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El año del afecto antagónico

Aunque Macri no lo crea, el crecimiento sostenido de la economía depende más de la reducción de la grieta que de la baja de las tasas de interés.

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Capitis Diminutio: 2018 sin cuco K. | Gentileza Hermenegildo Sabat y diario Clarin

Es cierto: la grieta no la inventó el macrismo ni tampoco el kirchnerismo. La polarización en Estados Unidos crece a ritmo agigantado motivando a la neurocientífica de la Universidad de Oxford a cargo del programa de psicología experimental, Molly Crockett, a sostener que “la indignación moral es el fuego e internet su nafta” en su artículo publicado por la revista Nature titulado “La indignación moral en la era digital”. Crockett atribuye a las redes sociales el fenómeno porque “el umbral de la persona para expresar indignación es menor on- line que en la vida real”, ya que lo pueden hacer sin riesgos ni costos, con tan solo pocas teclas en la comodidad de su casa. Para Crockett, las redes sociales “alteran la experiencia subjetiva de la indignación” porque el contenido escandaloso compite mejor en la economía de la atención, haciendo que “por selección natural se favorezcan estímulos que de-sencadenen respuestas de indignación cada vez más fuertes”.

Expresar indignación “proporciona recompensas reputacionales generando que las personas estén más propensas a castigar a otros cuando otros están mirando y estimula su apetito de indignación moral”. Así como se come un snack sin sentir hambre, se expresa indignación sin sentirse realmente indignado, pero las cámaras de eco que son las redes sociales transforman esa indignación moral, que fue una emoción social útil al servicio de castigar a quienes se comportaban antisocialmente, en una “herramienta de autodestrucción colectiva”.

En el porno de la indignación moral se alardea de la propia virtud linchando a otros por viciosos

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Puede ser que, en un primer ciclo, desahogar la ira genere más ira. Pero todo aquel que crea en el futuro de la humanidad se inclinará por proyectar que las redes sociales, tarde o temprano, producirán “fatiga de indignación” y recuperaremos una discusión social productiva.

Hace dos meses, el filólogo español Javier Cercas publicó en el diario El País una columna titulada “El porno de la indignación moral” . Tomando el artículo de Crockett para explicar también la grieta española, escribió: “Quien se indigna y castiga a otro por la violación supuesta o verdadera de una norma no lo hace por motivos morales, para evitar que la violación se repita, sino porque haciéndolo obtiene una gratificación personal, así compensa sus propias deficiencias, satisface el apetito de destrucción del otro y se presenta como un individuo virtuoso, aunque la historia que se cuenta a sí mismo el indignado es desde luego la opuesta. Este fariseísmo tóxico es el porno de la indignación moral”.

Javier Cercas desconfía de toda indignación porque en las manifestaciones de Hitler y Mussolini siempre había furiosos indignados. Y agrega el caso de los indignados profesionales nombrando “al periodista español que desde hace décadas mejor se indigna en España”.

En Argentina tenemos varios comunicadores profesionales (no solo periodistas) que despliegan esa forma de arrogancia exhibicionista al indignarse mejor que nadie. Ellos son aprovechados por expertos en marketing político para ganar elecciones y por los medios para ganar rating. La polarización social evidenciada en los casos de Nisman, Maldonado y los mapuches, o la desgraciada violencia en los alrededores del Congreso durante las dos sesiones de Diputados para aprobar la reforma previsional, son la consecuencia del veneno que día a día se inocula a la sociedad catalogando a quien critica algo como defensor de lo contrario.

Los comentarios insultantes en Perfil.com en las últimas columnas de Beatriz Sarlo son otro síntoma de la violencia que engendra convertir la política en una forma de sucesión ininterrumpida de big bangs constituyentes, donde todo lo anterior fue la mentira, todo lo nuevo es la verdad. En la columna de PERFIL del sábado 30 escrita por Carlos De Angelis, su autor cita el concepto de “empate hegemónico” del fallecido sociólogo argentino especializado en la obra de Gramsci, Juan Carlos Portantiero, quien asesoró a Raúl Alfonsín durante su presidencia. Ese “empate hegemónico” sería el origen de nuestra grieta, ya que ningún sector cuenta con la posibilidad de imponerse definitivamente sobre el otro, y de nuestro subdesarrollo.

El fenómeno de la indignación moral exacerba la grieta y el conflicto social, y afecta la economía

Cristina Kichner basó la campaña electoral que en 2007 la llevó a la presidencia en la institucionalidad que ella iba a promover después de su desprolijo marido. Y Macri hizo lo propio en 2015 prometiendo también restaurar la institucionalidad. Pero en la práctica ninguno de los dos dejó de ahondar la división y aprovecharse de ella electoralmente. Ambos vieron crecer sus votos producto del afecto antagónico. Pero quizás este 2017 que concluya sea el último pico de esta escalada en la medida en que Cristina Kirchner se vaya insignificando y deje de ser una amenaza. De ser así, Macri no podrá más servirse del afecto antagónico del kirchnerismo y deberá desarrollar el afecto semejante a Cambiemos. El mayor desafío que enfrentará Jaime Duran Barba durante 2018.

Abandonar el uso electoral del afecto antagónico, dejar de fogonear la indignación moral de los potenciales adherentes y reducir la grieta son unas de las principales deudas de este gobierno. De la misma forma que alineó al ministro de Finanzas mostrando cómo irá decreciendo el ritmo del nuevo endeudamiento externo, y al ministro de Hacienda, cómo irá decreciendo –aunque menos– la inflación, tendría que alinear a todos los responsables de las áreas de comunicación, educación y cultura del Gobierno para que coordinaran un plan con metas de reducción de la grieta. Aunque Macri no lo crea, el crecimiento sostenido de la economía depende más de la reducción de la grieta que de la baja de las tasas de interés.