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COLUMNISTAS / Cuando dejo de haber tres tenores
domingo 21 junio, 2015

El futuro desestabiliza el presente

default Foto: Cedoc

Si todavía quedaba alguna duda respecto de la voluntad del kirchnerismo de “hacer reelegir el proyecto” en las próximas elecciones, la designación del candidato a vice de Scioli la disipó completamente. La Presidenta no hubiera “jugado” a su álter ego para perder.

Pero la designación de Zannini no sólo despeja incógnitas políticas: también termina de despejar incertidumbres en torno a la política económica de corto plazo.

Está claro, ahora, que usar una “tablita cambiaria implícita” (devaluar por debajo de la tasa de inflación) y mantener relativamente congelados los precios de los servicios públicos seguirá siendo la principal estrategia antiinflacionaria en estos meses.

Y está claro también que el gasto público financiado directa o indirectamente con la emisión del Banco Central y el endeudamiento y que el uso de reservas formarán parte del libreto “reactivador”, junto con los aumentos salariales, de jubilaciones y subsidios varios.

Si estos instrumentos darán o no resultado para crear un “clima” económico favorable al oficialismo se verá, aunque mucho crecimiento no se puede esperar dado el piso inflacionario elevado y la dificultad de acceder a dólares suficientes para financiar un aumento de la producción “que se note”.

Pero lo que es más fácil de pronosticar es que el hecho de postergar los cambios necesarios en la política económica hace cada vez menos viable la “continuidad”, definida ésta como más de lo mismo durante 2016.

En otras palabras, continuar con más atraso cambiario, más subsidios a los precios de la energía, más gasto público financiado con emisión y más endeudamiento en dólares para preservar las reservas y seguir importando insumos y bienes imprescindibles para producir durante 2016 se torna cada vez menos probable.

Entiéndase bien, no es que no se pueda intentar seguir así. Pero ese intento no sólo será inútil e insostenible, sino que resulta desaconsejable si se quiere abandonar este escenario mediocre que ha caracterizado los últimos años del “modelo”.

En particular si el panorama global actual de un dólar relativamente fuerte, commodities agrícolas cuyos precios no rebotan y un Brasil también mediocre se prolonga. Y este dato resulta clave.

La actual política económica es inviable, pero mucho más inviable resulta en este contexto global. Lo prueban el estancamiento del PBI y la obvia caída del PBI per cápita. Los problemas serios de las economías regionales. El derrumbe de las exportaciones. Los casi dos años consecutivos de caída de la producción industrial, la falta de dinámica de la inversión y el empleo privado. Más allá del potencial veranito que podamos tener en los próximos meses.

Si quieren más pruebas, hay que ver el “ajuste” brasileño, víctima de un populismo más moderado que el nuestro, o el caos venezolano, un buen ejemplo de lo que sucede cuando se trata de prolongar la fantasía populista en forma exagerada.

Volviendo al corto plazo, la Argentina que a principios de año vaticinaba la presencia de tres “candidatos parecidos” y cuyos activos “volaban” ante esa perspectiva se enfrenta ahora, mientras son escritas estas líneas, con tres candidatos distintos. Uno al que le costará demasiado convencer que no es la “continuidad imposible”. Otro que, con menos apoyo, tiene que retomar la carrera por el “cambio justo” y, por último, otro que tiene que demostrar que puede lograr “el cambio a secas”.

Con ese marco, y al vaivén de las encuestas y expectativas, aumenta la probabilidad de volatilidades crecientes y de comportamientos “preventivos” que se reflejen, básicamente, en los precios de los dólares “libres”, y de respuestas “policíacas” para enfrentar esos comportamientos.

Dicho de otra manera: hasta ahora, la calma, más allá de los costos de largo plazo enumerados, respondía al efecto estabilizador que el futuro de “los tres tenores” imponía sobre el presente.

Ahora ya no hay más tres tenores. Hay cantantes con distintos registros. Por lo tanto, el efecto estabilizador del futuro se licúa y el presente se torna así mucho más incierto y complicado.

Paradójicamente, el hecho de que haya aumentado la probabilidad de la reelección del proyecto puede ser la principal razón de su fracaso.


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