miércoles 28 de septiembre de 2022

Clases de yoga y guitarra en estatal petrolera de Venezuela

En la estatal petrolera de Venezuela, los trabajadores pasan hambre, los equipos se caen a pedazos y la producción languidece cerca de mínimos históricos. Sin embargo, las clases de yoga, guitarra y baile continúan.

11-12-2019 11:09

En la estatal petrolera de Venezuela, los trabajadores pasan hambre, los equipos se caen a pedazos y la producción languidece cerca de mínimos históricos. Sin embargo, las clases de yoga, guitarra y baile continúan.

La rama cultural de Petróleos de Venezuela SA está ofreciendo estas clases a todos los empleados junto con talleres sobre cómo operar un negocio socialmente responsable. La esposa del ministro de Petróleo y Minería dirige el centro y su sede principal es La Estancia, una antigua plantación de café del siglo XVIII en una frondosa zona de Caracas.

El exuberante oasis de la arquitectura colonial, donde las bromelias brotan de los troncos de los árboles y un pavo real pasea libremente, resalta la desconexión entre la élite burocrática de Venezuela y el resto de la nación. Si bien las actividades en La Estancia están abiertas a todos los empleados de PDVSA, los miembros de la compañía muchas veces no tienen suficiente para comer.

Muchos trabajadores de PDVSA se han unido a una migración masiva hacia países vecinos para escapar del peor desastre humanitario en la historia moderna de Venezuela, el resultado de una combinación de controles de precios, expropiaciones, mala gestión y corrupción. La Estancia también da la bienvenida al público en general, que lidia con un colapso monetario y la falta de servicios públicos, alimentos y combustible.

“El dolor lo siente el pueblo, pero no la gente de arriba”, dijo Russ Dallen, socio gerente de Caracas Capital Markets, con sede en Miami. “Si no estuvieran a cargo, bien aferrados, estarían en la cárcel. Tienen acceso a dólares para poder vivir una buena vida mientras el resto del país se muere de hambre o se va”.

Sanciones de Estados Unidos

La administración del presidente estadounidense, Donald Trump, impuso sanciones a PDVSA en un esfuerzo por restringir la principal fuente de ingresos de Venezuela y expulsar el régimen de Nicolás Maduro. Si bien eso ha hecho que el productor estatal caiga en delincuencia financiera, la compañía de alguna manera está logrando que el espectáculo continúe en La Estancia, en Caracas, así como en otras tres sedes.

El colapso de PDVSA ha ocurrido bajo la supervisión de Manuel Quevedo, exministro de Vivienda y Hábitat y general activo que no tenía experiencia alguna en la industria petrolera cuando asumió el liderazgo hace dos años. También es el actual ministro de Petróleo del país, así como el actual presidente de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Su esposa, Mary, ha asumido las riendas de La Estancia, tradicionalmente dirigida por la esposa del presidente de PDVSA. En los viajes de Quevedo a Viena para las reuniones de la OPEP, ella le ha acompañado también.

Un portavoz de PDVSA dijo que la compañía no tiene comentarios sobre La Estancia. Un funcionario de prensa del centro cultural rechazó una solicitud de entrevista a Mary Quevedo.

Régimen de Maduro

Entretanto, Maduro ha desafiado las probabilidades y se ha mantenido en el cargo, en una región donde el creciente descontento popular ha obligado al presidente de Bolivia a dimitir, paralizado a Chile y amenazado con perturbar el orden en Colombia. Parte de su durabilidad puede atribuirse a la cohesión entre los funcionarios leales en la cima de la administración militar y pública.

“El régimen de Maduro se está beneficiando de fuentes ilegales más que cualquier otra cosa”, dijo Moisés Rendón, director de la Iniciativa Futuro de Venezuela en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “En cierto modo, pasamos de un régimen dependiente del petróleo a un régimen dependiente de la delincuencia, y las sanciones no son las herramientas para interrumpir esa actividad”.

Un correo electrónico en busca de comentarios enviados al Ministerio de Comunicación, que representa a Maduro, no fue respondido para el momento de publicarse esta nota.

Sin duda, el rol de La Estancia ha disminuido junto con los ingresos petroleros. Durante los años de bonanza, financió proyectos de renovación urbana en el centro de Caracas y reconstruyó partes del patrimonio cultural y arquitectónico de Venezuela. En 2016, la última vez que PDVSA informó sus finanzas anuales, su gasto en desarrollo social cayó 89%, a US$977 millones.

Aún así, la cuenta de Twitter de La Estancia está activa, con publicaciones frecuentes sobre todo, desde exhibiciones de arte hasta talleres y clases de baile. El domingo, en Caracas, tuvo una presentación de gaita, un género animado de música popular venezolana muy común en Navidad con una guitarra de cuatro cuerdas conocida como cuatro.

El sábado, su sucursal en el distrito de refinación de Paraguaná ofreció clases de yoga bajo un patio sombreado con vista al Caribe. El área fue alguna vez hogar de la mayor operación de producción de combustible en el planeta y ahora enfrenta muchas dificultades técnicas.

En un país que padece de falta de suministros médicos básicos y productos farmacéuticos, la clase de yoga se promocionó como una forma de “relajarse y prevenir enfermedades degenerativas”.