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Pandemia de coronavirus

La importancia de contabilizar las muertes mundiales

Contabilizar con precisión a los muertos por coronavirus ayuda a proteger a los vivos, permite descubrir desigualdades sociales y repensar las políticas de salud pública de los países.

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Nuevas tumbas en el cementerio de Flores donde son enterradas las personas que fallecieron de coronavirus | AP

Los últimos 18 meses han demostrado que contabilizar con precisión a los muertos es vital para proteger a los vivos. Al comienzo de la pandemia, muchos países carecían de sistemas de registro adecuados mientras que otros veían cómo sus procesos colapsaban bajo la presión. Esto hizo que fuera más difícil rastrear la propagación del covid-19 y lidiar con sus consecuencias. Incluso en épocas normales, la falta de datos sobre los decesos y sus causas puede obstaculizar seriamente los esfuerzos para proteger la salud pública. Solucionar esto debería ser una prioridad global.

Información confiable sobre la mortalidad y la morbilidad puede ayudar a advertir sobre crecientes desafíos de salud pública, como enfermedades cardíacas producto de la obesidad y la diabetes, o el abuso de drogas. También puede ayudar a mostrar disparidades raciales y de otro tipo que ponen de relieve las desigualdades en ámbitos como la vivienda, el empleo y el acceso a la atención médica. Por ejemplo, la tasa de mortalidad por covid-19 ha sido significativamente mayor entre los estadounidenses negros que entre los estadounidenses blancos. Las cifras del Reino Unido muestran algo similar. En India, la falta de datos en áreas rurales al comienzo de la pandemia llevó a una fatal complacencia.

La contabilidad precisa puso en evidencia la desigualdad social en países como Estados Unidos y Reino Unido de Gran Bretaña

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Es seguro suponer que, en gran parte del mundo, se han contabilizado –y seguirán contabilizándose– menos muertes por covid que las reales. Casi dos quintas partes de las muertes en el mundo no están registradas, y en África eso corresponde a la gran mayoría. Solo el 8% de las muertes reportadas en países de bajos ingresos muestra una causa. En una crisis, incluso es posible que los países desarrollados no logren recopilar la información que necesitan para responder con eficacia.

La tecnología es parte de la respuesta. La notificación en línea permitió que países como Costa Rica recopilaran datos a medida que se propagaba el covid-19. Las agencias gubernamentales también deben mejorar en cuanto a comunicar la información. Los teléfonos móviles y el software hacen que esto sea factible, pero también es necesario que haya voluntad política, incentivos apropiados e inversión. Los líderes locales deben comprender la importancia de mantener registros precisos; los médicos necesitan capacitación en la certificación de defunciones; y los encargados de política monetaria deben saber cómo utilizar los datos. (Bloomberg Philanthropies trabaja con organizaciones como Vital Strategies para apoyar tales esfuerzos en países como Ruanda, que el año pasado publicó su primer informe de estadísticas vitales).

Los grandes avances tomarán tiempo, pero, mientras tanto, medidas provisorias pueden ser de gran ayuda. Una rápida observación a través de hospitales y centros comunitarios permite un mejor recuento de las muertes, especialmente si son los funcionarios y profesionales de la salud, y no las familias, los responsables de informar. Con el tiempo, se puede estimar un exceso de mortalidad que supere la tendencia. Encuestas y conversaciones con los familiares (las llamadas autopsias verbales) pueden brindar un panorama más completo. Dichas iniciativas, que ya están en marcha en muchos países pobres, merecen apoyo político y financiero. El costo puede ser bajo: un estudio en India estimó solo 10 centavos per cápita por año.

Lo fundamental es comprender cuán valiosa sería una mejor información sobre las muertes a nivel global. Un progreso ad hoc en el corto plazo, combinado con una estrategia a más largo plazo para ampliar, mejorar e integrar esta esencial gestión de registros, puede brindar a los encargados de políticas la información que necesitan para salvar vidas.