“Hoy el cansancio se ha convertido en un problema de salud pública”
PERFIL entrevistó al catedrático Alfredo Rodríguez-Muñoz, psicólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Este experto viene investigando y divulgando temas de sueño, bienestar y salud mental. ¿Qué mitos y problemas tenemos con nuestros hábitos del descanso?
Desde hace años, Alfredo Rodríguez-Muñoz, catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y flamante autor del libro “Dormir para vivir” viene investigando y divulgando temas de sueño, bienestar y salud mental. Ahora un nuevo trabajo de divulgación, claro y atractivo, acaba de llegar a las librerías.
En esta entrevista con PERFIL comparte algunos conceptos sobre el sueño y nuestros hábitos del descanso que son esenciales para que tengamos una mejor calidad de vida.
- Decís que vivimos en "la era del cansancio". ¿Por qué? ¿Se convirtió en un problema social y no solo individual?
- Sí. Durante mucho tiempo pensamos que el cansancio era un problema privado: algo que le ocurría a una persona porque dormía poco o porque se organizaba mal. Hoy sabemos que es mucho más que eso. Vivimos en una sociedad que ha normalizado el agotamiento. Cuando hablo de la era del cansancio, no me refiero únicamente a que dormimos menos horas. Me refiero a que hemos construido una forma de vida en la que el descanso tiene que competir constantemente con el trabajo, las pantallas, las obligaciones y la sensación de que siempre hay algo más importante que hacer.
Durante siglos, acostarse significaba desaparecer unas horas del mundo. Hoy nos llevamos a la cama el trabajo, las redes sociales, las noticias y las preocupaciones del día siguiente. El mayor enemigo del sueño ya no es el insomnio. Es la sensación permanente de que siempre hay algo más que hacer, responder o mirar.
La factura del sueño no llega en papel, pero siempre llega.
Por eso creo que el cansancio ha dejado de ser un problema individual para convertirse en un problema de salud pública. Hemos confundido estar despiertos con estar vivos. Y el resultado es una sociedad que funciona cansada, sin darse cuenta de todo lo que está perdiendo por el camino.
- ¿Se sigue admirando a quien duerme menos y es “más productivo”, pese a que la evidencia científica muestra que eso deteriora el rendimiento?
- Todavía sí. Existe una especie de prestigio cultural asociado al agotamiento. Mucha gente sigue diciendo "duermo cuatro horas", "no paro" o "llevo semanas a tope" como si fueran credenciales de éxito.
Durante décadas hemos admirado a quien sacrificaba el sueño en nombre de la productividad. El problema es que la evidencia científica demuestra exactamente lo contrario: dormir poco no mejora el rendimiento, lo deteriora.
EXPERTO. Alfredo Rodríguez-Muñoz, catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid.
Lo más llamativo es que, cuando estamos privados de sueño, solemos sobreestimar nuestras capacidades. Creemos que seguimos funcionando igual porque seguimos siendo capaces de trabajar, conducir o tomar decisiones. Pero por debajo aparecen más errores, peor juicio, menos creatividad y más impulsividad.
Nadie presume de ir borracho a trabajar. Sin embargo, mucha gente presume de hacerlo cansada. Dormir poco se ha convertido en una medalla invisible. El problema es que el cerebro no entiende de prestigio social. Entiende de biología.
- ¿Cuáles son los mitos relacionados con el descanso que te parecen más importantes?
- El primero es pensar que dormir es una pérdida de tiempo. Probablemente sea el mito más dañino de todos. El segundo es creer que podemos recuperar completamente el sueño perdido durante el fin de semana. Dormir más el sábado ayuda, pero no elimina todos los efectos acumulados de una semana de privación de sueño.
Y el tercero es pensar que algunas personas funcionan perfectamente con cinco horas de sueño. Existen casos excepcionales por razones genéticas, pero son extraordinariamente raros. La mayoría simplemente se ha acostumbrado a rendir peor.
Quizá la gran paradoja es que vivimos en una cultura obsesionada con optimizarlo todo, salvo aquello que sostiene el resto. Invertimos en tecnología, productividad o formación, pero seguimos considerando el sueño como algo prescindible.
No hemos dejado de dormir porque necesitemos menos sueño. Hemos dejado de dormir porque hemos decidido que otras cosas son más importantes.
- ¿Cuáles son los impactos de la privación de sueño en accidentes, errores laborales y decisiones cotidianas?
- Son enormes y, muchas veces, invisibles. Cuando dormimos poco empeoran la atención, la memoria, la velocidad de reacción y la capacidad para evaluar riesgos. Aumentan los accidentes laborales, los errores médicos y los accidentes de tráfico.
Pero los efectos no se limitan a las situaciones extremas. También afectan a la vida cotidiana. Dormir poco nos vuelve más impulsivos, más impacientes y más propensos a tomar malas decisiones. Interpretamos peor las intenciones de los demás, respondemos con mayor agresividad y cometemos errores que normalmente no cometeríamos.
Hay un dato especialmente ilustrativo: después de unas diecisiete horas despierto, el rendimiento cognitivo puede ser comparable al de una persona con una tasa de alcohol cercana al límite legal para conducir. La diferencia es que la sociedad reconoce inmediatamente el riesgo del alcohol, pero sigue infravalorando el riesgo del cansancio.
- ¿Cómo influye el uso o abuso de las pantallas sobre el sueño? ¿Hay evidencias de esto?
- Sí, y las evidencias son muy sólidas. Las pantallas afectan al sueño por una doble vía. La primera es biológica. La luz artificial nocturna puede retrasar la producción de melatonina y enviar al cerebro la señal equivocada de que todavía es de día. Pero la segunda vía es probablemente aún más importante. El problema no es solo la luz. Es el contenido. Cuando estamos en la cama leyendo correos, contestando mensajes, viendo noticias o navegando por redes sociales, mantenemos el cerebro activado justo cuando debería empezar a desconectar.
Hoy hemos llevado al dormitorio el trabajo, las redes sociales y la actualidad.
- ¿Cuáles son algunos tips que te parecen importantes para mejorar el sueño y el descanso?
- No existen fórmulas mágicas, pero sí hábitos que funcionan. Intentar mantener horarios relativamente regulares, exponerse a la luz natural por la mañana, realizar actividad física de forma habitual y reducir la estimulación digital durante la última hora del día son medidas sencillas que tienen un impacto real.
También conviene recordar algo importante: dormir bien no empieza cuando nos acostamos. El sueño se prepara por el día y se permite por la noche. Es el resultado de cómo vivimos durante el día.
Y quizá el consejo más importante sea dejar de considerar el descanso como algo que hay que ganarse. Dormir no es una recompensa por haber trabajado mucho. Es una necesidad biológica imprescindible para poder funcionar bien.
A veces buscamos aplicaciones, suplementos o dispositivos sofisticados cuando lo que necesitamos es algo mucho más simple: darle al sueño la prioridad que merece.
- ¿Es posible que la falta de sueño esté contribuyendo a una sociedad más irritable, agresiva y menos empática?
- Cada vez tenemos más evidencia de ello. La privación de sueño aumenta la reactividad emocional y reduce nuestra capacidad para regular las emociones. Cuando estamos cansados, interpretamos peor las intenciones de los demás, reaccionamos de forma más impulsiva y toleramos peor la frustración. Además, algunos estudios muestran que incluso una sola noche de sueño insuficiente puede reducir las respuestas empáticas y la disposición a ayudar a otras personas. Por eso creo que el sueño no es solo una cuestión de salud individual. También es una cuestión de convivencia.
Una sociedad cansada es una sociedad más impaciente, más polarizada y más vulnerable al conflicto.
Finalmente, creo que es importante destacar que hemos llegado a normalizar algo que no debería ser normal: vivir cansados. Mucha gente considera el agotamiento como el precio inevitable de la vida moderna. Pero el cansancio crónico no es una señal de éxito, ni de compromiso, ni de productividad. Es una señal de alarma.
En el pasado dormíamos mejor
La gran paradoja de nuestra época es que nunca habíamos sabido tanto sobre el sueño y nunca habíamos dormido tan mal. Disponemos de más conocimiento científico, más tecnología y más recursos que ninguna generación anterior. Sin embargo, seguimos sacrificando el descanso como si fuera opcional.
El sueño es el sistema de mantenimiento del cerebro y del cuerpo. Mientras dormimos, consolidamos recuerdos, regulamos emociones, fortalecemos el sistema inmunitario y nos preparamos para afrontar el día siguiente.
Quizá ha llegado el momento de dejar de preguntarnos cómo dormir menos para hacer más cosas y empezar a preguntarnos cómo dormir mejor para vivir mejor. Porque, al final, la calidad de nuestros días depende en gran medida de la calidad de nuestras noches.