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BLOOMBERG / LUCHA POR EL PLANETA
lunes 5 noviembre, 2018

El puerto australiano que ignora el riesgo de cambio climático

Pocos lugares reflejan mejor la lucha entre la búsqueda de beneficios y el combate frente al cambio climático que el puerto de Abbot Point en el norte de Queensland, Australia.

James Thornhill y Jason Scott

Pocos lugares reflejan mejor la lucha entre la búsqueda de beneficios y el combate frente al cambio climático que el puerto de Abbot Point en el norte de Queensland, Australia. Foto: Bloomberg

Pocos lugares reflejan mejor la lucha entre la búsqueda de beneficios y el combate frente al cambio climático que el puerto de Abbot Point en el norte de Queensland, Australia. Es ahí, a unos 50km de la Gran Barrera de Coral, que Adani Enterprises desea aumentar su capacidad para poder enviar más carbón desde una nueva mina cercana de A$2.000 millones (US$1.400 millones). La iniciativa enfrenta la oposición de los ambientalistas, quienes señalan que pondrá en peligro la salud del arrecife, una de las siete maravillas del mundo natural, pero cuenta con el respaldo del gobierno.

Se trata de un ejemplo emblemático del dilema del país, bendecido por algunos de los entornos naturales más ricos del mundo, desde los humedales de Kakadu en el Territorio del Norte hasta la selva tropical primigenia de Tarkine en Tasmania, pero dependiente de la explotación y exportación de uno de los combustibles fósiles más contaminantes para mantener su economía en movimiento.

En el gobierno del primer ministro Scott Morrison y su Coalición Liberal-Nacional, los argumentos políticos y económicos a favor de los combustibles fósiles sobrepasan por ahora el interés popular en hacer frente al cambio climático. El conglomerado contemplaba desembolsar A$1.000 millones en créditos financiados por los contribuyentes con el fin de ayudar a Adani a construir un enlace ferroviario para el proyecto, pero el plan fue vetado por el gobierno del estado de Queensland, controlado por el opositor Partido Laborista.

Si bien es una de las fuentes de carbón y gas natural más grandes del mundo, una década de vacilaciones y errores políticos ha dejado a Australia con mayores tarifas eléctricas y, en ocasiones, suministro poco confiable. Los distintos gobiernos no brindaron la certeza de inversión necesaria para tender puentes hacia la transición a energías renovables como la solar y eólica a medida que se cierran las viejas plantas de carbón.

El gobierno se centra principalmente en apaciguar a los votantes afectados por el aumento de las cuentas eléctricas y considera que el carbón es la solución. Sin embargo, esos mismos votantes quieren más medidas contra el cambio climático y el 84% desea que el gobierno impulse la generación eléctrica a base de energías renovables, según una encuesta de junio del centro de estudios local Lowy Institute.

"El desafío es en gran parte político", comentó Mark Howden, director del Instituto de Cambio Climático de la Universidad Nacional de Australia. "Tenemos una serie de barreras tanto en términos de políticas para incentivar el cambio".

La necesidad de hacer algo es cada vez más urgente, según un panel de científicos convocado por Naciones Unidas. El mundo debe invertir US$2,4 billones en energía limpia cada año hasta 2035 y reducir el uso de electricidad a carbón a casi cero de aquí a 2050 para evitar daños catastróficos por el cambio climático, aseguró el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU en un informe el mes pasado.

De acuerdo con el estudio, la atmósfera ya es casi 1°C más caliente de lo que era al comienzo de la revolución industrial y se encamina a subir 3°C para 2100. Este ritmo duplica lo previsto en virtud del Acuerdo de París de 2015. "Después del Acuerdo de París, el mundo ha avanzado en gran medida hacia la descarbonización". indicó Christoph Frei, director ejecutivo del Consejo Mundial de la Energía, durante una visita al país oceánico el mes pasado. "En Australia no tenemos esa certeza y es probablemente la peor situación en la que puedes estar".

Un aumento de 1,5°C implicaría un gran riesgo de blanqueo de corales en la Gran Barrera, sequías más prolongadas en el continente habitado más seco y temporadas de incendios forestales más intensas, según Howden.

Muchos legisladores australianos aún consideran que los argumentos económicos para respaldar al carbón son más convincentes que evitar un posible Armagedón ambiental. El combustible está sobrepasando al mineral de hierro como la mayor exportación de Australia este año fiscal, con impuestos de más de US$40.000 millones anuales en ventas al exterior que ayudan a elevar las arcas del gobierno. Australia genera alrededor del 80% de su energía a partir del carbón y el gas, frente al promedio mundial cercano a 59%, según datos de Bloomberg NEF.

Es poco probable que eso cambie durante el gobierno actual. Morrison, quien en 2016 sacó un trozo de carbón ante el Parlamento para mostrar su apoyo al combustible, considera usar el dinero de los contribuyentes para subsidiar nuevas plantas carboníferas. Tras el informe del panel de la ONU, Morrison se mostró confiado en que Australia alcanzará su objetivo de reducción de emisiones en el marco del Acuerdo de París, un recorte mínimo de 26% respecto a los niveles de 2005 para 2030, "a medio galope".

"No podemos ejecutar un sistema energético que se basa en fuentes intermitentes como la eólica y la solar", aseveró Morrison en una entrevista con Sky News del 16 de octubre. "Nunca serán lo que mantenga las luces encendidas".

A diferencia del gobierno de Donald Trump en EE.UU., Australia no se retiró formalmente del Acuerdo de París. No obstante, el gobierno del país se niega a legislar o regular medidas a fin de garantizar el cumplimiento de los objetivos. La nación lidera las emisiones de carbón per cápita a nivel mundial y su capacidad en materia de energías renovables aparece entre las menores del mundo desarrollado.


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