Me avisan que parte de la columna que publiqué en Perfil el domingo pasado aparece en una página de Calamuchita firmada con otro nombre. No es la primera vez que me copian en Calamuchita y pienso que tal vez debería considerarlo un homenaje. Posiblemente en Córdoba, provincia con costumbres particulares, se estile homenajear a la gente de ese modo y los cordobeses no solo promuevan el fernet sino también el plagio, lo que en comparación sería un mal menor.
De pronto me acordé de un escritor argentino que presentó a un concurso un libro que contenía unas cincuenta páginas (pueden ser más o menos, mi memoria no es lo que nunca fue) de una novela española que se enseña en la escuela. Creo que ganó el concurso, creo también que le sacaron el premio, pero no puedo asegurarlo. Lo curioso del caso es que el escritor, que en algún momento tuvo cuatro puestos oficiales, fue defendido por algunos colegas de renombre invocando para ello el concepto de intertextualidad, la semiótica y alguna otra ciencia infusa. Me parece que incluso apareció una solicitada en su defensa, ya que hay gente que es muy propensa a firmar solicitadas cuando un amigo personal o ideológico participa en un amaño. (Creo, por otra parte, que el uso de la palabra “amaño” debería considerarse un delito más grave que el fernet y que el plagio).
Pero dejando el ámbito provinciano de las letras cordobesas o porteñas para adentrarnos en el ámbito del bést-seller internacional, esta semana me topé con un caso curioso, del que no sé qué pensar. Me refiero a las cuatro novelas policiales de David Baldacci protagonizadas por John Puller, un oficial de investigaciones del ejército. El personaje tiene notables similitudes con Jack Reacher, creación de Lee Child del cual soy un dedicado fan, que ya llevaba unas quince novelas cuando la primera de Puller apareció en 2011. En inglés, “reacher” es el que alcanza y “puller” es el que tira, de modo que el parecido arranca desde el apellido de los protagonistas. Y aunque el personaje de Reacher es un expolicía militar que vaga por los caminos, algunos de los episodios transcurren cuando todavía estaba en ejercicio. Como Reacher, Puller es muy alto y tanto su padre como su hermano fueron parte de las fuerzas armadas o de seguridad. Como Reacher, Puller es una máquina de pelear cuerpo a cuerpo y, como él, en cada episodio tiene alguna relación romántica con una colega. La diferencia es que Puller es increíblemente puritano y Puller hace todo lo posible para que esas relaciones no concluyan en la cama. Llegué a pensar que la causa de su castidad podría ser el temor de que Puller sea cancelado y, por eso, son las mujeres las que siempre toman la iniciativa.
Pero más allá de eso, mientras la prosa de Child es movediza y graciosa, la de Baldacci tiende al bodoque, a la inverosimilitud y a la moralina. Mientras Reacher se harta del ejército y de su burocracia, Baldacci se apega a él y habla todo el tiempo de ascensos y medallas. En definitiva, Puller es una copia de baja calidad de Reacher. Así y todo, leí las cuatro partes de la serie que parece haberse descontinuado en 2016. Sentí que cometía un pecado leyendo la segunda marca de Reacher y me pregunté si consumir prostitución literaria no debería tener un castigo más ejemplar que producirla.