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COLUMNISTAS / METAS
domingo 25 noviembre, 2018

Desarrollo de capacidades

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Florencia Teresita Daura*

default Foto: CEDOC

Abuela: ¿cómo vivían cuando eras chiquita?”. “Vivíamos en casas que estaban hechas sobre palotes para que los yaguaretés no entraran. Mi papá, para sembrar yerba mate, durante horas, se dedicaba al desmonte”. Con pocas palabras mi abuela nos contaba a mis hermanos y a mí parte de la historia familiar, historia de los primeros inmigrantes venidos de Finlandia a nuestro país. Historia de esfuerzo y de perseverancia; de fortaleza y pujanza que sirvió de ejemplo para las demás generaciones. Sin su perseverancia, la historia familiar no se hubiera perpetuado; de allí que popularmente se diga que, “la perseverancia es el secreto de todos los triunfos”.
Para alcanzar metas necesitamos ser perseverantes, la paradoja se presenta porque vivimos en una sociedad exitista, que a manera de una maquinaria nos exige alcanzar esas metas en forma rápida y eficiente, lo que lleva por momentos a centrarnos en distintos objetivos y perder el horizonte al cual dirigirnos; todo lo contrario, a lo que la perseverancia implica.
La perseverancia es la virtud o fortaleza de carácter que permite mantenerse firme para alcanzar un bien arduo; posibilita, con el tiempo, actuar con facilidad, seguridad y placer. Es propia de las personas que no se dejan vencer ante los primeros obstáculos, de quienes son fuertes, al conllevar disciplina, confianza y concentración para focalizarse en lo importante.
Su desarrollo es más elevado cuando las metas que nos proponemos tienen consecuencias positivas en nosotros mismos y en los demás. De allí es que es necesaria para afrontar la cotidianeidad en la que cada persona consolida su proyecto de vida y desarrolla un trayecto académico o escolar en las instituciones de educación formal... Y es precisamente en este aspecto en el que quiero detenerme.
Las instituciones educativas, en general, se centran en transmitir contenidos de corte académico, olvidando aquellos otros aspectos vinculados con el desarrollo personal y socioafectivo de los alumnos. Si esto es así, ¿cómo se promueve la perseverancia y otras fortalezas de carácter necesarias para la vida?
Es en las instituciones educativas en las que se produce una escisión entre la vida real y la que se tiene en el espacio físico una vez que iniciamos un proceso educativo. Esta escisión puede acarrear el riesgo de incrementar la desmotivación por aprender al transmitirse conocimientos que están alejados de la vida concreta de cada alumno, en la que no solo hace falta saber sumar, leer y escribir, o poseer los saberes propios de un determinado rol profesional, sino también capacidades transversales que son necesarias para desenvolverse en la vida real. Se trata en definitiva de lograr un equilibrio entre éstas y las competencias básicas que se necesita desarrollar en cada nivel del sistema educativo.
A ello apuntan el impulso de algunas iniciativas, tanto en los primeros niveles del sistema educativo como la Nueva Escuela Secundaria (NES), la Secundaria del Futuro; como en el nivel superior a partir del desarrollo de planes de estudios en base a capacidades y con la creación de la Unicaba.
A partir de estas propuestas y de otras puede pensarse cómo promover fortalezas de carácter que indefectiblemente se ponen en juego en el medio social y que conllevan el desarrollo integral del educando.

* Dra. En Ciencias de la Educación. Profesora de la Universidad Austral.


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