El ingeniero argentino Pablo de León, colaborador de la NASA

La historia espacial argentina busca tener su lugar: impulsan un museo dedicado a la astronáutica

Inspirado en los grandes centros de divulgación científica, el futuro Museo Argentino del Espacio tendrá una amplia colección de objetos espaciales originales. Desde cohetes y satélites, a réplicas de cápsulas espaciales, simuladores. La iniciativa, liderada por Pablo de León, pondrá en valor el amplio y poco conocido aporte tecnológico argentino a la actividad espacial.

FUTURO. El proyecto del museo está inspirado en los grandes centros de divulgación científica., Foto: Cedoc Perfil / Gza entrevistado

Mientras las recientes misiones Artemis captan la atención y la imaginación global, en Argentina avanza un proyecto ambicioso y poco usual: la creación del primer museo del país dedicado exclusivamente a la astronáutica.

La iniciativa la viene poniendo a punto, desde hace ya varios años, el ingeniero Pablo de León, uno de los pocos argentinos que trabajaron para la NASA en temáticas espaciales. De León tiene una extensa trayectoria vinculada al programa espacial.

En una charla que mantuvo con PERFIL desde Estados Unidos -donde reside desde hace muchos años- este profesor universitario confirmó que su idea es fundar en Buenos Aires el “Museo Argentino del Espacio”, un lugar inspirado en los grandes centros de divulgación científica del mundo.

Qué objetos espaciales contendrá el museo

“Hace más de 20 años que tengo esta idea”, contó De León. Y detalló: “Desde hace mucho me apasiona el coleccionismo y en este tiempo fui reuniendo artículos y objetos espaciales fabricados y usados en distintos países; siempre con la idea de armar una colección que, algún día, pudiera ser la base de un museo espacial de Argentina. Y ahora siento que es el momento de avanzar”, señaló.

COLECCIONES. Habrá objetos originales, réplicas y también simuladores.

El proyecto apunta a crear un espacio de unos cuatro mil metros cuadrados, preferentemente en Buenos Aires y, si fuera posible, en una zona cercana al planetario Galileo Galilei. Esta elección no es casual: además de potenciar el turismo científico, permitiría articular sus actividades educativas con otras instituciones vinculadas a la temática.

Su futuro museo estaría centrado en la exploración espacial tripulada y el desarrollo astronáutico. “No sería un lugar dedicado a la astronomía, sino al uso y a la tecnología en el espacio. Queremos contar la historia de la exploración humana en este ámbito y también mostrar el recorrido que tuvo la Argentina en materia espacial, algo que, aunque pocos lo saben, comenzó a fines de los años ´50”, detalló.

Su propuesta combinará el armado de exhibiciones históricas, experiencias inmersivas y actividades pedagógicas. Uno de los atractivos, planea, sería instalar un simulador del manejo del histórico programa de los transbordadores espaciales que De León consiguió en el Centro Espacial Kennedy. Este se sumaría a otros simuladores inspirados en los que se emplean para las cápsulas “Dragon” de SpaceX y “Orión”, utilizadas en el programa Artemis de la NASA

Satélites en el espacio, dudas en la tierra: el debate sobre el SG1 (Arsat 3)

La colección que De León planea traer al futuro museo incluye también réplicas de naves históricas a tamaño real, piezas de equipos de los programas Vostok, Mercury, Gemini, Apollo y Space Shuttle -incluyendo a las famosas losetas térmicas-; autógrafos de astronautas, relojes espaciales y una cámara de fotos Hasselblad original, de las utilizadas durante las misiones lunares.

También habría otras maquetas a escala real y espacios para experiencias audiovisuales inmersivas, destinadas a acercar al público a la sensación de un viaje espacial.

Interactivo

“Los museos ya no son estáticos”, recordó De León. “Hoy la interacción es fundamental. Y nosotros queremos que los chicos puedan tocar, experimentar, simular y entender cómo funcionan las cosas de este rubro”.

La dimensión educativa ocupa un lugar central en el proyecto. La idea es desarrollar programas específicos para los distintos niveles escolares, desde primaria hasta estudiantes universitarios, con actividades adaptadas según las edades y el nivel de complejidad, siguiendo modelos didácticos similares a los que utiliza la NASA.

El futuro museo también reservaría un espacio importante a la historia espacial argentina, un recorrido poco conocido incluso dentro del país. Allí aparecerían desde los primeros cohetes Alfa Centauro lanzados en la década de 1960 hasta proyectos más recientes como el programa Tronador, además de maquetas y réplicas vinculadas a la familia de satélites SAC y ARSAT.

Satélites. Argentina pudo desarrollar y construir varios satélites.

De León adelantó que ya tuvo algunas conversaciones preliminares con instituciones públicas, universidades y organismos vinculados a la actividad espacial argentina. El proyecto buscaría además sumar colaboraciones internacionales y préstamos temporarios de piezas provenientes de otros países.

“Argentina tiene una historia espacial muchísimo más rica de lo que la mayoría imagina”, afirmó. “El problema es que casi no existe un lugar donde todo eso pueda verse reunido y contado de manera atractiva”.

La iniciativa se desarrollaría bajo el paraguas de la Asociación Argentina de Tecnología Espacial, organización sin fines de lucro fundada por el propio De León y responsable de diversos proyectos científicos y educativos durante las últimas décadas.

El especialista también plantea una mirada más amplia sobre el rol cultural de la exploración espacial. “La conquista del espacio es una epopeya de toda la humanidad”, sostuvo. “En los programas espaciales trabajan científicos e ingenieros de muchísimos países. Para llegar más lejos hace falta cooperación internacional”.

EXPERIENCIA. El ingeniero Pablo de León, persigue un sueño: inaugurar el primer museo espacial de Argentina

De León cree que la actividad espacial todavía conserva una capacidad singular para generar admiración colectiva. Y apuesta a que un museo pueda transformarse en una herramienta para transmitir esa fascinación a nuevas generaciones.

“Yo mismo soy producto de eso”, admite. “Ver las misiones Apolo cuando era chico cambió completamente el rumbo de mi vida. Mi deseo es que otros chicos puedan sentir algo parecido”.

Un coleccionista muy particular

Nacido en Cañuelas, Pablo de León es ingeniero y tiene un doctorado en “Historia de la Ciencia y de la Tecnología”. A los quince años comenzó a hacer un curso de piloto de aviones, y al terminar el secundario se dedicó a la ingeniería electromecánica. Hoy es una de las figuras más destacadas de la astronáutica latinoamericana. A inicios de los años ´90, comenzó a trabajar para la NASA, como contratista en el Centro Espacial Kennedy. A lo largo de esos años se sumó a distintos proyectos de la institución y también colaboró con la compañía SpaceX, de Elon Musk, a la que ayudó en el diseño de sus trajes espaciales y especialmente en el desarrollo de los guantes que utilizan sus astronautas. Suele contar que se ha probado todos los trajes espaciales antes que los astronautas que los iban a utilizar. De León es uno de los profesores del Departamento de Estudios Espaciales de la Universidad de North Dakota, en USA, donde lidera investigaciones sobre indumentaria y hábitats para futuras misiones a la Luna y Marte. En nuestro país fundó la Asociación Argentina de Tecnología Espacial (AATE).