SOCIEDAD
Mario Sebastiani, un referente en obstetricia y en bioética, reflexiona sobre natalidad y autonomía

“Cuando baja la natalidad, los chicos que nacen son realmente deseados”

Con medio siglo de experiencia profesional y 14 mil partos en su haber, el doctor Mario Sebastiani observa el profundo cambio demográfico argentino: grandes hospitales en los que, durante días, no se registran nacimientos y una mayoría de mujeres que deciden maternar más tarde, o no hacerlo. En su último libro, el especialista reflexiona sobre la baja de la natalidad y lo que implica como oportunidad de transformación social positiva.

Mario Sebastiani
MARIO SEBASTIANI. Un referente en obstetricia y en bioética, reflexiona sobre natalidad y autonomía. | GZA: Entrevistados / Freepick

Mario Sebastiani es uno de los obstetras de mayor trayectoria de la Argentina. Acaba de cumplir 75 años, pero sigue atendiendo a diario a decenas de parejas que lo buscan y lo esperan en su consultorio del Hospital Italiano de Buenos Aires.

“A lo largo de mi vida profesional”, calcula con una sonrisa, “debo haber atendido entre 13 y 14 mil partos”. Pero además de asistir al nacimiento de miles y miles de chicos, también tuvo -tiene- tiempo para seguir muchos otros intereses. Por ejemplo, es profesor de Tocoginecología del Instituto Universitario Hospital Italiano y fundó y preside el Comité de Bioética Asistencial de esa institución. También fue candidato a senador en las elecciones legislativas de Italia. En sus ¿escasos? ratos libres, se las ingenió para escribir -y publicar- trece libros de divulgación general sobre temas de salud. Y, justamente, en el último, analiza un tema de enorme actualidad global y local: “La caída de la natalidad: lo bueno y lo malo”.

Además, dio charlas TED, y es conocido su asesoramiento legislativo cuando se redactó la Ley de anticoncepción voluntaria. Como no le rehúye al debate, ahora trabaja en otra norma que levantará polémica: una ley de muerte médicamente asistida.

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Cuando en el 2023 recibió el Premio Konex a la salud pública, la prestigiosa entidad lo definió como “un profesional que ha promovido una medicina que defienda, sobre la base de la autonomía y el consentimiento informado, la autodeterminación y libertad de las personas”. Y ahora, con la excusa de la publicación de su último libro, PERFIL lo entrevistó para poder contar algunas de sus reflexiones.

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Mario Sebastiani. Uno de los obstetras de mayor trayectoria de la Argentina reflexiona sobre la baja de los nacimientos.

¿Qué está pasando con la natalidad en Argentina?

—Hay una caída fuertísima: hace apenas una década, en Argentina había 760 mil partos anuales. Hoy, hay unos 400 mil. Aun en instituciones de salud grandes, como el Italiano o el Durand, hay días en los que directamente no nacen chicos. Los equipos médicos, los residentes, están ahí, en espera, sin atender.

Esto es un cambio significativo.

—Totalmente. Basta recordar que hasta hace poco tiempo, la preocupación mundial era la sobrepoblación. Íbamos a un mundo que debía sostener las necesidades de 12 mil millones de personas y con enormes problemas de distribución de alimentos. Hoy el escenario es completamente distinto. Pero, ojo, igual también causa una gran preocupación en la gente. Se podría decir una especie de “psicosis” con el tema.

¿Por qué?

—Yo escribí mucho sobre por qué tenemos hijos, siempre acompañando y tratando de contener a los futuros padres. Y siempre hubo mucha gente que vivía el embarazo con preocupación o con cierta culpa por diferentes razones. Lo bueno de lo que está pasando con la tendencia de los nacimientos es que la mayor parte de los bebés que llegan al mundo ahora realmente son chicos deseados por sus papás. Cuando baja la natalidad, los chicos que llegan lo hacen bajo un entorno familiar de responsabilidad y en un contexto que parece tener más capacidad para poder hacer frente a las demandas del crecimiento saludable de un chico.

¿Esto no era algo más típico de clase media o alta?

—Si bien mi experiencia actual no es del hospital público, por lo que sé de mis colegas en hospitales, esto estaría pasando en general, en todas las familias, de diferentes capas sociales. Es un fenómeno que surge a consecuencia de varias políticas públicas en salud, como la Ley de Salud Reproductiva que impulsó Ginés Gonzales García, que le permite a todos —ricos y pobres— acceder al tipo de anticoncepción que prefieran o al más indicado para cada persona. También tenemos normativas que amparan y cubren la anticoncepción quirúrgica voluntaria (ligadura de trompas, vasectomías); la Educación Sexual Integral (ESI), el plan Enia, para prevenir los embarazos en la adolescencia. Y, por supuesto, el aborto legal y seguro. Conclusión: hoy las mujeres tienen a sus hijos cuando lo eligen. Pero no es lo único que influye.

¿Qué más hay?

—Que hay un cambio social clave que tiene que ver con una variación enorme en la percepción de la mujer: ya no se siente “vacía” en su vida por no tener hijos. Además, muchas sienten que tener hijos es perder la libertad, tener menor capacidad de generar ingresos económicos futuros y depender más de un hombre “proveedor”. Sin olvidar que hoy tener hijos influye en la carrera profesional. Acá en mi servicio en el hospital tenemos 16 residentes mujeres y ningún varón y claramente no todas desean retrasar sus carreras por tener chicos. Todo eso aporta a este cambio demográfico.

En pocas palabras, tener un hijo dejó de ser un mandato biológico para convertirse en un proyecto elegido. Y esa transformación es un indicador de autonomía y madurez social.

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Se debate mucho políticamente sobre el rol del aborto en esta tendencia…

—Sí, pero no es así. Una década atrás teníamos 460 mil abortos por año y hoy tenemos alrededor de la mitad. O sea que la ley de aborto seguro no es causal de menor natalidad. Pero sí hay otras cosas que me preocupan.


¿Cuáles?

—Que, para revertir esta tendencia, a algún político se le ocurra coartar la libertad de las mujeres. Por ejemplo, prohibir la anticoncepción, algo que —no olvidemos— ya pasó dos veces en nuestro país. Y, también, prohibir el aborto seguro, posición que varios políticos oficialistas importantes han declamado.

¿Qué pasa con la postergación de la maternidad?

—Es algo cada vez más común. Cuando yo empecé, atendía a mamás de -en promedio- 25 años. Hoy casi todas andan por los 35 años. Esto tiene la consecuencia de que es más difícil lograr el embarazo, porque la edad biológica ideal siguen siendo los “veintis”. Vale acotar que la medicina le buscó una respuesta a esta tendencia social con el desarrollo de la fertilización asistida.

En el libro planteás algo positivo sobre el tema de la caída demográfica.

—Si tengo menos chicos y la misma riqueza, lo que va a pasar es que ellos van a acceder a más educación, más arte, más deporte, más docentes por alumno, mejores comidas al mediodía. O sea, como sociedad podremos disponer de más dinero para proteger a la infancia. Y no solo eso. También dispondremos de más dinero para invertir en el otro gran problema de la salud pública de hoy: la ancianidad.

¿Se pueden implementar otras políticas?

—Sí, claro. Por ejemplo, hace 25 años que proponemos que en todos los ámbitos laborales haya disponibles jardines maternales. Respecto al tema de las licencias, es muy complejo. Creo que darle seis meses por maternidad a la mujer no es la mejor idea, porque eso termina haciendo que el empresario no tome mujeres. Y en el caso del hombre al que se propone darle más días de licencia por paternidad, también me parece que puede llevar a la empresa a que prefiera tomar gente mayor, que ya tuvo hijos y no piensa tener más. Así que son políticas que tienen su lado B.


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Repensar la formación médica

Una de las consecuencias a pensar a partir de los cambios demográficos tiene que ver con la formación médica. Estamos en un momento donde, según Sebastiani, “hay que repensar la formación médica. Mi percepción es que nadie quiere hacer gerontología y pocos quieren hacer pediatría. El prestigio profesional hoy pasa por la cirugía, por la cardiología, por la laparoscopía. Y tenemos carencia total de médicos que se dediquen a temas de este tipo. Intuyo que cuidar "viejitos" no genera una gran vocación y no parece seducir a los profesionales jóvenes. Por otra parte, también es cierto que para atender esta etapa etaria se necesita mucho personal de salud de especialidades como enfermeros, kinesiólogos o nutricionistas. O sea, gente que les pueda dar calidad de vida y atención personalizada, más que médicos que puedan diagnosticar o recetar un tratamiento. Lo importante es tratar de cambiar a los geriátricos para que dejen de ser depósitos de personas. Todo este tema es algo realmente filosófico que debemos abordar desde varias perspectivas.

El final de la vida

Sebastiani es un especialista en bioética y no rehuye ningún tema, aun en el otro extremo de su especialidad. ¿Qué pasa con la senectud, la longevidad, el final de la vida y todos los problemas de salud asociados a la gerontología?

Su respuesta es cuidadosa pero firme: “Si tenemos cierta edad, las personas deben poder resolver sobre sus condiciones personales y sobre su dignidad. O sea, debemos tener derecho a definir el fin de nuestras vidas, algo que ya existe en varios países de Europa”.


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Para este experto, la sociedad debería reflexionar sobre este tema y entender cosas de las que se habla muy poco, como el “cansancio vital”. Todo en un ambiente de máxima autonomía y libertad, por supuesto. Esto se contextualiza también con lo que pasa en algunos geriátricos, donde vemos una pandemia de soledad, de abandono y un alto deterioro en la calidad de vida de las personas. Según Mario, “tendremos que debatir la posibilidad y la legislación necesaria para que una persona mayor pueda decir ‘cuando yo me quiera ir, la sociedad me tiene que ayudar’”. En otras palabras, tenemos que amigarnos con la idea de la muerte.