El circuito teatral de la calle Corrientes suele renovarse constantemente, pero hay títulos que logran regresar renovados sin perder su esencia. Bajo la dirección de José María Muscari, el clásico de Robert Thomas 8 Mujeres -conocido mundialmente por la película de François Ozon- desembarcó en la cartelera porteña con funciones de jueves a domingos en el Multiteatro (Av. Corrientes 1283, CABA). Con producción general a cargo de Juan Manuel Caballé y Faroni Producciones, la propuesta reúne a un elenco de primer nivel integrado, en orden alfabético, por Marita Ballesteros, Cecilia Dopazo, Emilia Mazer, María Leal, Linda Peretz, Juana Repetto, Silvia Pérez y Mónica Villa.
La trama, tan misteriosa como desopilante, transcurre en una casona aislada durante los años '50, donde el dueño de casa aparece asesinado. A partir de allí, el espacio se transforma en una trampa de sospechas donde ocho mujeres de la familia y el entorno cercano despliegan secretos, culpas y rivalidades latentes. Entre ellas se encuentra Regina, el personaje que compone Silvia Pérez, quien reflexiona sobre este reencuentro con el material a más de una década de su primera versión.
Desandar el pasado y habitar la atemporalidad
Para las actrices que ya habían formado parte de aquella primera puesta hace 15 años, el reingreso al universo de la obra supuso un ejercicio tan sorpresivo como estimulante. Si bien la memoria corporal jugaba su papel, la mirada del director modificó por completo el enfoque escénico. "Te confieso que en un principio me paré a hacer lo mismo que antes, pero no conscientemente, sino porque creo que hay una memoria en el cuerpo y la mente de lo que ya hiciste. Por suerte ahí estaba Muscari, que sabe exactamente que quiere. De hecho, la gente que la vio hace 15 años y la ve ahora dice que es otra obra. Eso hizo que tuviera que desandar lo que ya tenía grabado, lo cual fue un trabajo muy hermoso", confiesa la intérprete sobre el proceso de ensayos.
Ese trabajo de deconstrucción implicó también bucear en aspectos internos muy alejados de su personalidad cotidiana: "Tuve que incursionar muy dentro mío para encontrar un montón de facetas que no tengo en mi vida cotidiana. Esta mujer realmente no tiene nada que ver conmigo y esa es una apuesta muy desafiante: jugar al delirio, a ser una mujer disparatada, que se para y camina de una manera totalmente diferente a lo que yo tenía registrado de aquella Regina".
Un caos familiar atravesado por el humor y la vulnerabilidad
En la dinámica coral de la pieza, el personaje de Regina irrumpe de manera inesperada para potenciar las tensiones de un clan desbordado por el crimen y la sospecha. Lejos de la solemnidad del género policial clásico, la puesta de Muscari encuentra su mayor virtud en el contraste constante entre el drama y la comedia desatada. "Regina es la hermana del hombre en cuestión y, por lo tanto, no vive en esa casa, sino que llega inesperadamente y se une al caos donde cada una tiene un secreto que devela en ese momento. Ella es muy frívola, es lesbiana pero al mismo tiempo sale con hombres, no tiene filtro para decir lo que piensa, y la dueña de casa -el personaje de María Leal- la menosprecia y no la deja entrar", detalla sobre los Matices del rol. Y agrega: "Ella es muy delirante para decir todo, es irreverente, y en la puesta se juega mucho con esto y con los personajes que son bastante descollantes, generando mucho humor en una situación muy dramática. Creo que ese es el punto clave de esta obra".
Más allá del rigor profesional exigido sobre el escenario, el vínculo entre las actrices construyó una trastienda afectiva inquebrantable. Con el reincorporamiento de figuras como Marita Ballesteros y Linda Peretz para cubrir los entrañables legados de Norma Pons e Hilda Bernard, el clima humano se convirtió en uno de los grandes motores deldel proyecto."Nos reímos mucho y a veces decimos que tenemos que venir cada vez más temprano al teatro porque no nos alcanza el tiempo para charlar, para tomar café, para encontrarnos, ¡y eso que llegamos dos horas antes! Hubo un reencuentro con mucha alegría de volver a hacer esta obra que queríamos tanto", relata con entusiasmo la actriz.
Entre risas, ensayos compartidos y la presencia constante del bebé de Juana Repetto recorriendo los camarines, el elenco mantiene vivas costumbres fundacionales: "Hacemos el mismo ritual que hacíamos hace 15 años antes de cada función: una meditación en la luz que guío yo, y luego de eso hacemos un brindis con un coñac. Son cosas que parecen contrapuestas, pero que están muy unidas".
Ante un público que celebra la propuesta con calidez y carcajadas, Silvia concluye con gratitud: "Estamos en un momento muy competitivo del teatro, hay demasiada oferta, y cada vez que salimos estamos tan agradecidas. Poder ser elegidas entre tantas opciones, en una ciudad con una cartelera maravillosa tanto comercial como off, es verdaderamente una bendición". Encontrá acá más info sobre las entradas.