jueves 06 de octubre de 2022
COLUMNISTAS opinión

El mago de Lowell

Me acordé de que fue Milita la que me dio permiso para leer a Kerouac en castellano. Yo tenía miedo de que solo se lo pudiera disfrutar verdaderamente en inglés.

06-02-2022 04:16

En el blog de Eterna Cadencia, le preguntan a Milita Molina con qué escritor muerto quisiera tomar un taller literario. Contesta: “No quiero molestar a nadie pero, en materia de literatura, los talleres literarios me resultan incomprensibles.” Supongo que habrá molestado a mucha gente, como los elefantes de Piluso. Perdón por la referencia, pero nací el mismo año que Milita, después de Olmedo y antes de los talleres literarios. Molina viene de publicar el mejor libro de 2021, su Trilogía de nouvelles, en la que dice otro montón de cosas cosas molestas. 

Me acordé de que fue Milita la que me dio permiso para leer a Kerouac en castellano. Yo tenía miedo de que solo se lo pudiera disfrutar verdaderamente en inglés y cuando se lo dije me contestó que se lo podía leer hasta en chino. Así fue como en estos días me decidí a abordar Doctor Sax, un libro editado por la editorial española Escalera cuya tapa me acecha hace años. En ella se ve una especie de habitación de novela gótica superpuesta con la imagen de un tipo flaco y pelado, de traje y anteojos, con una jeringa en la mano que recuerda a William Burroughs. Es difícil saber si la imagen es amenazante o cómica.

Con la idea de averiguarlo, leí también la biografía de Kerouac de Ann Charters, una profesora que lo conoció durante sus últimos años, cuando lo entrevistó para un trabajo académico. Eso ocurrió en 1966, Kerouac murió en 1969 a los 47 años y la biografía se publicó en 1973, con mucha información de primera mano y después de una atenta lectura de los diarios y las cartas del escritor. Es una biografía muy triste (casi tan triste como la de Lamborghini por Strafacce) porque Kerouac fue muy infeliz casi toda su vida, solo amó a su madre y se destruyó sistemáticamente mediante el alcohol, penuria a la que contribuyó el hecho de que en lugar de ser reconocido como artista se convirtiera en famoso. Leyendo a Charters, descubrí que Kerouac escribió Doctor Sax pasado de bencedrina, encerrado en el baño del departamento de Burroughs en la ciudad de México durante su increíble maratón creativa 1951-1957, es decir, entre la escritura de En el camino y su publicación, que fue cuando comenzaran los equívocos. 

Según Charters, Doctor Sax era el libro que Kerouac prefería entre los suyos y se entiende por qué. Es la evocación más bella de una infancia americana desde Mark Twain, una catarata de imágenes y sonidos (en particular, el uso del argot francocanadiense es memorable) que parten desde la conciencia de un chico pobre, hijo de inmigrantes y nacido en una fea ciudad industrial que cuando se va a dormir siente que el mundo está a sus pies y se sabe protegido por una pila de historietas, especialmente por La sombra, el personaje que se fundirá con Sax, profeta y falso vampiro que viene a combatir el mal vistiendo como Burroughs y le anuncia al protagonista que su desino es ser aplastado por la civilización. Kerouac muestra aquí que no es inferior a sus antecesores Joyce y Proust, aunque hoy parece un nombre destinado a la cancelación y el ninguneo, salvo por gente tan valiente como la del sello Editores Argentinos, que fueron capaces de publicar tanto a Milita Molina como los Diarios 1947-1954 de Kerouac (Martín Abadía es el responsable de la magníficas traducciones de Sax y de los Diarios).

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