Día de la Madre | Los cambios sociales y culturales

Maternidad moderna: menos hijos y más desafíos entre los proyectos personales y la crianza

Las argentinas son madres más tarde, tienen menos hijos y buscan compatibilizar la crianza con sus proyectos personales y profesionales. Sin embargo, las tareas de cuidado continúan distribuidas de manera desigual: casi tres de cada cuatro hogares monoparentales relevados tienen una mujer al frente.

MODELO 2026. Las madres argentinas combinan hoy la crianza con proyectos laborales y personales. Foto: Cedoc Perfil / Freepik

Las madres argentinas de hoy tienen bastante poco que ver con las de hace apenas dos o tres décadas. Son madres más tardías, tienen menos hijos, buscan compatibilizar la crianza con sus proyectos personales y cuestionan mandatos que parecían inamovibles.

Sin embargo, siguen cargando con buena parte de las responsabilidades familiares. En este Día de la Madre, una investigación de la Universidad Austral le pone cifras a una transformación cultural y demográfica que está modificando la vida familiar argentina.

El cambio cultural detrás de la caída de la natalidad: ¿por qué para los argentinos tener hijos dejó de ser una prioridad?

Uno de los indicadores más contundentes es que, mientras en 2015 el 77% de los consultados consideraba muy importante tener y criar hijos para alcanzar una buena calidad de vida familiar, en 2025 esa proporción cayó al 46%. Y entre los jóvenes de 18 a 34 años, apenas llega al 34%. El cambio convive con una paradoja: para el 43,2% de los encuestados, la vida familiar continúa siendo la principal fuente de satisfacción, muy por encima del trabajo (12,7%), la recreación (12,1%) y los amigos (12%).

 

 

"Estos datos podrían revelar que se valora a la familia como espacio de afecto, pertenencia y apoyo, pero los hijos dejaron de percibirse como condición necesaria de esa vida familiar", explicó a PERFIL la doctora Dolores Dimier de Vicente, decana del Instituto de Ciencias para la Familia e investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral. Según la especialista, los hijos pasaron a ser "una opción entre otros proyectos posibles".

Tendencia demográfica: las argentinas son madres a mayor edad y tienen cada vez menos hijos.

La transformación también aparece al indagar las razones para no ser madre o padre. Entre las personas encuestadas que no tienen hijos y no desean tenerlos, el 57,3% respondió que simplemente no forma parte de su proyecto de vida. Otro 38,2% mencionó la ausencia de una pareja estable, el 32,6% priorizó viajar o vivir nuevas experiencias y el 30,3% señaló su desarrollo profesional. La inestabilidad económica apareció bastante más atrás, con el 22,5%. Como se trata de un grupo reducido, los resultados deben interpretarse con cautela.

Para Dimier de Vicente, estos resultados reflejan que la maternidad dejó de vivirse como un destino inevitable o una expectativa social. Ahora es una decisión que se evalúa como proyecto personal, condicionada por la pareja, las expectativas laborales, la autonomía y las posibilidades de criar. También influye, según explicó, un ideal de crianza cada vez más exigente, que podría ayudar a entender por qué el 21,3% de quienes no desean hijos manifiesta no sentirse preparado para asumir esa responsabilidad.
 

La investigadora hizo, además, una aclaración: el estudio analiza la parentalidad, sin distinguir específicamente entre maternidad y paternidad. Por eso, sus resultados permiten interpretar cambios en los proyectos familiares, pero no atribuir automáticamente todas esas transformaciones a la mujer. Esta transformación cultural tiene su correlato demográfico. Entre 2014 y 2024 los nacimientos en la Argentina disminuyeron un 47%: pasaron de 777.012 a 413.135.

Familias monomarentales

Elegir ser madre no significa necesariamente encontrar condiciones favorables para ejercer ese rol. El 73,9% de los hogares monoparentales relevados tiene una mujer al frente. Y mientras el 30,4% de las encuestadas considera que su familia le demanda mucha dedicación, entre los varones esa percepción desciende al 22,2%.

La desigualdad también aparece en la organización cotidiana. Entre las personas que cuidan a un familiar, el 60,6% de las mujeres son cuidadoras principales, frente al 44,4% de los hombres. No se trata solamente de quién realiza determinadas tareas, sino de quién asume la responsabilidad central de organizar horarios, resolver necesidades y garantizar la continuidad de los cuidados.

Las consecuencias son concretas. Entre las cuidadoras principales, el 54% reconoce dificultades para descansar lo suficiente, contra el 30% de los varones. Y el 44% afirma que las tareas de cuidado obstaculizan el desarrollo de un proyecto personal, una dificultad que menciona apenas el 10% de los hombres.

¿Esta desigualdad termina desalentando la maternidad? Dimier de Vicente propone una lectura matizada. Aunque pocas personas mencionan directamente la dificultad para conciliar trabajo y familia como motivo para no tener hijos, las soluciones que consideran más atractivas apuntan precisamente a repartir mejor los tiempos: flexibilidad horaria (62,9%), trabajo desde casa (48,3%), jornadas adaptadas al horario escolar (41,6%), licencias por paternidad más extensas (37,1%) y guarderías en el ámbito laboral (34,8%). En cambio, un incremento de las asignaciones familiares es señalado como incentivo por apenas el 16,9%.

La diferencia sugiere que, para muchos de los consultados, el desafío de formar una familia no pasa exclusivamente por disponer de más ingresos, sino también por contar con tiempo, apoyo y condiciones laborales compatibles con las exigencias de criar. "Podría concluirse que la desigualdad en el cuidado es un factor que incide en una medida importante, aunque no aparece como un motivo declarado", sostuvo la investigadora.

La especialista también advierte que no corresponde interpretar estos cambios como un rechazo generalizado a la maternidad. Entre quienes todavía no tienen hijos, el 83,2% manifiesta deseos de tenerlos. Y entre quienes ya son padres, el 59% considera que criar hijos es muy importante para la calidad de vida familiar, frente al 33% de quienes no los tienen. La experiencia concreta de criar también modifica la mirada sobre el lugar que ocupan los hijos en la vida.

Así, este Día de la Madre encuentra a la Argentina atravesando una transición profunda. La maternidad sigue siendo un proyecto valorado, pero dejó de ser una obligación cultural compartida por todos.


Conciliar el deseo de criar y el no renunciar a los proyectos de vida

Por Mariana Isasi (*)

"Mamá, a veces olvido lo sacrificado que fue darlo todo por mí. Gracias por cada esfuerzo, por tu paciencia infinita y por amarme sin condiciones", dice una de las frases sugeridas por IA para el Día de la Madre. En ella se refleja un imaginario muy instalado: el sacrificio como sinónimo de maternidad, la idea de desaparecer detrás del rol de madre.

Sin embargo, las voces de las mujeres que ejercen la maternidad en la Argentina actual muestran una transformación profunda. Criar sigue siendo una elección cargada de sentido, pero ya no a costa de desdibujar la propia identidad, la salud o las aspiraciones personales. Hoy la maternidad se vive como un proyecto que convive con otros, donde el cuidado se entrelaza con el derecho a desarrollarse plenamente, y donde el amor no implica renuncia, sino presencia con autonomía.

Los resultados de “Deseos reproductivos en la encrucijada”, el estudio desarrollado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina, permiten analizar esta realidad desde una perspectiva amplia: el proyecto de tener un hijo no se da de manera aislada, sino dentro de una trama de aspiraciones, donde el bienestar integral de las mujeres ocupa un lugar determinante.

Al indagar sobre las condiciones para una vida plena, las personas encuestadas ubican en el centro de sus prioridades contar con salud, alcanzar la seguridad económica, acceder a una vivienda propia y desarrollarse en un trabajo o carrera profesional deseada. Tener hijos sigue siendo un pilar fundamental para el 65% de las personas —y la familia continúa siendo prioritaria para 8 de cada 10—, y el deseo de tener hijos o hijas requiere integrarse con condiciones de estabilidad y bienestar.

Por otro lado, llevar adelante estos proyectos de vida pone en juego dimensiones de la salud y el tiempo. La postergación de la maternidad hace converger el calendario reproductivo con los límites biológicos de la fertilidad. Acompañar a las mujeres de manera integral implica reconocer que la postergación no debe convertirse en una renuncia involuntaria, garantizando acceso oportuno a información sobre salud reproductiva, prevención y tratamientos de fertilidad asistida para quienes desean ser madres. 

Del mismo modo, sostener la crianza requiere corresponsabilidad: cuando más del 60% de las tareas cotidianas del hogar sigue recayendo de forma exclusiva sobre las mujeres, la falta de involucramiento de la pareja y la escasez de redes de cuidado se convierten en barreras para concretar sus deseos reproductivos. 

En este Día de la Madre, el mejor reconocimiento a quienes ejercen la crianza no pasa por discursos que enaltecen la abnegación, sino por respuestas de fondo: sistemas e infraestructura de cuidado, entornos de trabajo compatibles con la vida familiar y un acompañamiento de la salud que sostenga a quienes cuidan. Proteger el bienestar y la autonomía de las mujeres es la vía para que maternar sea una experiencia plenamente elegida, acompañada y disfrutada.

(*) Jefa de Oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina