26 sep 2020
COLUMNISTAS |opinion
domingo 9 agosto, 2020

Comunicar hacia la nada

Foto: Cedoc
domingo 9 agosto, 2020

Quien en una conversación se dispusiera a repetir la misma frase en una secuencia interminable, quedaría catalogada como una persona cuya acción carecería de sentido. La comunicación, justamente, solo puede fluir y continuar sobre la base de una oferta temática y discursiva forzada a su modificación, aunque sea en mínimas variaciones o incluso en frases de compromiso, que ofrezcan una evolución del diálogo que confirme lo dado: que se respete el tema del que se está tratando en un diálogo y que se abra a la necesidad de un enlace nuevo que sea diferente a lo que otro acaba de decir.

El fluir de la electricidad ofrece menos problemas analíticos. Solo se debe garantizar que el voltaje se mantenga en los niveles esperados y que circule siempre por allí eso que denominamos energía eléctrica.

Con las relaciones sociales la comunicación necesita circular, pero no sobre la base de un fluir recurrente del mismo componente, sino en función de un proceso constante de actualización sobre la obligatoriedad de la selección y el cambio. Así, la sociedad está constituida sobre una forma de operar basalmente inestable y nada por debajo se encontrará más que una comunicación que se enlaza a otra comunicación. Allí los conflictos y los acuerdos son posibles.

La evolución hacia la sociedad moderna ha permitido que ciertos espacios de comunicación sean especializados sobre temas específicos para que allí sean tratados exclusivamente los desafíos de esos enlaces comunicacionales, sin que signifique anularlos o resolverlos. Quien quiera conocer sobre cuestiones jurídicas deberá sumergirse en el sistema del derecho y podrá comprobar que las discusiones no resultan en acuerdos finales, sino en mayores disputas.

Las consultas a los constitucionalistas por el caso Vicentin o sobre la propuesta de reforma judicial se exponen como una combinación de referencia a normas y a su interpretación, es decir a un sentido aparentemente rígido y otro simultáneo de desciframiento sin que alguno se imponga, pero fomentando comunicación tras comunicación.

Al mismo tiempo, el sistema político trata sobre las supuestas intenciones de unos y otros y expande el debate sobre esa misma reforma según sean gobierno u oposición. En cualquier caso, la sociedad producirá constantemente, para cada asunto nuevo, una secuencia recurrente de agregaciones y capítulos conceptuales que darán forma a una realidad propia que ya no tendrá nada que ver con el origen, pero sí con su diálogo interno y secuencial, porque los temas viven en el presente sobre la base de su no resolución.

El acumulado de estas secuencias de comunicación se hace incalculable y ocurren en simultáneo (lo que dificulta hablar en ocasiones de causa y efecto), produciendo un sentido cuyo origen es más el caos que la intencionalidad organizada.

Kicillof declara que “se nota mucho”, intentando buscar una base de origen, un punto exacto, en el que pueda localizar la intención que todo lo mueve, el germen de los males que él busca combatir y hasta se ilusiona con incomodar a esos supuestos poderosos mirando a cámara. Pero el Covid está socializado en su tratamiento y no existe un único centro de todos los movimientos, sino solo acumulación de secuencias de comunicación que suponen cosas.

Hay ejemplos recientes de cómo los protagonistas intuyen que sobre la comunicación se pueden ofrecer variedades que no permitan la clarificación y operan la posibilidad de las alternativas para no resolver cuestiones complejas. Mario Ishi dijo que por falopa se refería a medicamentos y el Gobierno bonaerense salió a justificarlo como que lo sacaron de contexto. Como diría el gobernador, “se nota mucho” el acompañamiento en el uso de la comunicación como apertura de alternativas y de no cierre de un tema en particular, porque en algún caso es justificable el excusar un delito, y en otro no.

Es complejo además encontrar de qué modo el uso de las ideologías podría cubrir los tratamientos de apoyo o rechazo a procesos políticos. No porque las ideologías no existan: parece más productivo encontrar razones de decisiones y justificaciones en las necesidades de la reproducción diaria de la comunicación que en las ideas.

Quien haga el esfuerzo de justificar a Ishi o la defensa del gobierno provincial se encontrará con los condicionantes del momento comunicacional, que prioriza la unidad interna de una crisis particular a la supremacía de sus principios.

La comunicación de la sociedad está preparada para experimentar acuerdos o conflictos. La ilusión de los acuerdos, incluso la búsqueda de una economía sin desajustes, son imaginados como paraísos finales y así son comentados. El problema es que la sociedad no tiene final, sino solo procesos: a un acuerdo le puede proseguir un conflicto (algo que Larreta podría contar en detalle) y al conflicto un acuerdo.

Quien se ilusione con una idea, piensa al regresar al llano de la vida real que deberá lidiar con una sociedad que se le impone a su voluntad. Y hace que se tenga que ocupar, cuando tiene tiempo, de lo que su imaginación le ofrece cuando no tiene que comunicarse con nadie. n

* Sociólogo.


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