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viernes 3 abril, 2020

Una alternativa realista a los coronabonos

La epidemia de Covid-19 ha reabierto viejas heridas en la eurozona. Un grupo de países, liderados por España e Italia, está pidiendo alguna forma de mutualización de la deuda como muestra de la unidad europea. Otros, como Alemania, se oponen a la idea, ya que temen que sea demasiado difícil estructurar los llamados "eurobonos" en una crisis.

Ferdinando Giugliano

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viernes 3 abril, 2020

La epidemia de Covid-19 ha reabierto viejas heridas en la eurozona. Un grupo de países, liderados por España e Italia, está pidiendo alguna forma de mutualización de la deuda como muestra de la unidad europea. Otros, como Alemania, se oponen a la idea, ya que temen que sea demasiado difícil estructurar los llamados "eurobonos" en una crisis.

Alemania tiene un buen argumento: los obstáculos legales, prácticos y políticos para emitir obligaciones conjuntas en este momento son inmensos. Sin embargo, existe el riesgo de que países con finanzas públicas frágiles salgan de esta crisis con demasiada deuda para manejar. Por lo tanto, tendría sentido que la eurozona se comprometiera con un camino más limitado de mutualización de la deuda que el prometido por los eurobonos, o coronabonos, como se les conoce ahora.

Esto podría hacerse a través de un fondo conjunto de reducción de deuda, una idea que se ha explorado antes y que equivaldría a una promesa de la eurozona para hacerse cargo de una parte de la deuda soberana de cada país después de la crisis. Esto permitiría al miembro más débil la posibilidad de un alivio futuro de la deuda, sin obligar a la unión monetaria a implementar algo demasiado ambicioso ahora.

La respuesta de la eurozona a la última crisis se ha basado en una combinación de política fiscal y monetaria. La Comisión Europea ha suspendido sus reglas fiscales, permitiendo que los Estados miembros pidan prestado tanto como necesiten para financiar un estímulo fiscal a gran escala. El Banco Central Europeo ha lanzado un esquema temporal de compra de activos, por valor de 750.00 millones de euros (US$815.000 millones), que proporcionará una red de seguridad para garantizar que los Gobiernos no se enfrenten a tasas de interés excesivamente altas. El BCE también ha dicho que su compromiso hacia el apoyo de la eurozona "no tiene límites", un indicio de que este programa podría ampliarse más.

Como he argumentado anteriormente, esta combinación contribuirá en gran medida a garantizar que los Gobiernos puedan financiar sus sistemas de atención médica y apoyar sus economías. Si inversionistas se volvieran en contra de un país individual, podría acceder a fondos adicionales del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el fondo de rescate de la eurozona. El MEDE generalmente exige austeridad y reformas estructurales a cambio de su ayuda, pero debería ser más fácil si un miembro se mete en problemas esta vez: el coronavirus no es culpa de nadie.

Infortunadamente, hay una parte que falta en el paquete de rescate de Europa. Al final de la crisis, aquellos países con finanzas públicas ya frágiles, como Italia, España y Portugal, tendrían una deuda peligrosamente alta. Una nueva propuesta de la Comisión que consiste en emitir deuda para financiar préstamos baratos y así apoyar los mercados laborales de los países más vulnerables es simbólicamente importante, pero no resuelve el problema de la deuda.

Por lo tanto, los Estados miembros afectados han pedido a la unión monetaria que emita bonos en euros (o coronabonos). Estas emisiones de deuda podrían tener un tamaño limitado e ir dirigidas a necesidades específicas, como la financiación de los sistemas de salud del bloque. Sus partidarios sostienen que tal "solidaridad" está totalmente justificada dado que Covid-19 es un problema de todos.

La dificultad relacionada con los coronabonos es tripartita. En primer lugar, no está claro qué institución los emitiría y cómo pagaría por ellos. Idealmente, la eurozona necesita una tesorería con un presupuesto federal, pero esto sería difícil de establecer ahora y requeriría que los Gobiernos renunciaran a algunos de sus ingresos fiscales en un momento de gran estrés financiero. En segundo lugar, los tratados de la UE incluyen una cláusula que impide que los países se rescaten mutuamente. Los eurobonos requerirían un cambio en los tratados, lo que a su vez exigiría votos parlamentarios y referéndums. Este proceso no tendría la celeridad que se necesita en una pandemia. Tercero, un tesoro federal exigiría controles sobre cómo los Estados miembros gastan su dinero, para evitar que los Gobiernos se aprovechen.

Alemania tiene razón en que los eurobonos no son prácticos.

Aun así, el problema de la deuda futura es real, lo que me lleva de vuelta a esa posible solución provisional, donde los líderes de la eurozona se comprometerían a crear un fondo en el futuro que podría hacerse cargo y retirar parte de la deuda soberana de cada país. El fondo asumiría la misma proporción de deuda de cada Estado miembro, digamos el 20% del producto interno bruto. Emitiría bonos para pagar las compras y los Gobiernos asignarían algunos de sus ingresos fiscales futuros para cubrir el costo.

Este plan replicaría una solución diseñada hace unos años por un grupo de académicos, entre ellos Philip Lane, ahora economista en jefe del Banco Central Europeo. También se basaría en elementos de una propuesta del Consejo Alemán de Expertos Económicos redactada en el punto álgido de la crisis de la deuda de la eurozona. Los Estados miembros más débiles se sentirían seguros de no tener que asumir la deuda adicional del manejo de la pandemia por su cuenta. Además, la eurozona enviaría una fuerte señal política sobre su objetivo común, a la vez que aplazaría las importantes cuestiones legales y prácticas hasta después de la crisis.

Los escépticos argumentarán que Alemania y otros países del norte de Europa con fuertes finanzas públicas podrían incumplir este compromiso una vez que la crisis haya terminado. Sin embargo, es del interés de estas naciones garantizar que países como Italia y España tengan niveles de deuda manejables. El BCE no podrá aumentar las tasas de interés y reducir su balance a menos que se resuelva este problema. Berlín tendrá que elegir entre un banco central en pleno funcionamiento y un grado limitado de mutualización de deuda.

La mejor solución a largo plazo es que la eurozona se convierta en una unión fiscal y política adecuada, con una tesorería centralizada y controles institucionales y parlamentarios más estrictos sobre cómo se gasta el dinero. Hasta que esto suceda, el bloque debe encontrar una solución viable. Comprometerse con un fondo conjunto de reducción de deuda podría servir.


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