viernes 27 de mayo de 2022
COLUMNISTAS Hechos económicos
26-02-2022 00:31

Comparaciones ¿odiosas?

26-02-2022 00:31

Constituye una constante en el relato oficialista la narración de una realidad nacional prácticamente opuesta al efectivo devenir. No obstante, por sobre las afirmaciones triunfalistas, caso “perdimos pero ganamos”, “vamos derrotando la pandemia”, “no importa si vamos al default”, entre otras, surgen inexorablemente los análisis realizados fundamentalmente por parte de la prensa libre local y también en el extranjero, que desmienten las voces oficiales.

Pocos países en el mundo tienen un riesgo país tan alto como la Argentina. Este nivel actual que le cierra al país las puertas del mercado de crédito internacional se ubica actualmente alrededor de los 1.800 puntos básicos. Se trata del segundo valor más alto de América Latina, en tanto Brasil ostenta un nivel de poco más de 300 puntos básicos, Perú en el orden de 150, lo mismo que Uruguay . La gran excepción en la región es Venezuela. cuyo índice supera un número estratosférico: 50 mil puntos básicos.

La comparación se vuelve más odiosa si se compara el rango argentino con el de un país al borde de entrar a una guerra, Ucrania, que padece la mitad del riesgo país que la Argentina.

Las consecuencias de este posicionamiento negativo distan de ser gratuitas. Carecer de financiamiento apareja graves consecuencias para el país, no solo respecto a sus finanzas públicas, sino que la falta de acceso al crédito internacional también arrastra el financiamiento de las empresas, que termina perjudicando el crecimiento, el empleo y el bienestar de los argentinos.

La medición correspondiente al mes de enero último arrojó un poco decoroso 3,9% y una variación interanual del 50,7%. Nuevamente, salvo la casi inexistente economía venezolana, el mundo observa con asombro y pena que un país de la riqueza del argentino ostente guarismos inflacionarios entre 8 y 15 veces superiores al resto del mundo en general, incluyendo sus más cercanos vecinos en el continente.

En un reporte sobre institucionalidad de la revista británica The Economist, donde se evalúa a Estados que en conjunto abarcan la mayoría de la población mundial, tampoco la Argentina sale bien parada, que sigue manteniéndose en la categoría de “democracia imperfecta”, cayendo al puesto número 50 en el ranking global y al noveno puesto en el regional (LN 10-2-22).

En oposición, en la cima del ranking regional está Uruguay como el país más democrático de América Latina, considerado “democracia plena”.

Mientras que en la Argentina se asiste a un éxodo de importantes empresas y de sus dirigentes, Uruguay asiste al proceso inverso, y da acogida e incentivos a aquellos que deseen incorporar sus inversiones, su presencia y su accionar.

Trasunto de este clima lo constituye su tipo de cambio (libre, por supuesto), donde el dólar no para de caer, consecuencia de la confianza y la existencia misma de una moneda nacional. La antítesis exacta de la Argentina.

Naturalmente que los índices de producto bruto interno, niveles de inversión, pobreza y desocupación, entre otros, tampoco favorecen en las comparaciones a la economía nacional.

En síntesis, lamentablemente, gran parte de la dirigencia política, empresarial o sindical parece haberse desentendido de buscar el camino de salida de esta dura crisis. Tampoco el presidente de la Nación, quien expresó su satisfacción por el hecho de que el FMI, según sus afirmaciones, no le haya reclamado reformas estructurales. Y tampoco una sociedad más preocupada por la distribución que por incentivar la producción y la riqueza.

La reversión de este escenario será imposible, a menos que se encaren, como una necesidad nacional, las inevitables reformas, sea la previsional, laboral, fiscal y de tamaño del Estado, entre otras.

De otro modo, el camino de declinación, cuyo final es impredecible, aparece como asegurado.

*Economista. Presidente honorario de la Fundación Grameen Argentina.
(www.pablobroder.com.ar)

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