¿Cuándo será el próximo lanzamiento?

El futuro de los “CubeSats”: cómo podría seguir la industria de los microsatélites argentinos

El desarrollo de CubeSats abre una ventana para la industria espacial argentina. Con experiencia acumulada y proyectos en marcha, el país podría posicionarse como proveedor tecnológico confiable en un negocio atravesado por la brutal competencia global y tensiones geopolíticas contrastantes.

COMPETITIVOS. Atenea, de Argentina, fue uno de los cuatro seleccionados entre 40 microsatélites postulantes de diversas agencias. Foto: Cedoc Perfil

El equipo que participó en el desarrollo del microsatélite Atenea suma aportes profesionales de distintos departamentos de la Facultad de Ingeniería de la UBA. Estos están, desde hace tiempo, trabajando en varios proyectos relacionados con la actividad espacial, como el Proyecto ASTAR, que también implica desarrollar componentes y microsatélites. Pero no son los únicos. Otras universidades e instituciones también apuestan por sumar en estas tecnologías.

Según le explicó a PERFIL el ingeniero Facundo Pasquevich, integrante del Centro Tecnológico Aeroespacial de la Universidad de La Plata y con larga experiencia en este mundillo tech, “el mercado global está requiriendo del desarrollo de nuevos “Cubesats. Existe una demanda importante de estos, tanto para ser usados como prototipos y hacer ensayos reales de nuevas tecnologías, por un costo bajo”.

Un microsatélite diseñado por ingenieros argentinos volará en la nave de la NASA que va a la Luna

“Estos desarrollos, ya validados, luego se pueden aplicar y usar en forma confiable en satélites más grandes, caros y complejos. Pero, además, los “cubesats” se pueden usar directamente para generar ciertos servicios específicos, especialmente si se lanzan y combinan en formato de constelaciones integradas por varios satélites que trabajan haciendo pruebas y observaciones en equipo”.

 

 

En otras palabras, existe un creciente y atractivo mercado satelital para atender, donde “Argentina ya cuenta con una larga y probada trayectoria, y donde podría insertarse como proveedora tecnológica confiable (al estilo de lo que pasó con la ingeniería nuclear), ya sea fabricando componentes sofisticados para otros países, como -directamente- ofreciendo el satélite ya construido y dando servicios de datos”, coincidieron ambos expertos.

El decano de Ingeniería de la UBA contó la participación argentina en el proyecto vuelo a la luna

Para poder hacer este negocio todavía más atractivo, en un mercado donde hay una competencia feroz e intereses geopolíticos contrapuestos, Argentina podría desarrollar otras fases del negocio, donde también tiene experiencia: desde lanzadores (como el ahora pausado vector “Tronador”, que podría poner cargas en el espacio”), hasta satélites muy complejos de observación y de comunicaciones, que Argentina ya hizo funcionar exitosamente. Y también contar con bases receptoras y antenas para controlar misiones e ir “bajando” a Tierra la información recopilada desde el espacio, para luego procesarla y darle el valor agregado para ser usada.
 

Atenea, proeza tech

La proeza que lograron con Atenea no es menor, ya que para “subirse” a la Artemis, el microsatélite argentino tuvo que competir contra otras propuestas de otros socios de la NASA. “De hecho”, le contó a PERFIL Fernando Filippetti, director del proyecto Astar y responsable del tema en la Facultad de Ingeniería de la UBA, “nuestro proyecto compitió y le ganó a cuarenta propuestas similares hechas por agencias espaciales de otros países. Atenea fue uno de los cuatro seleccionados que pasaron todos los exámenes de calidad, porque mandamos el dispositivo terminado en tiempo y forma”. Para eso sumaron diseño veloz, con integración de “calidad argentina”, usando componentes certificados para soportar la dureza y el rigor de un vuelo espacial.

 

EXPERTO. El ingeniero Facundo Pasquevich, integrante del Centro Tecnológico Aeroespacial de la Universidad de La Plata.

Tanto desde la UNLP como desde la UBA, le recordaron a PERFIL que “Atenea es un paso más”. Pero ambas instituciones tienen otros proyectos y desarrollos satelitales en marcha, algunos para poner a punto componentes y otros más complejos, capaces de llevar al espacio módulos para completar, hacer experimentos biológicos como hacer crecer plantas hidropónicas en el espacio exterior. Esto, por ejemplo, serviría -entre otras cosas- para futuras misiones tripuladas de largo alcance.

Por su parte, desde la UNLP ya tienen previsto lanzar su próximo microsatélite para probar componentes, en julio del 2026. Lo harán por medio de un lanzador de la compañía de Elon Musk, SpaceX, y así seguir poniendo a punto soluciones satelitales “Made in Argentina”.

CP