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Salud pública de Brasil oprimida por el coronavirus: M. Margolis

En América Latina, región donde florecen las enfermedades, todos parecen tener un remedio para la propagación del coronavirus. Un legislador venezolano recomienda pimienta y miel con un toque de limón. Otros supuestos curanderos le apuestan al té de aguacate con menta. Para la Catedral Global del Espíritu Santo, una orden evangélica en el sur de Brasil, no hay prevención comparable al "poder de Dios".

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En América Latina, región donde florecen las enfermedades, todos parecen tener un remedio para la propagación del coronavirus. Un legislador venezolano recomienda pimienta y miel con un toque de limón. Otros supuestos curanderos le apuestan al té de aguacate con menta. Para la Catedral Global del Espíritu Santo, una orden evangélica en el sur de Brasil, no hay prevención comparable al "poder de Dios".

Esto beneficia al coronavirus, que prospera en medio de información errónea de origen público. El Ministerio de Salud brasileño abrió un sitio web para disipar tal charlatanismo, mientras que el grupo chileno de verificación de hechos llamado El Polígrafo se ha enfocado en la falsedad de rápida difusión.

Desde que Covid-19 apareció en América Latina en enero, los efectos hasta ahora han sido leves. Hasta el 4 de marzo, había tres casos confirmados en Brasil, cinco en México, 10 en Ecuador y un puñado en otras partes de la región, ninguno de ellos fatal. Varios cientos de otros casos sospechosos están bajo investigación. "Es un resfriado. Superaremos esto”, dijo recientemente el ministro de Salud brasileño, Luiz Henrique Mandetta, presumiblemente para calmar los nervios públicos.

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Sin embargo, minimizar la amenaza a una región conocida por su precaria atención médica, el exceso de burocracia y mercados vinculados umbilicalmente a la tambaleante economía mundial, también está errado. Las señales de retroceso económico ya abundan. Analistas estiman que el virus y sus efectos colaterales pesarán en las perspectivas regionales ya débiles. El Fondo Monetario Internacional pronostica el séptimo año consecutivo de crecimiento letárgico para América Latina y el Caribe. Goldman Sachs acaba de rebajar sus proyecciones para el crecimiento brasileño este año de 2,2% a 1,5% y del 1% a 0,6% en México.

Es probable que las consecuencias para la salud pública sean peores. El coronavirus es solo el último en llegar entre una serie de patógenos que superan a la mayoría de los funcionarios regionales. Como Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud, advirtió recientemente, "[el] impacto en los servicios de salud puede ser significativo con la posibilidad de que los servicios de salud se vean abrumados, incluida la gran demanda de servicios hospitalarios especializados, como cuidados intensivos".

El país más grande de América Latina es un caso de prueba. Brasil no es ajeno a las enfermedades debilitantes. Sus investigadores y clínicos altamente capacitados están acostumbrados a identificar y tratar contagios emergentes, incluidos los devastadores virus transmitidos por mosquitos como el zika, el chikungunya y cuatro cepas de dengue, además de la fiebre amarilla resurgente. A las 48 horas de la primera infección confirmada por coronavirus, los científicos brasileños habían secuenciado el genoma de la cepa transportada por el paciente afectado.

Sin embargo, incluso cuando los funcionarios se apresuran a responder a un posible nuevo brote, los viejos flagelos se desatan y muchos de ellos, lamentablemente, ya no parecen despertar la atención del público. “Brasil tiene muchos problemas de salud, desde fiebre del dengue hasta sarampión resurgente. Ahora viene el coronavirus, y estamos obligados a redirigir los recursos, que ya están muy dispersos”, dice Ligia Bahía, médica que enseña salud pública en la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Brasil lideró un aumento en las infecciones de dengue en la región el año pasado, reportando más de 2,2 millones de casos (70% del total latinoamericano), 789 de ellos mortales. Se notificaron más de 94.000 casos en las primeras cinco semanas de 2020. Lo que es peor, el serotipo ofensivo de este año ha estado fuera de circulación desde mediados-fines de la década de 2000, dejando a una generación de brasileños sin exposición previa repentinamente vulnerable.

El VIH también ha regresado, liderado por jóvenes que —gracias irónicamente a los avances médicos del pasado— ya no temen morir y no usan condones. Después de ser pionero en el tratamiento con medicamentos antirretrovirales durante la década de 2000, Brasil experimentó un aumento de 21% en el número de nuevas infecciones entre 2010 y 2018, incluso cuando la enfermedad se retiró en América Latina. A estas miserias se suman los dictámenes de salud basados ​​en la fe del Gobierno federal que predican que la mejor profilaxis es la castidad, una doctrina que los oscurantistas encargados llevaron a casa en diciembre pasado al despedir al principal experto del Ministerio de Salud en enfermedades de transmisión sexual por temor a que sus iniciativas "ofendieran a las familias".

Brasil erradicó el sarampión endémico en 2015. Ahora está de regreso, importado por refugiados desesperados que intentan escapar de la implosiva economía venezolana, pero también mejorado por un nuevo movimiento antivacunas que ha debilitado la protección. El sarampión mató a 14 personas el año pasado y reclamó su primera víctima en 2020 en Sao Paulo el mes pasado.

El desorden urbano debilita aún más las defensas de Brasil. Cerca de 100 millones de brasileños (48% de la población nacional) viven en hogares sin sistema de aguas negras, halló la consultora de Río de Janeiro Inter.B. Como era de esperar, de 2016 a 2017, más de un tercio (34,7%) de los 5.570 municipios del país se vieron afectados por epidemias relacionadas con saneamiento o enfermedades prevenibles como lombrices intestinales y diarrea crónica, informó el estudio.

"Brasil está retrocediendo en salud pública", dijo el presidente de Inter.B, Claudio Frischtak, execonomista del Banco Mundial y especialista en políticas públicas. "Tenemos aproximadamente siete millones de hogares de calidad inferior, 28% del total, mezclados en áreas urbanas estrechas y de alta densidad con falta de servicios públicos básicos, un ecosistema perfecto para enfermedades transmisibles".

Por derecho, Brasil debería estar en una buena posición para gestionar incluso la emergencia sanitaria más desalentadora. Los enfermos y heridos pueden ser trasladados a hospitales públicos y recibir tratamiento gratuito bajo el sistema de salud universal, llamado Sistema Unificado de Salud (SUS). En la práctica, es una pesadilla logística y administrativa, plagada de escasos recursos y filas épicas. Los pacientes con frecuencia languidecen y algunas veces mueren de enfermedades tratables mientras esperan atención en la sala de emergencias.

"El SUS es un sistema brillante del que los brasileños deberían estar orgullosos, pero está sobrecargado", dijo Denise Garrett, médica brasileña y vicepresidenta del Instituto de Vacunas Sabin. La gente no puede confiar solo en la infraestructura de salud pública, dijo, sino que debe saber cómo protegerse, evitar la exposición innecesaria (tanto por el famoso saludo brasileño de doble beso) y trabajar desde casa cuando está enfermo, lo cual no es costumbre en el mercado laboral brasileño.

“Cuando el sistema se sobrecarga, todo se vuelve más difícil. Especialmente cuando toda la ciencia apunta a la probabilidad de que esta enfermedad no será única, pero probablemente continuará circulando”, dijo Garrett. "Vamos a ver que este problema va y viene".

Nada podría ser más atractivo para un nuevo contagio. "Estamos lidiando con muchas incógnitas a la vez", dijo Frischtak. "En teoría, nuestro sistema de salud está equipado para hacer frente a un brote, pero su eventual desarrollo es aún muy abstracto". ¿Cuál es nuestra capacidad real para tratar a un gran número de pacientes a la vez y cómo reaccionará la población en una emergencia? Necesitamos contar con mucha suerte".

Necesitamos suerte y un suministro constante de desinfectante para manos, que gracias al pánico ondulante es tan escaso en estos días como abundantes los elixires milagrosos y las oraciones.