miércoles 28 de septiembre de 2022
COLUMNISTAS opinion

El futuro es hoy

Finalmente llegó el día en que las especulaciones dejarán paso a las certezas en cuanto a resultados de las elecciones legislativas de hoy. El 14N figuraba como un hito en la toma de decisiones de parte del Gobierno: prolongar el mayor tiempo posible la contención de las variables desbocadas al mismo tiempo que fogoneaba una política expansionista iniciada en julio y acelerada a partir de la derrota en las PASO de septiembre pasado. Pero también se constituyó en un mojón para los demás agentes económicos que deben tomar decisiones porque la mayor incógnita no es el resultado en sí de los comicios sino cómo terminarán influyendo en la compleja ecuación de poder de la coalición gobernante y así poder elaborar una hoja de ruta realista, aceptada y, sobre todo, sostenible, como le gusta insistir al hasta hoy ministro de Economía Martín Guzmán.

La economía argentina llegó al plazo de hoy, surgido del calendario electoral, con muchos desequilibrios. La inflación no consigue bajar del 3,5% mensual (un 52% anual) a pesar de la intervención directa del Gobierno en varios frentes: un dólar pisado (creció durante este año a la  mitad del ritmo del IPC), tarifas virtualmente congeladas (lo que en términos reales significa una caída de más del 40% desde 2019), prohibiciones de despidos para desalentar el ajuste de las nóminas laborales y un sinnúmero de precios más o menos controlados que también terminó impactando en algunos rubros del promedio.

El temor en muchos analistas es que, desaparecida la zanahoria de una mejor performance electoral, no haya aliciente para seguir sosteniendo el corsé monetario y cambiario cuando las reservas estarían casi en cero para fin de año. El tema en discusión es cómo ajustar y de qué manera operar el aterrizaje suave de los precios relativos, desquiciados desde la devaluación de 2018. Y en el horizonte aparece otra espada de Damocles: los vencimientos de la deuda con el FMI que empezarían a contarse a partir de marzo, para lo cual debería estar finalizado un acuerdo con el organismo para algo bastante previsible: reperfilar la deuda y entrar en el plan de pagos a 10 años que está en el menú de opciones disponibles del Fondo. En síntesis, lo que pasaría es que nuevamente, Argentina no pagaría nada sustancial en capital por los próximos dos años, para darle oxígeno a la conducción económica para capitalizar su posición y poner en marcha un plan de mediano plazo, hasta el momento inexistente. El tiempo apremia, más que ajustar detalles de dicho acuerdo para que en el seno del oficialismo, con la polifonía de voces que lo caracteriza, se pongan de acuerdo para luego también dialogar con la otra parte del espectro político. Y allí reside el talón de Aquiles de los últimos años: la imposibilidad de fijar objetivos en el largo plazo y a partir de allí, elaborar un plan consistente y consensuado lo suficiente para que no sea torpedeado por propios y ajenos en cada elección.

El panorama no parece ser fácil ni mucho menos, pero hay circunstancias que caen por peso propio. En su reciente visita al país, el CEO de Renault Group, el italiano Luca De Meo, dijo que la fase del actual plan de rescate del grupo, que acusó casi 8.000 millones de euros de pérdidas récord el año pasado, los cambios para impulsar un crecimiento sostenible son más fáciles para hacer porque ante la crisis, caen muchas defensas. De igual manera, la historia democrática argentina enseña que el consenso necesario para impulsar cambios que se creían imposibles de lograr, se pueden alcanzar cuando el común denominador de la pérdida general.

La clave de salir de este laberinto será tomarle el pulso a la agenda económica internacional, que está poniendo su foco en otras cuestiones, como el cambio climático, la prevención sanitaria y la reformulación de la estructura productiva alterada por la innovación continua. Lo que se llama el gran reseteo global que, para empezar, contará con un superfondo para financiar estas transiciones de US$ 130 billones (algo así como 5 PBI de los Estados Unidos) que abrirá oportunidades inimaginables a los que jueguen en ese gran tablero mundial. Pero antes, a partir de mañana, habrá que elegir con cuál agenda tomaremos las decisiones colectivas.

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