28 sep 2020
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martes 17 marzo, 2020

Llegó el fin de la OPEP, gentileza de Arabia Saudita: Julian Lee

La OPEP quizá no sobreviva para celebrar su cumpleaños número 60 a finales de este año. La decisión de Arabia Saudita de abandonar la restricción de la producción e inundar el mercado con crudo barato señala el final de un grupo conocido como el cartel más exitoso del mundo.

Julian Lee

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martes 17 marzo, 2020

La OPEP quizá no sobreviva para celebrar su cumpleaños número 60 a finales de este año. La decisión de Arabia Saudita de abandonar la restricción de la producción e inundar el mercado con crudo barato señala el final de un grupo conocido como el cartel más exitoso del mundo.

En una extraordinaria muestra de egoísmo, Arabia Saudita, por lejos el mayor productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, rompió un acuerdo de producción que perduraba desde principios de 2017. Lo hizo porque Rusia, el mayor aliado externo de la OPEP, no entraría al juego y se negó a hacer recortes de producción más profundos para ayudar a apuntalar los precios del petróleo frente a la devastación económica que está causando el COVID-19.

El reino probablemente esperaba sorprender al Kremlin para que volviera a la mesa de negociaciones, pero claramente fracasó. El impacto, agravado por la continua propagación del mortal virus, será mucho más perjudicial para los otros miembros de la OPEP, desde Argelia hasta Venezuela, que para el enemigo de Arabia Saudita en la coalición más amplia de la OPEP+.

El líder de facto de la OPEP podría haber tomado otras decisiones meditadas antes de adoptar un enfoque de “sálvese quien pueda” y comenzar una guerra total de precios del petróleo. Después de todo, Rusia ofreció extender los recortes de producción actuales más allá de finales de marzo, y no había nada que impidiera que los 13 miembros de la OPEP acordaran nuevas reducciones solo entre ellos.

Pero Arabia Saudita parece haber decidido que el pacto de la OPEP+, que surgió como una unión temporal que debía durar solo seis meses, debía continuar hacia su cuarto año. Si los socios externos no estuvieran preparados para reducir más, la OPEP tampoco actuaría. Y, dado que no coincidían en la postura, el acuerdo actual no se habría ampliado, dejando a todos libres a fines de marzo para bombear todo lo que quisieran o pudieran.

Luego, en vez de esperar y ver, Arabia Saudita actuó con venganza, recortando el costo de su crudo para cargar en abril. Los precios de venta oficiales, establecidos como diferenciales de los puntos de referencia regionales, fueron los que más se redujeron después de que el acuerdo de la OPEP+ se desmoronara. Con el Brent cotizando alrededor de US$30 por barril y el descuento para las ventas del crudo clave Arabian Light de Arabia Saudita establecido en US$10,25 por barril, hay un océano de US$20 de petróleo que se dirigirá a Europa el próximo mes. También se registraron grandes aumentos en los volúmenes asignados a compradores tanto en Asia como en la costa del Golfo de Estados Unidos.

El productor de petróleo monopolista de Arabia Saudita, Saudi Aramco, dice que abastecerá a sus clientes con 12,3 millones de barriles diarios en abril. Dicha cifra supera lo que la compañía puede bombear desde el suelo, incluso si pone el pie en el acelerador a fondo, lo que implica que extraerá el crudo almacenado a nivel local y en tanques en Japón, Países Bajos y en la costa mediterránea de Egipto.

Si bien el reino puede compensar parcialmente el colapso de los precios del petróleo con el aumento en los volúmenes, la mayoría de sus colegas miembros de la OPEP son mucho menos afortunados. Ya están bombeando casi al máximo posible.

En Libia, por ejemplo, la producción se redujo a casi cero después de que un caudillo local cerró casi todas las terminales de exportación del país. Un acuerdo de paz podría elevar el número a más de 1 millón de barriles diarios, pero esa posibilidad parece remota. Irán y Venezuela podrían aumentar la producción si no fuera por las sanciones de Estados Unidos a su comercio de petróleo, aunque la ventaja de Venezuela es limitada.

Para el resto del equipo de la OPEP, Nigeria es el único país fuera del Golfo Pérsico que puede aumentar la producción en más de 100.000 barriles por día. Pero eso no lo llevará muy lejos.

Un simple cálculo preliminar muestra que elevar la producción a la capacidad solo reduciría las pérdidas de la nación de África Occidental de la caída de precios a US$30 por barril de US$60 en un 6%. Para Angola, el segundo mayor productor de la región, la reducción potencial de su pérdida es solo del 3%. Por el contrario, Arabia Saudita, desde su posición central, podría recuperar más de una cuarta parte de los ingresos del petróleo que perdería como resultado de la caída de los precios al aumentar la oferta a 12,3 millones de barriles por día desde 9,7 millones.

Esta no es la primera vez que Arabia Saudita lanza a los lobos a los productores de la OPEP más pequeños. Como grupo de naciones soberanas, tienen poca influencia sobre el mayor productor del grupo. Pero las últimas acciones del reino, frente a un golpe sin precedentes a la demanda mundial de petróleo, muestran su verdadero desprecio por los demás miembros.

Cuando la OPEP se formó originalmente en 1960, parte de su objetivo principal era "salvaguardar los intereses de los Países Miembros individual y colectivamente". Ese objetivo aún era primordial en el Estatuto revisado de la OPEP, elaborado en 2012. También lo era "eliminar las fluctuaciones perjudiciales e innecesarias" en los precios del petróleo. Las últimas acciones de Arabia Saudita son diametralmente opuestas a esos objetivos y han ayudado a que los precios del petróleo caigan casi un 40% en poco más de una semana. Ciertamente, eso no es de interés colectivo para los miembros de la OPEP.

El cartel del petróleo fue una hoja de higuera útil para la política petrolera saudita cuando quería apoyar los precios del petróleo. Ahora que quiere enviarlos a la baja, la OPEP es simplemente un inconveniente. El grupo ha sobrevivido a diferencias internas aparentemente irreconciliables en el pasado. Pero este podría ser un paso que va demasiado lejos.


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