, estos residuos representan un problema especialmente grave, ya que suelen confundir bolsas, envoltorios y otros fragmentos plásticos con su alimento natural”, explicó Karina Álvarez, bióloga y responsable de proyectos de conservación de la Fundación Mundo Marino.
“En muchos casos, la ingestión de plástico provoca obstrucciones, desnutrición y cuadros clínicos complejos que requieren atención veterinaria especializada. Reducir la cantidad de residuos que llegan al mar es una medida directa de protección para estas especies”, agregó.
Por su parte, Diego Albareda, Coordinador de Paisajes Costero - Marinos de Fundación Vida Silvestre Argentina, organización miembro de la RECOBO, enfatizó que “los plásticos, en todas sus formas, ya están presentes en cada ecosistema y en nuestra alimentación. Esta problemática dejó de ser exclusiva de los ambientes naturales y de la fauna: hoy es también una cuestión de salud pública. Pequeñas partículas de plásticos llegan a nuestro organismo a través de alimentos y bebidas. Para revertir esta tendencia, es indispensable reducir la producción de embalajes y plásticos de un solo uso, promover hábitos de consumo responsable y garantizar sistemas eficaces de disposición final y recuperación, que siguen siendo una deuda pendiente."