Trastornos del aprendizaje

Dislexia: la dificultad invisible que aún hoy condena a miles de chicos al fracaso y al bullying escolar

En Argentina, entre uno y dos alumnos por aula podrían tener dislexia, pero la mayoría nunca recibe un diagnóstico oportuno. Especialistas advierten que la falta de capacitación docente y el incumplimiento de la ley generan frustración, ansiedad, bullying y fracaso escolar en niños que tienen una inteligencia completamente normal.

DISLEXIA: No es una enfermedad ni un déficit intelectual. Se trata de una condición de origen neurobiológico. Foto: Freepik / Gza: Entrevistados

"No presta atención", "es inteligente, pero no estudia", "es vago", "madurará con el tiempo". Durante décadas, esas frases acompañaron la historia escolar de miles de chicos que, en realidad, convivían con una dificultad específica del aprendizaje que nunca había sido detectada. Es que la dislexia y sus variantes continúa siendo una condición ampliamente subdiagnosticada y, según especialistas y familias, el desconocimiento sigue provocando consecuencias que van mucho más allá de las dificultades para leer: baja autoestima, ansiedad, bullying, depresión y abandono escolar.

La dislexia no es una enfermedad ni un déficit intelectual. Se trata de una condición de origen neurobiológico que afecta principalmente la capacidad para decodificar el lenguaje escrito, establecer la relación entre sonidos y letras y desarrollar una lectura fluida. Las personas que la presentan conservan intactas sus capacidades cognitivas y, con frecuencia, sobresalen en disciplinas vinculadas con la creatividad, el pensamiento visual, la música, el arte, la informática, el diseño, la ciencia o el deporte.

La historia de la periodista y conductora Marina Wollmann refleja con crudeza esa realidad. Primero fue madre de Simón y Teo, ambos con dislexia, y atravesó durante años la incertidumbre de buscar diagnósticos, cambiarlos de escuelas y enfrentar instituciones y docentes que no sabían cómo acompañarlos.

Entre el 5% y el 15% de la población escolar puede tener algún grado de dislexia

Mucho tiempo después descubrió que ella también era disléxica. Tenía más de 40 años cuando un estudio confirmó lo que había marcado su infancia. "Para mí fue como rebobinar mi vida. Entendí por qué me había costado tanto la escuela y por qué nunca me había considerado inteligente", recuerda hoy para PERFIL quien hoy es “embajadora” de esta temática y da charlas sobre temas de dislexia y bullying.

Wollmann también cuenta que “durante años creí que no servía para estudiar”. Sin embargo, desarrolló una exitosa carrera como modelo, conductora y comunicadora, ámbitos donde podía desplegar otras capacidades que la escuela nunca había logrado valorar. "La dislexia no me impidió aprender. Lo que impide es hacerlo de la manera tradicional", contó.

Una situación de alta frecuencia

Su incidencia tampoco es marginal. Según distintas investigaciones internacionales y los datos de la comunidad científica, entre el 5% y el 15% de la población escolar puede tener algún grado de dislexia. Gustavo Abichacra, pediatra y directivo de la organización Disfam Argentina, estima que eso representa entre cuatro y seis millones de personas en todo el país. "Es uno o dos chicos por cada diez alumnos y sigue siendo la principal causa de fracaso escolar en chicos inteligentes", le contó a PERFIL.
 


Paradójicamente, el mayor problema no suele ser la condición en sí, sino la interpretación equivocada que hacen los adultos. Un niño con dislexia puede tardar tres veces más en leer un texto y gastar hasta cinco veces más energía cognitiva para comprenderlo. Sin embargo, muchas veces termina siendo señalado como distraído, desinteresado o poco aplicado. Esa mirada, repetida durante años, termina deteriorando profundamente su autoestima.

"Una persona inteligente que permanentemente escucha que no puede hacer algo empieza a convencerse de que vale menos que los demás", explica Abichacra. El especialista sostiene que quedar excluido del grupo escolar afecta una necesidad básica de pertenencia y puede desencadenar cuadros de ansiedad, trastornos del sueño, depresión e incluso un mayor riesgo de conductas suicidas, una asociación que también ha sido estudiada internacionalmente.

La evidencia muestra que las primeras señales pueden aparecer incluso antes del ingreso a la primaria. Dificultades para reconocer rimas, recordar nombres, identificar colores, seguir secuencias o diferenciar sonidos pueden constituir indicadores de riesgo desde los cuatro o cinco años. Detectarlos tempranamente permite comenzar un entrenamiento de la conciencia fonológica, una estrategia que mejora significativamente el aprendizaje posterior de la lectura y la escritura.

AUTORA. Marina Vollman y su nuevo libro.También da charlas sobre esta temática y el bullying.

Muchas escuelas todavía desconocen la normativa o directamente no implementan las adecuaciones previstas, como ampliar el tamaño de la letra, otorgar más tiempo para las evaluaciones, priorizar instancias orales o facilitar materiales adaptados. Abichacra y Wollmann aseguran que la principal deuda sigue siendo la capacitación docente. Junto con varios especialistas en educación, participó recientemente en la elaboración de materiales de formación en el tema que fueron publicados en el portal Educ.ar. Pero advierte que el alcance aún es insuficiente. "La ley obliga a capacitar docentes y promover la detección precoz, pero eso todavía no ocurre en la práctica. "Cuando el diagnóstico finalmente llega, muchas veces tampoco se respetan las adaptaciones que establece la normativa", recordó.

Mientras tanto, organizaciones como DISFAM continúan acompañando a familias que recorren un camino de búsqueda y descubrimiento con un objetivo sencillo pero todavía vigente: que ningún niño vuelva a creer que es menos capaz simplemente porque aprende de una manera diferente.

La ley existe, pero su cumplimiento es dispar

Hace una década que Argentina cuenta con un marco legal destinado a proteger a niños, adolescentes y adultos con Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA). La Ley Nacional 27.306, reconoce el derecho al diagnóstico temprano, al tratamiento adecuado y a recibir las adaptaciones pedagógicas necesarias durante toda la trayectoria educativa. También establece la obligación de promover la capacitación docente y la detección precoz de estas dificultades.

Sin embargo, especialistas y organizaciones sostienen que la aplicación de la norma sigue siendo muy dispar entre provincias y establecimientos educativos. Abichacra asegura que muchas escuelas continúan desconociendo la legislación o directamente no implementan medidas tan sencillas como ampliar el tamaño de la letra en las evaluaciones, otorgar más tiempo para resolverlas, permitir respuestas orales o adaptar los materiales de estudio. "No estamos pidiendo privilegios. Son adecuaciones mínimas para que un chico inteligente pueda demostrar lo que sabe".

La solución pasa por formar a los docentes y lograr que el sistema educativo entienda que la dislexia no es falta de esfuerzo ni un problema de conducta, sino una condición neurobiológica que requiere otra forma de enseñar".