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COLUMNISTAS / consejos
sábado 29 febrero, 2020

Canción para un niño travieso

por Fabián Casas

sábado 29 febrero, 2020

Luis Spinetta cantaba una canción hermosa para un niño dormido. Pero con un niño que no puede dormir, ¿Qué hacemos?

Tuve un amigo, Horacio, que el nene le dormía a pequeños haikus. Lo cual estaba enloqueciendo a él y a su mujer. Empezó a probar cosas esotéricas –como el Coco Basile, que tiraba talco en el banco de suplentes– y , aconsejado por las abuelas, le ponía al nene la ropa al revés, lo que va para afuera, adentro. Pero no había caso, el nene casi no dormía y los padres se movían como zombies o cantantes de trap. Llegaron hasta llevarlo a un neurólogo, pero no dieron con nada. Finalmente, una noche, el nene empezó a dormir seis o siete horas de un tirón.

Pasaron un par de años y la pareja se separó. El nene dormía bien pero era muy travieso. Y empezaron estos problemas limítrofes: cuando estaba en la casa de la madre el nene hacía lío y las niñeras renunciaban como los actores que trabajan con Woody Allen. Entonces la madre lo llamaba por teléfono a mi amigo y le decía que le había impuesto un castigo: no ver películas ni dibujitos en la tele. Y le exigía que ese castigo continuara cuando estuviera en la casa de mi amigo. A Horacio le costaba seguir un castigo promovido por una conducta que él no había presenciado. Sobre todo le extrañaba porque su hijo, en su casa, se comportaba perfecto. Y también porque cuando hacía algo malo, un capricho, un enojo, él lo discutía pero jamás le ponía una penitencia y mucho menos una que durara en otra casa, en otro estado. No creía en ese punitivismo.

Cuando me contó esto le conté lo que le aconseja Don Juan a Castaneda en Viaje a Ixtlan cuando le cuenta de un niño revoltoso. ¿Qué propone Don Juan? Cada vez que el nene se porte mal, conseguir a alguien muy feo y que el nene no conozca y pagarle  para que lo ataque de golpe, cuando menos se lo espere, dándole un susto. Que le de unas nalgadas. Diciéndole que se si portaba bien, él no volvería a aparecer. “Hay que enseñarle al niño a parar el mundo”, dice Don Juan, “y lo que puedan hacer sus padres, chirlos, castigos, no servirán de nada”. Y agrega: “Si tenemos que parar a nuestros semejantes, siempre hay que estar fuera del círculo que los oprime. En esa forma se puede dirigir la presión”. Y para finalizar el tratamiento, Don Juan le dice a Carlos que consiga que el niño pueda ver un niño muerto y que le haga tocar el cuerpo, pero  con la mano izquierda y nunca en la barriga. “Cuando el niño haga eso, quedará renovado, el mundo y ya nunca sera lo mismo para él”, remata Don Juan.

A mi amigo Horacio Horacín la propuesta de Don Juan le pareció demasiado como para que la madre la aceptara. Le dije que castigar a un nene con no ver la tele,  prohibirle algo que le gusta, no es una opción interesante. Para que un chico cambie de conducta hay que mostrarle y hacerle sentir que lo que hace no está bien por sí mismo, no porque le va a acarrear problemas.

 


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