jueves 21 de octubre de 2021
COLUMNISTAS Memoria y tiempo
24-09-2021 23:55
24-09-2021 23:55

De pie, parados en la historia

24-09-2021 23:55

Foucault observa Las meninas de Velázquez y lo primero que hace, antes de exponer su argumento, es citar al maestro y suegro de Velázquez, Francisco Pacheco, que dice: “La imagen debe salir del cuadro”. Y esto es lo que interesa a Foucault: el fuera de cuadro, es decir, la desaparición necesaria de lo que se representa.

Velázquez se representa a sí mismo y nos oculta la tela que pinta, el objeto de su trabajo. La mirada del pintor se dirige a nosotros. A su derecha, la infanta, centro del cuadro, cuyo protagonismo Velázquez acentúa con la atención que en ella ponen las meninas para arrastrarnos a fijar allí nuestra mirada. Desde la derecha, una ventana apenas sugerida por un marco arroja luz para alumbrar la escena, exaltar la figura de la infanta Margarita y acentuar tanto su mirada hacia nosotros como la del pintor. Más atrás, el resplandor alcanza para percibir un par de cuadros en lo alto de la pared y un tercer cuadro, más abajo, que contrasta con una luz propia, mucho más viva que el resto. La mirada atenta de este cuadro nos hace comprender que se trata de un espejo y que en él se reflejan Felipe IV y su esposa Mariana, y que la luminosidad es producto del halo de luz que teóricamente llega hasta donde estamos nosotros parados como espectadores del cuadro, ya que sale de la pintura y alcanza a los modelos, los reyes, ubicados, hipotéticamente, en nuestro sitio.

Jorge Semprún nunca compartió las tesis de Foucault y menos aún esta lectura del cuadro. Para él esta mirada es falsa porque se trata tan solo de una interpretación discutible del juego de espejos y que, en definitiva, es tan solo una visión ideológica que no tiene relación alguna con la pintura.

Semprún fue ministro de Cultura en el gobierno de Felipe González y dejó su cargo sin cumplir el deseo de reunir en una sala, frente a frente, el Guernica y Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya.

En sus memorias, apuntó Semprún que, en una conversación mantenida en La Californie, la residencia de Picasso en Cannes, el propio pintor le expresó su deseo de que sus obras convivieran en ese ámbito con Goya y Velázquez. Pero más allá del criterio lógico de dar cobijo a quien, al igual que Miró, podría compartir un mismo espacio con Goya, hay una conversación histórica y no solo plástica donde el diálogo es de la memoria. El mismo Semprún aporta pistas a Franziska Augstein, quien las recoge en la biografía que hizo del escritor: “La mujer que llora en el Guernica es Dora Maar. Y la que grita es la Pasionaria”. Pero hay más referencias, Picasso reproduce, en un homenaje a Goya, el farol de Los fusilamientos del 3 de mayo, elemento que Robert Hughes utiliza para demostrar que Goya anticipa con agudeza nuestro sentido del documental moderno con un cubo de luz blanca objetiva. Con ese rescate, Picasso le da una continuidad a la tragedia, un nexo que la sitúa en un mismo registro. La ausencia del Guernica en el Prado es un silencio en la historia del arte, una laguna en la memoria de la historia.

Nabokov cuenta cómo siendo niño se encuentra “sumergido” en lo que llamamos tiempo y lo define como un medio en el que unos bañistas comparten el agua del mar, criaturas que no son uno pero que están unidas a uno por el común fluir del tiempo. Si el tiempo es el mar de lo real donde estamos junto a los demás, la memoria bien puede ser el espacio donde flota el tiempo que se evapora de esas aguas. La memoria es invisible, etérea, pero vital para la respiración de la conciencia. Perder la memoria es perder de alguna manera el tiempo.

El farol de luz al pie del pelotón de fusilamiento en el cuadro de Goya y la lámpara en el Guernica como un sol, pero también como un ojo atento que alumbra y ve, son los elementos que iluminan la memoria y que documentan la tragedia. La mirada del propio Velázquez en Las meninas es una invitación a compartir su tiempo; como en las otras dos obras, la luz que entra por la ventana e ilumina la escena también nos alcanza a nosotros para incorporarnos a la memoria del cuadro y, a su vez, incluirlo en la nuestra.

El diálogo de estos cuadros conforma nuestra memoria y le da sentido a nuestro tiempo.

*Escritor y periodista.

Producción periodística: Silvina L. Márquez.

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