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ingenuidades

Algo pasa

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Algo anda mal, definitiva y profundamente mal, en el barrio, estimado señor. Y me refiero al barrio grande en el que vivimos todos, usted, yo, nuestros vecinos, parientes, compañeros de laburo, abuelitos, nenitos, gente honesta y malandras. Todos. La humanidad, vamos. Algo anda muy pero muy mal. No voy a decir que antes no sucedió nunca y que esto es nuevo, ay qué horror, deben ser las placas tectónicas, mire, o la influencia de la televisión, o la comida chatarra o la moral decadente de estos tiempos o las drogas o vaya a saber qué. Macanas. El mundo cambia, a veces de este lado, a veces de este otro, a veces imperceptiblemente (sí, como el movimiento de las placas tectónicas, se lo concedo). Se modifica, se estremece, se pone patas arriba, ruge, araña y nos hiere: me refiero al barrio grande, otra vez. Y entonces se nos cae la mandíbula y apenas alcanzamos a murmurar pero qué diablos le pasa a la gente por favor. No, no voy a decir que es nuevo. Viene pasando, eso es todo, sigilosamente y de a poco viene pasando desde que usted y yo éramos chicas, querida señora. Sólo que ahora es un cataclismo. Siempre fue desgracia pero ahora es catarata, un desastre que parece imparable. Porque que en veinticuatro horas haya habido cuatro femicidios con perfidia y alevosía, cuatro de la manera más cruel, inmunda y feroz que pedirse pueda, es algo que nos habla directamente al cuerpo, a los sentidos, a las circunvoluciones cerebrales, al alma si después de enterarnos todavía creemos que somos seres con alma. No es nuevo pero es horrible. Es horrible y hay que hacer algo para pararlo o al menos para tratar de pararlo. Sí, está bien, hubo una marcha de 65 mil personas y eso es bueno Eso dice: nos importa, vengan, hagamos algo, ya veremos qué y cuánto pero hagamos. ¿Qué? ¿Les vamos a dejar la tarea a los que gobiernan o a los que van a gobernar? No pequemos de ingenuos, estimado señor. No pequemos. Abramos las puertas. No para que entren los chorros, que eso ya es otro cantar y ya lo hablaremos cuando usted guste, sino para que vengan todos, no importa de dónde vienen o dónde se educaron o dónde viven o si tienen o no abuelas, madres y hermanas, no digamos hijas. Porque no va a pasar nada si somos tres gatos locos a los que la gente, sonriendo desde los balcones, ve desfilar por la avenida. Sí va a pasar algo si se vacían los balcones y los ranchos y las villas y las mansiones y los countries y los supermercados y las aulas y las fábricas y los juzgados y los clubes y las playas. Estuvo bien lo de Ni Una Menos y estuvo bien la marcha de anoche, pero es poco. Para empezar hay que dejar de revictimizar a la víctima: “y… ella tuvo la culpa, ¿por qué lo hizo enojar, eh?”. “Bueno, pero hay que ver que salió con minifalda y escote, ¿cómo no la van a violar?”. “También… hay que ser estúpida, ¿por qué no lo dejó a tiempo?”. Para seguir tenemos que reflexionar cuidadosamente sobre lo que decimos y lo que hacemos cuando educamos a nuestras hijas, hijos, nietos, sobrinas, en lo de la vecina, el muchacho que ayuda al jardinero. De la educación le estoy hablando. De la educación en todos los niveles, no sólo en la escuela. Y para seguir siguiendo no hay que bajar la guardia. Nunca. Nunca hay que bajarla. Sobre todo nosotras, las mujeres que somos las que vamos a convencer a algunos de los hombres nuestros que todavía no ven claramente lo que sucede. Embanderadas o no en movimientos sociales, estar siempre atentas y hablar siempre siempre siempre en voz alta y sin miedo y en todas partes para iluminar los rincones oscuros donde crece el rencor, donde se alimenta la noción de propiedad, sujeción, poder, impunidad, ceguera que mueve los puños, ira que ensordece, impotencia que grita más que los mandamientos, las admoniciones, las enseñanzas. Desde allí, querida señora, se puede partir hacia arriba y se puede ir subiendo hasta llegar a los que gobiernan y hasta al Señor Papa si se está convencida de que algo muy malo nos está ofendiendo y de que aunque parezca que no, siempre podemos hacer algo. Y si ese algo crece, crecerá. Como el barrio grande.