El cambio cultural detrás de la caída de la natalidad: ¿por qué para los argentinos tener hijos dejó de ser una prioridad?
Durante décadas, formar una familia y tener hijos aparecía como una etapa central del proyecto de vida. Hoy eso cambió. Un flamante estudio de la Universidad Austral que siguió la evolución de los valores familiares revela que apenas el 46% de los argentinos considera muy importante ser padre o madre, cuando hace apenas una década esa proporción alcanzaba al 77%.
Durante buena parte del siglo XX, formar una familia y tener hijos aparecía como una consecuencia casi natural de la adultez. Más allá de diferencias sociales, económicas o culturales, la mapaternidad ocupaba un lugar central dentro de los proyectos personales. Ese paradigma está cambiando.
Un estudio que siguió durante 25 años la evolución de los valores familiares en Argentina detectó una transformación: para una proporción creciente de la gente, tener hijos dejó de ser un componente indispensable de una vida plena.
El trabajo lo realizó el equipo del Observatorio del Desarrollo Humano del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, integrado por las doctoras Dolores Dimier de Vicente, Lorena Bolzon, María Sol González y Victoria Bein.
“Cuando baja la natalidad, los chicos que nacen son realmente deseados”
En el 2015, el 77% de los argentinos afirmaba que “tener y criar hijos era muy importante" para alcanzar una vida plena. Diez años después, ese porcentaje cayó al 46%, el número más bajo desde que comenzó a hacerse esta pregunta. No se trata de una variación coyuntural, sino de una tendencia sostenida que atraviesa generaciones, regiones y niveles socioeconómicos.
La modificación es más marcada entre los jóvenes. Solo el 34% de las personas de 18 a 34 años considera que ser padres constituye un aspecto “muy importante para sentirse realizadas”.
En otras palabras, dos de cada tres integrantes de las generaciones jóvenes ya no colocan el hecho de tener hijos entre las prioridades centrales de sus proyectos vitales.
Razones que explican el fenómeno
Las expertas se concentraron en buscar las razones profundas detrás de la caída en la tasa de nacimientos. Y comprobaron un cambio cultural. Es que vienen relevando las actitudes de los argentinos desde el año 2000, y ahora la conclusión es que la decisión de tener hijos perdió centralidad en los proyectos de vida.
“Nuestros estudios muestran que no es solo un fenómeno argentino. La redefinición de la parentalidad dentro de un proyecto de vida es un proceso ya documentado desde hace décadas en Europa, Norteamérica y, más recientemente, en Asia y América Latina”, le detalló Lorena Bolzón a PERFIL.
Y la experta agregó: “Lo que cambia no es el valor de la familia -que sigue siendo muy alto: 43%-, sino el lugar que ocupa la decisión de convertirse en madre o padre. La parentalidad deja de percibirse como un paso esperado de la vida adulta y pasa a ser una elección que compite con otros proyectos, como el desarrollo profesional, la autonomía, la movilidad o la búsqueda de bienestar”.
Crisis de natalidad en Argentina: las razones que explican la caída de los nacimientos
De hecho, el estudio refleja esa transformación: el 57,3% de quienes no desean tener hijos afirma que la parentalidad no forma parte de su proyecto de vida.
Momento sensible para demografía
Los resultados aparecen en un momento particularmente sensible para la demografía local. Entre 2014 y 2024, los nacimientos cayeron de más de 777 mil a unos 413 mil, según datos oficiales. La magnitud del descenso convirtió al país en uno de los cuatro de la región con fecundidad “ultrabaja” (1,2 hijos por mujer).
Durante años, la explicación atribuía la caída de la natalidad a la incertidumbre económica, la precarización laboral, la dificultad para acceder a una vivienda o -incluso- al aborto. Esos factores siguen presentes, pero no parecen condicionar esta decisión. Simplemente, cada vez más argentinos directamente no imaginan la mapaternidad como parte de su proyecto vital.
La encuesta preguntó cuáles son las razones de quienes no desean hijos. La respuesta mayoritaria sorprendió incluso a los investigadores: el 57% respondió que simplemente no formaba parte de sus planes.
En segundo lugar aparece la ausencia de una pareja estable (38,2%), seguida por el deseo de priorizar otras experiencias, como viajar o desarrollar distintos estilos de vida (32,6%), y por la decisión de concentrarse en la carrera profesional o en los estudios (30,3%).
La investigación suma otro dato revelador sobre las nuevas preocupaciones que atraviesan la decisión de ser padres. Entre quienes afirman que no desean tener hijos, el 22,5% menciona el contexto mundial -ecológico, social, político o económico- como un factor que influye en esa elección.
Es decir, la incertidumbre climática, los conflictos internacionales, la inestabilidad política y otros riesgos comienzan a incorporarse al cálculo personal sobre el futuro, un fenómeno que hasta hace pocos años apenas aparecía nombrado.
“Por otra parte, en Argentina observamos una particularidad. La familia continúa siendo el principal espacio de bienestar y satisfacción personal. Es decir, no estamos frente a una pérdida del valor de la familia, sino frente a una transformación del significado que adquiere la parentalidad dentro de ese proyecto familiar. Esa tensión es, probablemente, uno de los hallazgos más relevantes del estudio”, contó Bolzón.
Tener hijos dejó de ser un paso esperado para convertirse, cada vez más, en una elección individual que compite con múltiples alternativas de realización personal.
Causas y azares
En el estudio, una de cada cinco personas dijo que su decisión “está influida por el contexto mundial: ecológico, social, político o económico”. Para Bolzón este es otro dato a tener en cuenta y del que se habla mucho en la literatura reciente: la “incertidumbre sobre el futuro”.
“Nos llamó la atención ese nivel de respuesta porque muestra que las decisiones sobre la parentalidad ya no dependen únicamente de la situación personal o familiar, sino también de cómo las personas imaginan el futuro de la sociedad. Que uno de cada cinco encuestados mencione el contexto mundial como un motivo para no tener hijos indica que la incertidumbre comienza a incorporarse en las decisiones más íntimas de las personas”.
No se trata de un fenómeno exclusivamente argentino
En los últimos años, distintos estudios internacionales, especialmente en Europa, Estados Unidos y Australia, han mostrado que las preocupaciones por el cambio climático, los conflictos internacionales, la incertidumbre económica o la inestabilidad política aparecen cada vez con mayor frecuencia en las decisiones reproductivas, especialmente entre los adultos jóvenes.
La especialista agregó que “mirando a futuro, es posible que este tipo de preocupaciones gane importancia. Vivimos en un contexto de alta incertidumbre, con transformaciones tecnológicas, cambios climáticos, conflictos geopolíticos, fuertes cambios sociales y mayores niveles de soledad. Si esa percepción se profundiza, es razonable pensar que influirá cada vez más en las decisiones sobre formar una familia. Esto plantea un desafío importante: generar condiciones de mayor previsibilidad y confianza, porque decidir convertirse en madre o padre supone, en algún sentido, un acto de confianza en el futuro. Cuando esa confianza se debilita, es lógico que muchas personas posterguen o incluso descarten ese proyecto”.
Las consecuencias
Las consecuencias de esta transformación exceden el plano privado. Menos nacimientos implican escuelas con menor matrícula, cambios en la demanda de servicios de salud materno-infantil, un mercado laboral con menos población joven en las próximas décadas y una presión creciente sobre los sistemas previsionales debido al envejecimiento demográfico. En otras palabras, decisiones que hoy parecen estrictamente individuales terminarán moldeando buena parte de la estructura económica y social del país durante la segunda mitad del siglo XXI.
En ese contexto, la histórica caída de los nacimientos deja de ser solamente un dato estadístico para convertirse en la manifestación visible de una transformación cultural de largo alcance. Después de 25 años de seguimiento, el estudio de la Universidad Austral ofrece una conclusión que probablemente marcará buena parte del debate demográfico de los próximos años: la maternidad y la paternidad ya no ocupan el lugar central que tuvieron durante generaciones.